
Durante la segunda semana de mayo de 2026, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) comunicó que el fenómeno El Niño muestra una probabilidad superior al 80% de consolidarse entre mayo y julio de este año, lo que podría modificar patrones climáticos globales y afectar sectores como la agricultura, la gestión hídrica y la preparación ante la temporada de huracanes. El fenómeno impacta regiones de América, África y Asia, y su evolución es seguida de cerca por organismos internacionales y meteorológicos.
Según el último informe del Centro de Predicción Climática (CPC) de NOAA, la transición a El Niño se considera casi inminente, con estimaciones de permanencia hasta el invierno del hemisferio norte. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) y expertos de The Weather Channel coinciden en que las condiciones oceánicas y atmosféricas actuales favorecen un rápido fortalecimiento del fenómeno, aunque la intensidad máxima todavía no puede determinarse en forma concluyente. El escenario ha generado actualizaciones en los planes de contingencia de distintas autoridades nacionales y provinciales, especialmente en América Latina.
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La situación actual se inscribe en una secuencia de anomalías térmicas detectadas en el océano Pacífico ecuatorial, donde se registra un aumento sostenido de la temperatura superficial y subsuperficial del mar, con especial énfasis en las regiones Niño 1+2 y Niño 3.4. Según la NOAA, la última vez que se constató un evento de magnitud comparable fue durante 2015-2016, cuando las anomalías superaron los +2°C y se catalogó como “super El Niño”.
¿Qué es El Niño y por qué su desarrollo genera expectativas globales?
El Niño es un fenómeno climático que implica el calentamiento anómalo del océano Pacífico ecuatorial, con consecuencias directas en la circulación atmosférica mundial. Según la NOAA, estos cambios suelen provocar alteraciones en los regímenes de lluvias, sequías y variaciones en la frecuencia e intensidad de ciclones tropicales.
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El monitoreo de El Niño se realiza con instrumentos satelitales, boyas oceánicas y modelos climáticos de última generación. El Centro de Predicción Climática mantiene un sistema de alerta denominado “El Niño Watch”, que se activa cuando la probabilidad de desarrollo supera el 50%. En declaraciones recogidas por Reuters, el meteorólogo Nathaniel Johnson, del CPC de NOAA, indicó que “la probabilidad de transición a El Niño ya supera el 80% y se espera que persista hasta el invierno boreal”.

¿Cómo afecta El Niño a la temporada de huracanes en el Atlántico y el Pacífico?
De acuerdo con la NOAA, la presencia de El Niño suele incrementar el cizallamiento de viento en la cuenca atlántica, lo que reduce la formación y fortalecimiento de huracanes. Por el contrario, en el Pacífico central y oriental, el fenómeno suele asociarse con una mayor frecuencia y potencia de ciclones.
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El pronóstico de la NOAA para la temporada de huracanes 2026 indica entre 11 y 16 tormentas nombradas, entre 4 y 7 huracanes, y de 2 a 4 huracanes mayores en el Atlántico, cifras inferiores al promedio histórico. Según el reporte de The Weather Channel, este escenario está condicionado principalmente por la evolución de El Niño y las temperaturas actuales en el Pacífico ecuatorial.
La Universidad Estatal de Colorado, en su informe estacional, coincidió con estas previsiones y añadió que el fortalecimiento de El Niño podría reducir aún más la actividad ciclónica en el Atlántico, aunque advirtió sobre la necesidad de monitorear la evolución del fenómeno durante los próximos meses.
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¿Qué significa un “super El Niño” y cómo se clasifica?
El término “super El Niño” se utiliza para describir episodios con anomalías térmicas superiores a +2°C en la región Niño 3.4 durante un periodo prolongado. Según la NOAA, este nivel de intensidad no es frecuente; los últimos eventos se registraron en 2015-2016 y 1997-1998.
En sus informes, la NOAA señala que la probabilidad de alcanzar la categoría de “super El Niño” oscila entre 25% y 37%, según los distintos modelos consultados. El organismo advierte que “la intensidad máxima solo podrá determinarse cuando el fenómeno entre en su fase madura”, mientras que los datos actuales muestran un calentamiento oceánico superior al promedio en las regiones clave.
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De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial, las consecuencias de un “super El Niño” pueden incluir:
- Cambios abruptos en los patrones de precipitación en América del Sur, el sudeste asiático y África oriental.
- Reducción de la actividad de huracanes en el Atlántico.
- Aumento de la frecuencia de ciclones en el Pacífico.
- Variaciones en la producción agrícola por sequías o inundaciones.
- Alteraciones en la biodiversidad marina y en las pesquerías.

