
La Justicia de Chubut tiene a Carlos Omar Llaipen (66) en la mira desde el año pasado, cuando confesó haber asesinado de un balazo en el pecho a Pedro Quilodrán, un peón rural que apareció muerto en una estancia donde trabajaba arreando yeguas y buscando caballos.
Sin embargo, su situación judicial podría agravarse todavía más: las autoridades evalúan llevarlo también a juicio por haber amenazado de muerte a un testigo del crimen. Esas intimidaciones ocurrieron el mismo día en que el cuerpo sin vida de Quilodrán fue hallado en el campo.
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La audiencia preliminar se realizó este jueves y ahora el magistrado tendrá cinco días hábiles para decidir si hace lugar al pedido de la fiscalía de elevar la causa a juicio oral y público. También deberá analizar los planteos de la defensa, encabezada por Guillermo Iglesias, entre ellos una propuesta de reparación económica y la solicitud de suspensión de juicio a prueba, según confirmaron fuentes del caso a Infobae.

Mientras tanto, el acusado permanece detenido con prisión preventiva en la comisaría de la localidad de Sarmiento.
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Según reconstruyó el Ministerio Público Fiscal, el 17 de marzo del año pasado la víctima -quien posteriormente denunció las amenazas- circulaba en una camioneta junto a otras cuatro personas en busca de Quilodrán, de quien todavía se desconocía su muerte.
Cerca de las 9 de la mañana, mientras recorrían un camino en las inmediaciones de la estancia “La Fuencisla”, encontraron el cuerpo y dieron aviso a la Policía. Poco después, ya con los efectivos en el lugar, Llaipen llegó caminando hasta ese sector del campo.
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“Yo le pegué un tiro en el pecho con una carabina”, confesó. Segundos más tarde, según el relato del denunciante, se dirigió hacia él y lanzó una fatal advertencia: “Y vos cuidate, porque te va a pasar lo mismo”.
Este expediente representa la causa menos grave que enfrenta Llaipen. Su situación procesal más comprometida sigue siendo el juicio por jurados que deberá afrontar por el homicidio de Quilodrán, que podría concretarse en septiembre de este año.
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El caso
El peón rural de 43 años fue asesinado a sangre fría mientras hacía lo que más le disfrutaba: trabajar en el campo con animales. De acuerdo con la investigación judicial, el hombre recibió un disparo proveniente de un rifle con mira telescópica mientras arreaba yeguas y buscaba caballos salvajes. Su asesino confesó el crimen.
El hecho ocurrió en la estancia La Fuencisla, a unos 50 kilómetros de la localidad de Ricardo Rojas. Quilodrán había sido contratado para recorrer el campo para buscar animales salvajes y arrearlos.
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Nunca imaginó que en momentos en que circulaba por la estancia a bordo de una moto tipo cross iba a recibir un disparo que terminaría con su vida. Eran aproximadamente las 20, cuando Llaipen tomó su rifle y lo asesinó sin mediar palabra. Sin ningún tipo de advertencia.
Llaipen, “aprovechándose de esta situación y en forma sorpresiva y sin riesgo para él, y sobre seguro, se dirigió hacia la víctima, llevando consigo un arma de fuego tipo rifle calibre 22 con mira telescópica”, indicó el MPF al respecto, en su momento.
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“Su intención y voluntad fue matarlo”, señaló la Justicia. “Por ello, disparó y el proyectil del arma de fuego impactó en el lado derecho del tórax de Pedro Segundo Quilodrán, provocándole la muerte”, concluyó.

La víctima fue vista por última vez hacia las 18.30. Su compañero imaginó que el hombre había decidió pasar la noche en algún lugar de la estancia y no sospechó que ocurriera algo extraño. Un día después, su cuerpo fue encontrado. Es algo habitual que cuando se termina la luz solar, algunos trabajadores deciden pasar la noche en algún puesto de las estancias. Esta vez, el desenlace fue trágico.
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Inicialmente el hecho se reportó como un accidente a bordo de la moto. En el primer aviso a la Policía se dio cuenta del hallazgo de un hombre muerto al lado del vehículo. La fiscalía por protocolo ordenó la intervención del personal de Criminalística, quien constató que el peón tenía un disparo en el pecho.
El disparo fue certero y denota experiencia en el agresor con el arma. “La moto estaba en primera, o sea, estaba en movimiento lento, pero estaba en movimiento, no es que estaba parada porque al ver el cuerpo, tenía su pie aprisionado contra el pedal”, explicó.
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“Para nosotros no es accidental porque si vos matas a alguien, no lo vas a dejar tirado ahí. Y más si fue accidental. No lo vas a dejar tirado ahí desde el domingo que ocurrió el hecho hasta que lo encuentran unas terceras personas al otro día. Vas a ayudarlo, vas a buscar ayuda. Hay un montón de cosas que podés hacer y que te lo marca la la lógica”, agregó la funcionaria judicial. “Mostró un total desprecio por la vida”, sentenció.
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