Ricardo Bruno en visita a la Bombonera: foto de sus redes sociales.
Ricardo Bruno en visita a la Bombonera: foto de sus redes sociales.

El jueves 12 de diciembre, Ricardo Francisco Bruno salió por la cochera de su casa en Mataderos con las manos en señal de paz, sin mostrarse demasiado sorprendido de que los policías de la división Precursores Químicos de la Federal le hicieran algunas horas guardia para detenerlo por su supuesta parte en un delito espantoso. El 2 de julio de 2017, Miriam Alencar Da Silva, una bailarina brasileña de 19 años, se convirtió en un símbolo del desprecio del narcotráfico por la vida humana.

Miriam fue encontrada muerta en el cordón de una vereda de Villa Devoto: congestión y edema pulmonar fueron las causas que marcó la autopsia. Había tragado 94 cápsulas con MDMA puro, el principio activo del éxtasis. Solo pudo expulsar 28, según relató su hermana mayor. Otras 66 quedaron en su cuerpo, más de 600 gramos de una droga que podría hacerla explotar por dentro. Así, Miriam perdió la vida. Descartaron su cadáver como si fuese la colilla de un cigarrillo, desde un auto en movimiento.

A mediados del mes pasado, más de dos años después, Hendrik Binkienaboys Dasman, alias “Gino”, nacido en Surinam, ex novio de Daiana Ontivero, la modelo que saltó a la fama policial en 2011 como la supuesta cómplice secundaria de una banda que traficaba cocaína a Europa, fue condenado a prisión perpetua en el Tribunal en lo Penal Económico N°2 por la muerte de Miriam.

La captura de Bruno, empresario farmacéutico integrante de una sociedad anónima dedicada al rubro, fue ordenada por el fiscal Ramiro González, bajo la firma del Juzgado Federal Nº5. El teléfono de Dasman, hoy preso en Ezeiza, fue lo que eventualmente hundió al empresario. Había más de 4500 fotos, 300 textos. 1500 audios en inglés, español y holandés con contactos en Bélgica, Francia, Brasil, Surinam, Brasil y Holanda. Bruno estaba en la agenda: había conocido a Dasman luego de que el supuesto traficante le alquilara un departamento en Lomas del Mirador. La condena a perpetua al hombre de Surinam habla de dos contratos distintos por el término de dos años que datan de octubre de 2016: entre ellos figura el alquiler de un domicilio en la calle Emilio Mitre, la dirección fiscal de Bruno.

Hendrik Dasman.
Hendrik Dasman.

El 2 de julio de 2017, de acuerdo a las pericias citadas en la condena del Tribunal Nº2, Dasman y un hombre agendado como “Bruno” en su teléfono tuvieron una charla. Ese día, Miriam era arrojada ya muerta a la vereda.

Bruno: ¿Cómo va el tema ése? ¿Pudiste llevarla?

Dasman: Ya fue, ahora voy a casa.

Bruno: Cambiá el chip, cambia la foto del teléfono.

Horas después, otro hombre le escribía a Dasman, sumamente alarmado: “¡Está muy blanca! ¡Su cara y su boca también!”

Así, Ricardo Francisco Bruno recibió una doble imputación: no solo fue acusado de narcotráfico por la Justicia federal, sino que ahora también fue acusado por el fiscal González y la jueza Capuchetti por su parte en la muerte de Miriam, bajo una calificación de homicidio doloso criminis causa.

Para la Justicia federal y para los investigadores de Precursores Químicos, Dasman y Bruno participaban en un esquema un tanto brutal de tráfico de drogas: ingresaban mulas al país ingestadas con MDMA, que luego se convertía en pastillas de éxtasis con un aparato de ensamblaje local, para luego enviar cocaína a Europa. La lógica de arriesgarse con mulas para ensamblar éxtasis, en un país que en los últimos años experimentó un superávit de pastillas de alta calidad en el mercado negro, no tiene mucho sentido. Aparentemente, Dasman ya había perdido en ese frente: un ciudadano belga que cayó en 2017 en Uruguay con 23 mil pastillas lo habría señalado como su contacto. Se habla de una pequeña fortuna en remesas de dinero enviado a través de sistemas globales de giros al portador: 150 mil dólares y 170 mil euros en dos años.

Los allanamientos a Bruno encontraron una cantidad de éxtasis, “dos bolsas llenas”, dice una fuente del caso, además de varios medicamentos. La comprimidora monodosis, la máquina de hacer pastillas que busca la Justicia federal, sigue sin aparecer. Hasta fines de la semana pasada, Bruno permanecía sentado en la alcaldía sobrepoblada de los tribunales de Comodoro Py.

Su nombre ya era algo repetido en Retiro. Ya había acumulado causas en su contra en 2006 y 2007 por los delitos de falsificación de moneda, estafa y documento público, según datos de la Cámara Federal, pero el caso más grande de todos llegaría algunos años se vio involucrado en 2011 en la megacausa por el escándalo de medicamentos adulterados que recayó en el Juzgado N°5 en ese entonces bajo Norberto Oyarbide.

Fragmento de la última condena a Bruno.
Fragmento de la última condena a Bruno.

Los documentos hablaron de "maniobras vinculadas con la comercialización irregular de medicamentos, en su mayoría de alto costo, que han sido hurtados o robados, o adulterados en cuanto a sus envases o contenidos, o erradicados los sellos que indicaban que eran para ser distribuidos de manera gratuita, habiéndose determinado que en tales maniobras no sólo participaban los responsables de farmacias, droguerías y obras sociales, sino también funcionarios de las áreas estatales relacionadas con la salud”, aseguró la confirmación del procesamiento con prisión preventiva de Bruno a cargo de la Sala II de la Cámara Federal, por el que fue embargado por un millón de pesos.

La causa se resolvería 8 años después, en octubre de este año con un juicio abreviado junto a otros dos imputados en el Tribunal Federal Nº3. Bruno fue finalmente condenado a tres años de cárcel por el “delito de venta de sustancias medicinales o mercaderías peligrosas para la salud disimulando su carácter nocivo en concurso ideal con el delito de defraudación en perjuicio de la administración pública”.

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