
Ya pasaron cinco días de la desaparición y el misterio por el paradero del ginecólogo cordobés Daniel Casermeiro es cada vez más profundo. Mientras la familia intenta alejarse de los medios y los datos de la investigación aparecen a cuentagotas, cada vez toma más peso la hipótesis de que la ausencia del médico responde a un conflicto financiero.
Si bien durante todo el lunes al menos 40 personas participaron de los operativos de rastrillaje, de entrevistas a vecinos de San Francisco y del pueblo Estación Luxardo y análisis de piezas halladas en el auto abandonado del especialista, todavía no hay indicios que permitan conducir hacia un potencial hallazgo o siquiera una hipótesis firme para explicar su desaparición.
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En principio, la familia decidió cortar su relación directa con la prensa. Ante el contacto diario, contrató a una suerte de vocero de comunicación para transmitir sus sensaciones en público. Asimismo, la misma familia ofreció una recompensa de 100 mil pesos por aquel que pueda dar datos confiables sobre el paradero del médico.
En simultáneo, las esperanzas de que Casermeiro aparezca pronto y con vida comenzaron a mermar. Descartada la hipótesis de un robo, el foco de la investigación volvió a ubicarse en los negocios que el hombre de 61 años mantenía fuera del rubro de la medicina.
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Si bien la familia insistió durante todo el fin de semana en que la ginecología y obstetricia era el único ámbito en el que se desarrollaba el hombre desaparecido, el registro comercial de Casermeiro indica que el médico creó hace 15 años una “sociedad de servicios inmobiliarios realizados por cuenta propia”, junto a su esposa, María del Valle Peretti.
Además, Casermeiro también había creado una segunda sociedad junto a un hombre de iniciales O.I.V. en la que se destacaban en la producción de leche de vaca.
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En tanto, diferentes vecinos de San Francisco que prefirieron mantener la privacidad sugirieron que Casermeiro se desenvolvía como prestamista, aunque esa versión no pudo ser confirmada de manera oficial por Infobae.
El diario El Tiempo, de la misma ciudad de San Francisco, confirmó que el último diálogo de Casermeiro antes de su desaparición fue con uno de sus socios comerciales, de iniciales G.G., quien ya declaró ante el fiscal Bernardo Alberione y cuyo domicilio fue analizado por representantes de la investigación.
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Además, el mismo medio de la ciudad cordobesa indicó que en los últimos meses Casermeiro se había volcado a un negocio inmobiliario en Brasil junto a su socio G.G., junto a un empresario local de iniciales A.P. y una cuarta parte que se desconoce.
Hay datos que permiten suponer un tinte de “desaparición forzada” para el caso Casermeiro. Su auto de lujo, un BMW 220i, fue encontrado intacto, cerrado y sin llave en un descampado a unos pocos metros de la Ruta 1, cerca del pueblito Estación Luxardo. Respecto a la posibilidad de un potencial suicidio, resulta difícil creer que alguien decidido a quitarse la vida llenara el baúl de su auto con dinero y joyas antes de ejecutar su plan.
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El vehículo no tenía llaves, por lo que se necesitó un duplicado para poder abrirlo. Y una vez hecho ese procedimiento, los investigadores se encontraron con fajas de dinero, en pesos, dólares y euros y, de acuerdo a las últimas informaciones surgidas desde Córdoba, también se habrían hallado joyas y al menos un lingote de oro.
Dado este panorama, se dispara el interrogante de cómo un ginecólogo de una ciudad de Córdoba que sólo se desempeñaba en ese rubro logró ser socio de dos clínicas privadas, accionista de un centro de rehabilitación deportiva, socio de tres centros de diagnóstico por imágenes (uno en Santa Fe), y manejar una sociedad de servicios inmobiliarios y otra de producción de leche de ganado bovino.
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La historia comenzó en la mañana del jueves, cerca de las 10, cuando Casermeiro abandonó su clínica médica, aún cuando tenía pacientes en lista de espera. Antes, había acudido a una entidad bancaria para hacer un movimiento en sus cuentas.
Cerca del mediodía, habló con su esposa y luego fue visto en el pueblo Estación Luxardo, ubicado a unos pocos kilómetros de San Francisco. Allí, acudió a un kiosco, donde compró tres bebidas energéticas, charló con el joven que lo atendió y hasta bromeó con el lujo de su auto.
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Más tarde, se comunicó con su socio para intentar adelantar una reunión, pero ese encuentro nunca se llevó a cabo. La última señal de su celular se registró cerca de las 16 y en la misma zona de Luxardo. Desde entonces, todo es silencio.
Fuentes cercanas a la investigación le indicaron a Infobae que desde la unidad judicial de la Comisaría de San Francisco se citaría a uno de los dos hijos de Casermeiro para intentar recoger nueva información y poder, de una vez, dar con el paradero del médico.
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