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La barra de San Lorenzo irrumpió en plena práctica del plantel tras la derrota ante Huracán: “La próxima no venimos a charlar”

Fueron no menos de 20 los que interrumpieron el entrenamiento y dividieron al grupo en tres. El tenso diálogo con Alexis Cuello y Nicolás Tripichio

Multitud de personas en un estadio con banderas grandes rojas y azules. Algunos levantan sus brazos y teléfonos. Humo azul en primer plano
La hinchada de San Lorenzo, en el Nuevo Gasómetro
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La derrota de San Lorenzo en el clásico contra Huracán dejó secuelas. Primero porque rompió una racha de 25 años sin que el Globo pudiera vencer al Ciclón en el Nuevo Gasómetro. Y, después, porque la bronca se instaló en los hinchas azulgranas por el nivel mostrado por el equipo en un partido donde estaba en juego mucho más que tres puntos. Pero nada de eso convalida lo que sucedió este mediodía: la barra brava se presentó en el entrenamiento en la cancha auxiliar del club, paró la práctica ante la incredulidad de la mayoría de los jugadores y fueron a buscar a varios para “hablar” en grupitos con ellos y dejarles en claro una amenaza concreta: “Esta vez vinimos a conversar, si no ponen lo que hay que poner y empiezan a ganar vamos a venir otra vez y no justamente a charlar”.

El cielo estaba plomizo cuando la gente de Seguridad del club advirtió que se venía una jornada complicada. Incluso algunos aseguran que un alto empleado de ese sector estaba al tanto de todo previamente. Si bien la institución asegura que sólo participaron de la “visita” cinco referentes de La Butteler y que ya estaba coordinado el encuentro con el cuerpo técnico, los presentes contaron otra cosa. Que fueron no menos de 20 los que entraron con ánimo caldeado a ejercer de voceros de los hinchas, como si eso les diera derecho a las amenazas. Que se supiera dentro del club que la barra podía aparecer es una posibilidad que se acrecienta al tomar en cuenta dos decisiones: la primera, es que el ingreso de los violentos fue como el de cualquier socio, sin impedimentos de los controles de la institución y sin siquiera un llamado telefónico a la Subsecretaría de Seguridad en Eventos Masivos y Deportivos de Buenos Aires para ponerla al tanto de lo que estaba sucediendo. Es más, cuando estalló el tema, la Policía envió dos unidades para ver qué pasaba, no encontró obviamente a ningún barra y desde San Lorenzo se bajó por completo el nivel de lo sucedido (“vinieron poquitos a dar apoyo”, fue el argumento) y también decidieron que no iban a hacer ninguna denuncia judicial al respecto. Y, salvo que algún damnificado la presente, el club no tiene obligación de entregar los videos de las cámaras de seguridad, por lo que el hecho quedará impune.

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El estallido se dio tras la derrota el domingo en el clásico. Si bien la idea primigenia era ir a hablar en la semana previa, llegó una recomendación de que no era conveniente poner nerviosos a los jugadores a pocos días del clásico. Claro que después de ver la reacción de los hinchas por redes sociales, la barra decidió actuar, creyendo que la visita será validada por los fanáticos, que muchas veces se comportan más como protobarras que otra cosa hasta que sufren la violencia en carne propia. Así, la reunión de la mesa chica del martes estableció que sería el jueves el día que los barras harían sentir su presencia, a sólo 48 horas del encuentro como local frente a Unión de Santa Fe por la quinta jornada del Torneo Clausura. Todas las partes coinciden en que no hubo sorpresa en el club, que se sabía de antemano que irían hasta el predio, pero lo que sí llamó la atención fue la cantidad de barras que se acercaron, mucho mayor a la convenida.

Una vez adentro, se dirigieron a la cancha auxiliar de la Ciudad Deportiva y pararon el entrenamiento que ya estaba llegando a su fin. Ahí, según la información que recogió Infobae, hubo tres grupos de barras que actuaron por separado: los líderes fueron a hablar con el cuerpo técnico, al que le expresaron su apoyo y le dijeron que si tenía que hacer cirugía mayor en el plantel, fuera para delante y que sólo querían ver en cancha a aquellos jugadores que dejaran la vida por la camiseta; otro grupo, con integrantes de primera línea, fue a hablar con Alexis Cuello y Nicolás Tripichio, considerados los referentes por nombre y edad de un equipo lleno de pibes, y el último grupo reunió a los más jóvenes.

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San Lorenzo vs Cuenca
Nicolas Tripichio, uno de los líderes a los que los barras usaron como interlocutores

La charla con Cuello y Tripichio fue casi un monólogo barra: les dijeron que armaran una lista con todos aquellos futbolistas que están disconformes con el club, que se quieren ir, así pasan a ser borrados. Como si ellos fueran los dueños del club. Obviamente que ambos futbolistas les dijeron que todos estaban comprometidos para sacar a San Lorenzo del bajón futbolístico en el que se encuentra, pero la barra no se lo tomó muy en serio: ahí se dio el momento de mayor tensión, cuando les avisaron que si no ganaban y no veían sacrificio en la cancha, la próxima vez iban a volver y no justamente a hablar.

El tercer grupo les comunicó a los juveniles que la edad no es impedimento para sufrir la presión y represalias de la barra. “Si tienen contrato es porque ya no son pibitos, así que mejor que pongan”, fue la frase más paternal esgrimida. Todo el episodio duró unos cuantos minutos, tras los cuales los barras decidieron dejar el complejo deportivo no sin antes volver a repetir “mejor que ganen el sábado”.

Hubo algunas versiones de que también se dio un episodio dentro del vestuario, con algunos golpes hacia la puerta y armarios como para generar un clima de mayor tensión, pero esto fue desmentido a Infobae tanto desde el club como desde otras fuentes de San Lorenzo. Lo que sí quedó claro es que la barra se maneja a sus anchas y que la institución decidió no hacer una denuncia que podría haber terminado con la identificación de quienes irrumpieron en la práctica y de esa manera habrían ingresado todos en el derecho de admisión, cosa que no solo no ocurrirá, sino que los mismos que amenazaron al plantel estarán el sábado, como si no hubiera pasado nada, parados en el Nuevo Gasómetro, demostrando que son, al fin y al cabo, los dueños de cada situación.

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