Lloraron emocionados cuando Kaia llegó al mundo. Era su primera hija y tanto la habían deseado. Hubiesen querido abrazarla, besarla, apretarlas contra sus cuerpos. Pero no pudieron. Algún día, cuando crezca, van a poder explicárselo con una frase que marca este 2020: “Mamá y papá tenían coronavirus”.
Lina Pizzichini, de 32 años, y Alvaro Miotti, de 33, habían iniciado el año con la novedad de que para inicios de agosto serían padres de Kaia. En medio de la pandemia, se cuidaron mucho para evitar contagios: lavado de manos, distancia social, alcohol en gel, tapabocas... Sin embargo, a menos de un mes de la fecha estimada de parto, la vida de los tres integrantes de la familia cambió por completo. El miércoles 15 de julio, Lina recibió una noticia que no esperaba: se había contagiado de coronavirus.
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Al día siguiente, dejaron su casa de Marcos Juárez, Córdoba, para viajar a la capital provincial y así tratar de llevar con el mayor cuidado posible el tramo final del embarazo. Dos días más tarde, el viernes 17, Álvaro también recibió la confirmación de lo que él más temía: él también era positivo de COVID-19
Así, el final de la semana anterior al parto los encontró a ambos contagiados del virus, con un desenlace del transcurso de la enfermedad incierto y ante el momento más importante y delicado de sus vidas.
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El miedo no sólo residía en la salud de cada uno, sino en si iban a poder estar bien para cuidar a su hija recién nacida.
Finalmente, Kaia Miotti Pizzichini nació el sábado 18 en el hospital Florencio Díaz, bajo un marco de seguridad y protocolos de aislamiento muy celosos. Y así, en medio del curso de la enfermedad, Lina y Álvaro fueron padres por primera vez.
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Por decisión de la madre y su obstetra, Kaia nació antes de tiempo, en la semana 37. Y así, se dio inicio a un camino extraño, en el que el contacto de piel a piel todavía no se pudo dar, pero en el que el amor no conoció tampoco ninguna medida de distanciamiento social.

La noticia se conoció en el transcurso de la última semana, aunque no se había revelado la identidad de los dos padres. Alvaro y Lina decidieron dar una única entrevista a un medio local de Marcos Juárez, llamado “Cien por ciento Salud”, ya que tenían una relación muy cercana con el periodista que la iba a realizar. En esa charla de casi 20 minutos vía videollamada relataron la experiencia de tener un bebé siendo los dos positivos de coronavirus.
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“El proceso fue más o menos así. Yo tuve fiebre -muy poquito, 37,5º- y no lo dejamos pasar por el embarazo y porque, justamente, Marcos Juárez estaba en ese momento con el brote máximo de coronavirus. Elegimos consultar con la obstetra y enseguida nos sugirió el hisopado”, afirmó Lina.
“Los síntomas fueron poquitos. Sin mucho dolor de cuerpo, pero era como una congestión grande corporal, de huesos, de músculos, cuando te duele todo. Yo conozco mi cuerpo con gripe, pero gripe más embarazo no me lo conocía. Así fue como seguimos la sugerencia y me hice el hisopado un lunes al mediodía y para el miércoles teníamos los resultados”.
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Una vez que se confirmó el contagio, la obstetra de la familia les recomendó que viajaran a Córdoba Capital, a unos 263 km de distancia, para organizar el parte con todos los protocolos. Ya instalados en el hospital Florencio Díaz, Álvaro se sometió también a un hisopado, por tratarse de un contacto estrecho, y él también recibió el positivo. No había desarrollado ningún tipo de síntomas a lo largo de los días. Ni siquiera perdió el olfato y el gusto.
Con la confirmación del contagio de COVID-19, Lina tomó una decisión que iba a darle tranquilidad en medio de tantos miedos. La fecha de parto era entre el 11 y el 18 de agosto, y ella sintió que ya era suficiente: con el embarazo en curso podía crecer la posibilidad de contagio, entonces le pidió su obstetra que se adelantara el parto.
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“Veníamos con un embarazo muy bueno, pero desde lo que sentí ahí al enterarme junto a la doctora de Neo encontramos una respuesta más emocional. Cuando me enteré de que estaba enferma, y lo digo así porque así lo sentí, la prefería afuera... Me di cuenta acá en el hospital. Una vez que nació, dije ‘bueno ella ya está afuera, que la atiendan a ella, yo me curo'. Vi enseguida la posibilidad de contagio”, relató la madre de la pequeña.

