
Luego de 32 planteos militares que soportó el presidente Arturo Frondizi, no podían tener un final feliz las elecciones de medio término, en las que el peronismo proscripto, desafiaba en la campaña electoral con el slogan “Framini, Anglada, Perón a la Rosada”.
Frondizi era un correntino de 50 años, abogado con medalla de oro de la Universidad de Buenos Aires. En 1946 fue diputado nacional por el radicalismo y en las elecciones presidenciales de noviembre de 1951 secundó a Ricardo Balbín en la fórmula partidaria.
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En 1956 provocó la división del radicalismo. Creó la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) y el grueso de los radicales integraron la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP).

Cuando en las elecciones a convencionales constituyentes de 1957 se impuso el voto blanco (que era el del peronismo proscripto), pactó con Juan Domingo Perón y en las presidenciales de 1958 aquel ordenó a sus seguidores votarlo.
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A los once meses de gestión, renunció su vicepresidente Alejandro Gómez, por desinteligencias de la gestión. Y desde el primer día los militares comenzaron a mirarlo de reojo.
Frondizi podía estar gobernando bien, pero ni la oposición ni los militares lo querían. Esto llevó a Alfredo Vítolo, ministro del interior, a acuñar la frase “elenco estable del golpismo”.
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En 1962, los militares estaban en permanente estado de alerta. Para calmarlos, el primer mandatario anunció la ruptura de relaciones con Cuba y adaptó una política exterior acorde a lo que pregonaban las fuerzas armadas sobre seguridad nacional. En el ambiente castrense se había tomado como una afrenta su encuentro secreto con Ernesto Che Guevara en Olivos del 18 de agosto de 1961, en un intento por mediar en la relación de la isla con los Estados Unidos.
En ese ambiente, el 18 de marzo debían realizarse elecciones en la Capital Federal y en Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, Mendoza, Corrientes, La Pampa, Tucumán, Chaco, Río Negro y Neuquén. El 17 de diciembre de 1961 y el 25 febrero de 1962 había habido comicios en algunas provincias, y al oficialismo no le había ido mal.
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Se elegirían 86 diputados nacionales, se renovaban 14 gobernaciones, parte de 16 legislaturas provinciales y un sector del Concejo Deliberante porteño.

El plato fuerte de la elección era, sin duda, la provincia de Buenos Aires. Los candidatos oficialistas eran Guillermo Acuña Anzorena y Horacio Zubiri. Los radicales de la Unión Cívica del Pueblo no las tuvieron consigo. Su candidato Crisólogo Larralde falleció de un ataque al corazón fulminante en medio de un acto en Berisso el 23 de febrero.
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Para Frondizi, la muerte de Larralde fue un duro golpe, ya que consideraba que podía ganarle al candidato peronista. Además, Larralde era el interlocutor que el ministro del Interior tenía con el radicalismo.
Todos miraron qué haría el peronismo. Su líder, desde el exilio, se lo vio más proclive a invitar a sus seguidores a votar en blanco, pero también le tentaba presentarse y obligar al gobierno a proscribirlo.
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Hasta que subió la apuesta. Perón decidió presentarse como candidato a vicegobernador bonaerense, acompañando a Andrés Framini, quien se apuró en declarar que si vetaban a Perón, él se bajaba también.

Este anuncio causó un verdadero tembladeral en el ambiente castrense. Los jefes militares se comprometieron con el ministro del interior, Alfredo Vítolo, a no permitir la restauración del peronismo en el país. Por eso el ministro anunció públicamente que Perón no podía ser candidato, porque había sido declarado en rebeldía cuando en 1955 se le sustanció un juicio penal.
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Los peronistas se presentarían con el partido Unión Popular y Framini fue acompañado por Marcos Anglada. Descontaban que triunfarían, más sabiendo que contaban con el apoyo gremial de Augusto Timoteo Vandor, secretario general de la UOM.
Pero el dirigente gremial Framini, además de no contar con apoyos en la clase media, tampoco era de la simpatía del Ejército. Había nacido en Berisso, tenía 47 años y era secretario general de la Asociación Obrera Textil, un gremio muy fuerte. Había comenzado su militancia gremial en 1945, participó de la movilización del 17 de octubre de ese año y cuando cayó Perón en 1955, fue uno de los líderes de la llamada resistencia peronista.
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Su compañero de fórmula Marcos Anglada era un abogado de 45 años, un militante radical que en 1945 se pasó al peronismo. Fue comisionado municipal en La Plata, juez y rector de la Universidad Nacional de La Plata. En 1955 fue ministro de Educación hasta el golpe de ese año.

