Hernán Reale tenía 11 años cuando sufrió el primer episodio de fobia social (Joaquín Pedroso)
Hernán Reale tenía 11 años cuando sufrió el primer episodio de fobia social (Joaquín Pedroso)

La fobia social no fue entrando a su vida como entra a una habitación un gato. No fue una entrada de patas mullidas silenciosa y discreta: se atravesó y, como en las pesadillas de la niñez, dio un zarpazo. La primera vez, Hernán estaba de vacaciones, tenía 11 años.

"Mis padrinos me habían llevado de vacaciones a Brasil. Estábamos desayunando en el hotel cuando vi que un humorista estaba yendo mesa por mesa a hacerle chistes a los turistas", cuenta Hernán Reale a Infobae.

"Cuando me di cuenta de que estaba por llegar a la nuestra empecé a sentirme mal. Me temblaban las manos, me puse pálido, se me caía la comida de la boca. Fue unos meses después de la separación de mis viejos. Yo no era un chico tímido, ninguno entendió qué me estaba pasando".

La primera vez, sintió temblores en las manos, empalideció y la comida se le cayó de la boca (Joaquín Pedroso)
La primera vez, sintió temblores en las manos, empalideció y la comida se le cayó de la boca (Joaquín Pedroso)

La escuela, después de ese viaje, fue convirtiéndose en su único espacio de interacción con gente. "Iba pero por obligación. Fui dejando de tener vida social, me fui encerrando en mi mundo. No fui a los cumpleaños de 15 de mis compañeras y nunca, en toda la secundaria, festejé mi cumpleaños".

Mentía: juraba que no le gustaba festejar "pero la verdad es que no soportaba el momento de la torta, la parte en que me tenía que exponer y ser el centro de la escena para que todos me canten el feliz cumpleaños".

Era un adolescente y la vida se había vuelto triste. "Me acuerdo del cumpleaños de 50 de mi papá y me da tristeza. La novia le había organizado una fiesta con un montón de gente que yo conocía. Hice lo posible para estar pero no pude: me fui antes de que llegaran los invitados y me quedé solo dando vueltas en la calle en bicicleta. Volví cuando todos se habían ido".

Salía en bicicleta porque, para ese entonces, ya no podía subir a un tren ni a ningún otro transporte público. Como no podía ponerle nombre a lo que le pasaba, empezó a mentir con frecuencia. El círculo se retroalimentaba: más excusas ponía, más se alejaba la gente.

“La fobia no es timidez: esto te limita la vida, te deja encerrado en tu mundo” (Joaquín Pedroso)
“La fobia no es timidez: esto te limita la vida, te deja encerrado en tu mundo” (Joaquín Pedroso)

"Iba caminando y cuando veía que alguien venía de frente, cruzaba o retrocedía y daba la vuelta de manzana. Ya no importaba si interactuaba o no, lo que buscaba era evitar enfrentarme con esa persona, aunque fuera desconocida".

Su mente estaba ocupada en diseñar, una tras otra, estrategias de evasión: si iba a un cumpleaños, llegaba primero para evitar ser el centro de atención cuando tocara el timbre. O contaba los vasos vacíos de la mesa para saber si iba a poder tolerar la cantidad de gente que iba a ir.

"Era un miedo extremo a exponerme al juicio de los demás. Después entendí que no se trata de la opinión de los otros, es lo que piensa uno de sí mismo, y siempre es negativo. A los 17 años, estallé".

Vivía en un dúplex en Ramos Mejía con su papá y del día en que estalló recuerda la desesperación: "Mi papá me hizo un comentario y yo empecé a llorar hasta que quedé tendido en la escalera. No aguantaba más lo que estaba viviendo, no sabía qué era y no conocía a nadie que lo padeciera. Eso es típico del fóbico: se encierra tanto que no sabe que a otras personas les pasa lo mismo".

Se puso en pareja pero no toleró la idea de casarse en un salón rodeado de gente (Joaquín Pedroso)
Se puso en pareja pero no toleró la idea de casarse en un salón rodeado de gente (Joaquín Pedroso)

En Fobia Club lo evaluaron y le dieron un diagnóstico: "Fobia social" (también llamado Trastorno por ansiedad social), "un temor irracional a ser evaluado negativamente o escrutado por los demás. Es el temor desmedido a ser observado, criticado, a que los otros se burlen, a cometer un error y hacer el ridículo", explica a Infobae Gustavo Bustamante, doctor en psicología y autor del libro "Ataques de pánico, fobias y ansiedad".

"Está subdiagnosticado porque suele confundirse con timidez pero esta fobia es muy limitante. He atendido pacientes que no se podían vincular ni con sus familias, que comían solos en su cuarto o que para atenderlos tenía que ir a sus casas y pasarles un papel por debajo de la puerta. Tuve otros que salían a la calle tapados con una gorra o con un diario".

Suele haber un detonante que permite a la fobia meter la cola, aunque no siempre es demasiado explícito: a veces son personas que sufrieron bullying en el colegio "y con el tiempo han ido confirmando el rechazo social". Hernán no recuerda haber vivido como un drama la separación de sus padres, aunque sus terapeutas creen que por ahí sobrevuela el origen de su fobia social.