“La pamaternidad te atraviesa por todos lados y sentirte contagiado con un virus, con toda la información que hay en los medios... Imaginate, sentir que la podemos contagiar... esa parte es fuerte”.
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Tras 37 semanas de gestación, Kaia nació con 2,670 kgs y 49 centímetros. No se lo consideró un parto prematuro y apenas precisó práctica en el agarre al pecho para poder alimentarse.
“La pequeña tendrá su contacto con la madre con todas las medidas de bioseguridad necesarias. La madre está de acuerdo con la lactancia, así que esperamos que pueda organizarse el encuentro”, afirmó el día del nacimiento la vicedirectora del hospital Florencio Díaz, Mariana van Ooteghem.
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De esta manera, los padres iniciaron una experiencia extraña. Después de haber esperado con ansiedad el momento del primer contacto con su hija, ambos tuvieron que posponer unos días más esas ganas de contacto entre piel y piel con su primera hija.

Los médicos les indicaron varias medidas de cuidados extremos para evitar el contagio a su hija, aún cuando ambos ya en el nacimiento de la pequeña se encontraban en perfecto estado de salud.
“Fue un montonazo tener que vivir con esta situación, con el riesgo inminente de que Kaia se contagie”, afirmó Álvaro.
“Las recomendaciones fueron usar el barbijo siempre cuando estamos con ella, lavarnos muy bien las manos y toda la piel que esté cerca de ella (...) Esa bomba de protocolo nos hizo por ahí tenerle mucho más miedo a contagiarla que a darle los cuidados que necesitaba o darle la teta las veces que ella quería. El tema de lavarme las manos, cuando la saco, la pongo, le pongo el pañal, donde pongo el pañal, donde la cambio, sobre la cama -en la cama duermo yo que tengo el bicho-, la toallita…. Todo eso quizás nos hizo fallar un poquito, que obviamente no lo sabíamos hacer, así que lo vamos a ir aprendiendo”, contó.
A Kaia, por su lado, e le hicieron dos hisopados con un lapso de una semana entre cada uno. Ambos dieron negativo de COVID-19 y, según sus propios padres, todos los avances evolutivos se dieron dentro del marco de lo esperado.
Si bien se encontraban en un buen estado de salud, Lina y Álvaro decidieron permanecer en Córdoba capital junto a su hija, para cumplir el período del mínimo de dos semanas de aislamiento social preventivo y obligatorio al que debieron someterse. Se quedaron en un hospital para sentirse tranquilos sobre la salud de su pequeña.
“¿Qué pasa si cuando volvemos a Marcos Juárez necesitamos ir a la clínica, ir a un pediatra, ir a las consultas? Eso nosotros lo tenemos que reflexionar y resolver de alguna forma. En realidad acá estamos muy bien cuidados y nos da un poco de miedo llegar allá y que no nos puedan atender. Porque sabemos que a veces hay situaciones de urgencias de gente que no puede ser atendida. Y la verdad que todavía eso no lo tenemos resuelto”
Una semana después del nacimiento de la pequeña, reina la felicidad dentro de la familia. El COVID-19 fue leve y, por el momento, la pequeña no se contagió. Por delante quedará recordar este momento tan especial e inesperado de la vida de los tres, donde una pandemia se cruzó para cambiar todos los planes que habían imaginado para el gran día.
“Te digo la verdad, le quiero besar toda la mano, la boca, los ojitos, todo, pero tengo barbijo y no puedo. Todavía no le pude acerca la nariz para olerla. No pudimos hacer eso todavía. Espero que pronto podamos llenarla de besos sin miedo”, se ilusionó su padre.
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