Todos apostaban al fracaso de Frondizi. Desde los militares que esperaban una victoria peronista hasta Perón que buscaba el definitivo desgaste del Gobierno. Así, el líder justicialista se hubiera podido sacar un competidor electoral de encima.
La situación económica estaba repuntando. Se había logrado el autoabastecimiento de petróleo y Oscar Alende, gobernador bonaerense, estaba implementando un plan de fomento industrial. Sin embargo, en su fuero íntimo, el presidente estaba convencido de que el resultado del domingo le sería adverso, creencia que confirmó cuando vio las últimas encuestas en las que había un alto número de indecisos, que intuía que eran peronistas recelosos de admitir por quién votarían.
En la Capital Federal se impuso el gobierno, con 233 mil votos contra 200 mil de la Unión Popular y 182 mil del radicalismo balbinista. Pero en la provincia de Buenos Aires Framini obtuvo 1.172.000 votos contra 732 mil de la UCRI y 627 mil de la UCRP. La UCRI ganó también en Entre Ríos, La Pampa, Corrientes, La Rioja, Formosa y Santa Cruz, mientras que el peronismo cantó victoria en Tucumán, Santiago del Estero, Chaco y Río Negro. El radicalismo solo triunfó en Córdoba, donde el candidato era Arturo Illia, pero el peronismo allí no se presentó.
El mismo 18 a la noche los militares le exigieron al ministro del Interior la anulación de las elecciones, la intervención a las provincias y el cierre del Congreso. Como el funcionario no respondía, acorralaron a los funcionarios de Defensa. En el ámbito castrense querían proscribir al peronismo.
El gobierno dispuso la intervención de los distritos donde había ganado el peronismo. Vítolo renunció porque se oponía a las intervenciones, y Frondizi intentó una reorganización de su gabinete, aunque no anuló ninguna elección. El presidente buscaba, ante todo, mantener el orden constitucional.
El ambiente que se había logrado instalar era que el gobierno iba a la deriva y la principal oposición, que además del peronismo era Ricardo Balbín, no colaboraba. Balbín no le perdonaba a Frondizi el haber partido al radicalismo en 1956 y ahora decía que el presidente solo buscaba salvarse él. El que dio la nota de color fue Illia, quien propuso conformar un gabinete con radicales del pueblo, en un intento de garantizar la estabilidad institucional.
No había grandes partidos que manifestaran el apoyo al gobierno, mientras que los militares sugerían rearmar el gabinete con nombres propuestos por ellos. En reuniones reservadas, altos oficiales le adelantaron a Frondizi que sería derrocado en los próximos días.
Pidieron la mediación del general Pedro Eugenio Aramburu (que había hecho el golpe contra Perón en 1955 y que había sido presidente de facto) con militares y con los partidos políticos, y nada pudo hacer. El 24 a la noche fue a verlo a Frondizi a Olivos y le pidió que diese un paso al costado. Todos jugaban su propio juego: el propio Aramburu era partidario de una reorganización del gobierno, y hasta se pensó en él como una figura de unidad nacional.
Como se cree erróneamente, Frondizi no anuló las elecciones, cosa que efectivizó José María Guido, a través de dos sendos decretos.
El final es conocido. El 28 de marzo Frondizi se les plantó a los tres comandantes cuando les afirmó que “no renunciaré, no me suicidaré, no me iré del país”. Al día siguiente fue depuesto y encerrado en la isla Martín García. Otro golpe militar, otra interrupción del orden democrático y un nuevo retroceso del país. Que no sería el último.
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