¿Cuáles son las proyecciones y estadísticas más recientes?
El último reporte del Centro de Predicción Climática (CPC) de NOAA publicado el 14 de mayo de 2026, afirma que la probabilidad de transición a El Niño entre mayo y julio supera el 80%. Además, la probabilidad de que el fenómeno persista hasta el invierno del hemisferio norte asciende a 96%. Estos datos fueron validados por el Servicio Meteorológico Nacional (NWS) y por The Weather Channel, que atribuyen el rápido fortalecimiento del fenómeno al calentamiento observado en las regiones Niño 1+2 y Niño 3.4.
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Las anomalías térmicas en el Pacífico oriental ya superan los 1,5°C en algunas zonas, lo que favorece el acoplamiento océano-atmósfera necesario para el desarrollo pleno de El Niño. De acuerdo con el informe técnico de la NOAA, “la transición a El Niño es altamente probable durante el trimestre actual”, aunque la probabilidad de un evento intenso o “super” se mantiene abierta y dependerá de la evolución en las próximas semanas.
¿Qué impacto tendrá El Niño en América Latina y otras regiones?
Las autoridades de países latinoamericanos han comenzado a ajustar sus protocolos de prevención y gestión de riesgos ante la posible llegada de un evento intenso de El Niño. Según reportó Reuters, los gobiernos de Perú, Ecuador y Colombia han emitido comunicados oficiales donde se advierte sobre el riesgo de lluvias extremas, inundaciones y deslizamientos de tierra en áreas vulnerables.
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En el sudeste asiático y África oriental, organismos como la Organización Meteorológica Mundial han alertado sobre la posibilidad de sequías severas y afectación de cultivos básicos. En Estados Unidos, la NOAA anticipa un verano más cálido y seco en el sur y oeste del país, mientras que el norte podría enfrentar precipitaciones superiores a la media.
¿Qué medidas y recomendaciones han emitido las autoridades internacionales?
La NOAA y la Organización Meteorológica Mundial recomiendan a los gobiernos y sectores productivos mantener la vigilancia sobre las actualizaciones quincenales y mensuales, y ajustar sus estrategias de gestión de recursos hídricos, agricultura y prevención de desastres naturales. En su último boletín, el CPC de NOAA afirmó: “La planificación ante el desarrollo de El Niño debe considerar todos los escenarios previstos y mantenerse alineada con las recomendaciones de los organismos científicos”.
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En América Latina, los ministerios de agricultura y defensa civil han intensificado las campañas de información pública sobre riesgos asociados a lluvias extremas y sequías, mientras que las autoridades portuarias y pesqueras de Perú y Ecuador evalúan posibles restricciones ante la alteración de especies marinas y la disminución de las capturas.

¿Cómo monitorean los expertos el avance del fenómeno?
El seguimiento de El Niño se realiza a través de una red internacional de boyas oceánicas, satélites meteorológicos y modelos computacionales desarrollados por la NOAA y la OMM. Los boletines de actualización se publican cada dos semanas, con evaluaciones mensuales más detalladas sobre el avance de las anomalías térmicas y la posible consolidación del fenómeno.
En palabras de Nathaniel Johnson, del Centro de Predicción Climática, “las probabilidades de que El Niño alcance un nivel muy fuerte están aumentando, pero la incertidumbre sigue siendo elevada”. Reuters recogió esta declaración tras la publicación del último boletín oficial de la NOAA.
¿Qué sigue y cómo pueden prepararse los sectores afectados?
Las proyecciones del Centro de Predicción Climática indican que el fenómeno podría alcanzar su máxima intensidad entre el otoño y el invierno boreal, aunque el periodo crítico se sitúa en los próximos tres meses. Los expertos subrayan la importancia de ajustar la planificación agrícola, la gestión de recursos hídricos y los sistemas de alerta temprana.
Para la ciudadanía y los sectores productivos, las autoridades recomiendan informarse a través de canales oficiales y seguir las recomendaciones específicas según la región y el tipo de actividad.
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