La vida después del diagnóstico
Empezó una terapia cognitivo comportamental grupal -"el corazón del tratamiento en este tipo de fobias", explica Bustamente- y una terapia individual con medicación.

Al año siguiente, cuando ya tenía 18 años, sucedió algo que durante los años anteriores hubiese resultado inimaginable: Hernán festejó su cumpleaños después de 8 años de silencios en el calendario.

No había tenido relaciones con mujeres antes de eso porque "me costaba muchísimo acercarme a alguien, me sentía inferior a todo el mundo, no tenía seguridad ni confianza en mí". Fue a esa edad, y mientras hacía el examen de ingreso a la universidad, que conoció a una chica  Estuvieron de novios durante 7 años: la fobia, otra vez, marcó el final de la realación.

Estuvo siete años en pareja, la fobia marcó el final de la relación (Joaquín Pedroso)
Estuvo siete años en pareja, la fobia marcó el final de la relación (Joaquín Pedroso)

"Su sueño era casarse de blanco, la fiesta. Yo no tenía problemas en casarme por civil y quería tener hijos pero no pude con lo de la fiesta. Fuimos a ver dos salones. En uno, que era como para 500 personas, me quedé parado en el medio de la pista y me imaginé toda la situación: nosotros bailando el vals en el centro y todas esas personas mirándome. Con sólo imaginarlo me empezaron a transpirar las manos, se me cerró el estómago y empecé a sentir una presión en el pecho que no me dejaba respirar".

Hernán dijo "no puedo" pero para quien era su novia la fiesta era "innegociable". Poco tiempo después, ella decidió terminar la relación. "La entendí, para mí era una pesadilla pero para ella era un sueño. Por eso digo que esta fobia no es timidez, porque te condiciona la vida. A mí me limitó las posibilidades de poder formar una familia con la persona que quería. Perdí mucho en el camino, sin esto yo hoy tendría una familia".

Lo limitó en el amor y en el desarrollo profesional, porque nunca pudo ingresar a un laboratorio y ejercer su profesión de visitador médico. Como es frecuente entre quienes padecen este tipo de fobias, Hernán empezó a tomar alcohol "para poder enfrentar situaciones".

"Hace unos años me llamaron de un laboratorio para una entrevista de trabajo. Antes de llegar ya sabía que no iba a poder enfrentar esa situación sobrio, así que me tomé una cerveza de litro y recién ahí pude entrar. Usaba el alcohol para anestesiarme, fue la única forma de poder tolerar una entrevista de trabajo".

El trastorno fue cortando las ramas y frenó el crecimiento: "Por lo general son personas que no son líderes y no eligen pareja: las parejas deciden por ellos", agrega Bustamante. "Es común que no sepan decir que no, y ahí es donde las cosas se pueden volver peligrosas porque en ese sometimiento pueden acceder a tener relaciones sexuales que no quieren tener". Se calcula que el 14% de la población puede desarrollar esta fobia en algún momento de la vida.

De a poco, sin embargo, Hernán fue abriendo la jaula. "La terapia era tremenda. Teníamos que disfrazarnos de payasos y salir a la calle a hablar con los chicos. O fingir que estábamos haciendo una encuesta y hacerle preguntas sobre la vida sexual a la gente que pasaba", cuenta.

"Quienes tienen esta fobia tienen la autoestima muy baja, a veces son personas depresivas así que he visto gente hacer estos ejercicios de exposición temblando, pálidos, sudando hasta empaparse".

Un hito en su recuperación fue la primera vez que pudo tomar un tren y un colectivo (Joaquín Pedroso)
Un hito en su recuperación fue la primera vez que pudo tomar un tren y un colectivo (Joaquín Pedroso)

Hernán todavía respira hondo cuando recuerda la satisfacción que sintió la primera vez que pudo tomarse un tren desde Ramos Mejía hasta la estación Once y, desde ahí, subir a un colectivo para llegar a Recoleta. Fue un hito en su vida el recital del Indio Solari en Mendoza, el momento en que miró para atrás y para adelante, vio la cantidad de gente que lo rodeaba y sintió que podía quedarse.

Hoy Hernán tiene 31 años, trabaja en la venta de prepagas y obras sociales, vive solo, celebra sus cumpleaños, tiene amigos, puede ir a un evento sin tener que hacer malabares para predecir rodeado de cuánta gente estará. Le dieron el alta aunque por el resto de su vida tiene que estar atento para evitar recaídas.

La sonrisa del después: tiene que cuidarse de las recaídas pero hace tiempo tiene una buena calidad de vida (Joaquín Pedroso)
La sonrisa del después: tiene que cuidarse de las recaídas pero hace tiempo tiene una buena calidad de vida (Joaquín Pedroso)

"Me perdí, fácil, 10 años de mi vida. Vos podés tener fobia a viajar en ascensor, en avión, cosas que de alguna manera podés evitar. Pero la fobia a la gente es tremenda porque sos humano, no podés evitar a la gente. Bueno, podés, pero ¿qué calidad de vida tenés?", cierra. "Igual es una enfermedad de salud mental, no tengo prejuicios. Aprendí a aceptarla como es, ya no me siento inferior por esto".