
Un hombre de 63 años con VIH logró cortar la dependencia a los medicamentos al recibir en 2020 un trasplante de células madre de su hermano para tratar un síndrome que afectaba a su médula ósea.
El virus desapareció de su sangre y tejidos, según reportaron científicos de Noruega con la colaboración de colegas de Suecia, Dinamarca y España en la revista Nature Microbiology.
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La remisión prolongada del VIH se relacionó con el trasplante de células madre del hermano que tenía una mutación genética (CCR5Δ32/Δ32) que bloquea el ingreso del virus a las células.

La desaparición del virus se mantuvo durante los años de seguimiento y no hubo señales de rebote viral hasta el momento, de acuerdo con los investigadores Anders Eivind Myhre, Marius Trøseid y colaboradores.
Forman parte del Hospital Universitario de Oslo, la Universidad de Aarhus y el grupo Oslo HIV Cure Study Group.
Participaron también científicos del Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol, el Instituto de Salud Carlos III, la Universidad de Vic Central de Cataluña, y la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados, en España, entre otras instituciones.
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Remisión del VIH: el desafío de borrar el virus

La eliminación del VIH por completo sigue siendo uno de los mayores retos de la medicina hoy.
Aunque los tratamientos actuales logran controlar el virus y permiten una vida normal, el VIH puede esconderse en reservorios de células de distintos tejidos y reactivarse si se suspende la medicación.
Existen muy pocos reportes en los que personas con VIH experimentaron una remisión sostenida tras un trasplante de células madre.

Los casos previos, conocidos como “el paciente de Berlín” y “el paciente de Londres”, también recibieron trasplantes de donantes con la mutación CCR5Δ32/Δ32. Pero cada caso presenta diferencias en el seguimiento y en la metodología.
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La nueva investigación aportó información valiosa porque analiza con mayor profundidad los tejidos y los mecanismos que pueden explicar la desaparición del VIH, especialmente en órganos difíciles de estudiar como el intestino.
Cómo se realizó el trasplante

El paciente recibió el trasplante en Oslo, Noruega, como tratamiento de un síndrome mielodisplásico, que consiste en una afección de la médula ósea por el cual el organismo produce células sanguíneas defectuosas o en menor cantidad de lo normal. Tras confirmar que el hermano tenía la mutación CCR5Δ32/Δ32, los médicos avanzaron con el procedimiento.
Durante los primeros meses después del trasplante, el paciente recibió cuidados intensivos. Los investigadores controlaron posibles complicaciones y siguieron de cerca la recuperación de su sistema inmunológico.
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Al cabo de dos años, los científicos suspendieron la terapia antirretroviral para evaluar si el VIH reaparecía. El paciente fue monitoreado con análisis de sangre y biopsias de diferentes tejidos, incluidas muestras del intestino.
Los resultados mostraron que no se detectó ADN del VIH en la sangre ni en los tejidos analizados. No hubo señales de rebote viral durante los años de seguimiento.

Los científicos examinaron más de 65 millones de células inmunes del paciente para buscar virus capaces de replicarse y no encontraron ninguno. Además, los anticuerpos específicos contra el VIH disminuyeron progresivamente tras el trasplante.
El reemplazo completo de las células inmunes se comprobó en todos los compartimentos estudiados, incluido el intestino, que es uno de los principales reservorios del VIH.
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Los investigadores observaron que el paciente tampoco presentaba respuestas inmunes activas frente al virus.
Fronteras y caminos hacia la cura del VIH

A partir de los resultados, los científicos aclararon que el trasplante de células madre no es aplicable para la mayoría de las personas con VIH. Solo debe reservarse para quienes tienen enfermedades graves que lo requieren por otros motivos.
Sugirieron que se estudien esos casos poco frecuentes y que se comparen los resultados para identificar señales que ayuden a predecir la remisión a largo plazo.
En diálogo con Infobae, Natalia Laufer, investigadora en VIH del Instituto INBIRS, dependiente del CONICET y la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, explicó: “Es valiosa la publicación del estudio, pero vale aclarar que no se trata de una estrategia que pueda aplicarse a gran escala ni de una solución para remisiones sostenidas. Es similar a lo que ya se ha reportado con los casos del paciente de Londres, Berlín, City of Hope y Nueva York”.
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La diferencia del caso publicado en Nature Microbiology es que las células de médula ósea provinieron de un hermano que tenía la deleción genética que impide la expresión del co-receptor necesario para que el virus ingrese a las células, recalcó.
Para la científica, “el procedimiento sigue la misma lógica que en los ejemplos anteriores y no resulta aplicable masivamente. Estos trasplantes se realizan en el contexto de enfermedades oncohematológicas o síndromes mielodisplásicos, como el de este caso, o en otros tipos de cáncer que requieren un trasplante cuando la quimioterapia no es suficiente”.
Agregó: “En ocasiones aparece la enfermedad de injerto contra huésped, como sucedió aquí, y algunas drogas utilizadas pueden tener impacto sobre los reservorios del virus, lo que tal vez influye en que estemos ante un nuevo posible caso de remisión o cura”.
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“También es importante tener en cuenta que han pasado pocos años desde el trasplante que ocurrió en 2020. Se necesita más tiempo para saber si realmente estamos ante una cura definitiva o una remisión sostenida. Este caso suma evidencia de que la cura es posible y refuerza la necesidad de buscar estrategias viables a gran escala”, resumió la doctora Laufer, quien no fue coautora del estudio.
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