
En un documento que lleva la firma de la Comisión Episcopal de Laicos y Familia y la Comisión Episcopal de Educación, la Iglesia Católica fija su posición en el tema de la educación sexual que, dice el texto, "se encuentra hoy sobre la mesa del diálogo político, social, cultural y educativo". Se afirma la "insustituible tarea y derecho" de los padres en la materia, que la escuela debe "apoyar" con elementos teóricos, científicos y pedagógicos, y se reivindica "la visión de la persona humana muy valiosa, amplia e integral" de la fe cristiana.
"Es muy importante que los chicos y chicas reciban en la escuela un mensaje coherente, alineado, complementario, respecto de aquel que reciben en el hogar -sostiene el comunicado-. En ese sentido, la educación sexual integral debe respetar la libertad religiosa de las instituciones, y la libertad de conciencia, derecho sagrado e inalienable que debe ser siempre custodiado".
Esta referencia a la libertad religiosa y de conciencia alude -sin nombrarlas- a las iniciativas de algunos legisladores de reformar la actual Ley de Educación Sexual Integral, promulgada en el año 2006, con cambios que apuntan directamente a restringir la autonomía de las escuelas confesionales, a las que sin datos oficiales que lo avalen, les atribuyen ser un obstáculo en la aplicación de la norma.
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Nadie sabe a ciencia cierta en qué colegios y en qué medida se aplica o no la ley, lo que no impide que muchos -incluyendo los promotores de estas reformas- insistan con que la ley no se cumple y señalen especialmente a las escuelas privadas confesionales.
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Seguramente con la finalidad de esclarecer estos aspectos y desmentir que la Iglesia se oponga al dictado de la Educación Sexual Integral es que la Comisión de Educación y la de Laicos y Familia, que presiden los obispos Eduardo Martín y Pedro Laxague respectivamente, han emitido este comunicado en el que afirman estar a favor de una educación sexual integral, como "un camino excelente para prevenir el aborto, la iniciación sexual precoz, las enfermedades de transmisión sexual, la violencia y el abuso sexual".

"El reciente debate -dice el texto- mostró que el aborto no constituye ninguna solución, sino que es un drama humano personal y social. Hemos tomado conciencia de que hay que comenzar por la educación sexual que integre todas las dimensiones de la persona. Se pudo observar, además, que hay consenso de que dicha educación no debe limitarse a 'saber qué hay que hacer para que una joven no quede embarazada', o a conocer el cuerpo de varones y mujeres como quien meramente conoce el funcionamiento de un dispositivo, sino que esa educación debe ser integral, vale decir, de toda la persona: su espiritualidad, sus valores, sus emociones, sus pensamientos, su contexto social, económico, familiar y obviamente su cuerpo y su salud. Debe ser una educación para el amor, que incluya la sexualidad pero que no se circunscriba solo a ella".
El comunicado recalca en todo momento el rol central de la familia que es asistida por la escuela: "Estamos convencidos de que debemos dar nuevos pasos para fortalecer la educación sexual en el ámbito intrafamiliar y escolar. (…) Se trata de una educación sexual positiva, progresiva e interdisciplinar, como nos recuerda también la enseñanza de la Iglesia [en referencia a Declaración Gravissimum educationis del Concilio Vaticano II]. Solo una buena educación permite tomar decisiones libres y responsables. Muchas instituciones educativas, desde hace tiempo, habían implementado la educación sexual pero por múltiples causas, en varias de ellas no han emprendido esa tarea de manera sistemática. Son necesarios proyectos transversales que incluyan la infancia y la adolescencia de nuestros alumnos y alumnas y se extiendan a la comunidad educativa, articulando aspectos biológicos, psicológicos, culturales, sociales, afectivos, éticos y religiosos."
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"La educación sexual -concluye el comunicado-, como toda verdadera educación, debe formar los corazones y las conciencias de nuestros jóvenes en orden a un crecimiento humano y cristiano pleno y armónico por eso reclamamos el derecho a educar a nuestros niños, niñas y jóvenes de acuerdo al propio ideario y convicciones éticas y religiosas, confiando en que un diálogo verdadero y democrático nos llevará a incrementar el encuentro y la amistad social".
EL TEXTO COMPLETO
Sí a la educación sexual
La educación sexual se encuentra hoy sobre la mesa del diálogo político, social, cultural y educativo en nuestra Argentina. El reciente debate mostró que el aborto no constituye ninguna solución, sino que es un drama humano personal y social. Hemos tomado conciencia de que hay que comenzar por la educación sexual que integre todas las dimensiones de la persona. Se pudo observar, además, que hay consenso de que dicha educación no debe limitarse a "saber qué hay que hacer para que una joven no quede embarazada", o a conocer el cuerpo de varones y mujeres como quien meramente conoce el funcionamiento de un dispositivo, sino que esa educación debe ser integral, vale decir, de toda la persona: su espiritualidad, sus valores, sus emociones, sus pensamientos, su contexto social, económico, familiar y obviamente su cuerpo y su salud. Debe ser una educación para el amor, que incluya la sexualidad pero que no se circunscriba solo a ella. Una educación así es, además, un camino excelente para prevenir el aborto, la iniciación sexual precoz, las enfermedades de transmisión sexual, la violencia y el abuso sexual.
Estamos convencidos de que debemos dar nuevos pasos para fortalecer la educación sexual en el ámbito intrafamiliar y escolar. A ello nos anima el papa Francisco en Amoris laetitia, donde afirma con claridad "Sí a la educación sexual". [1] Se trata de una educación sexual positiva, progresiva e interdisciplinar, como nos recuerda también la enseñanza de la Iglesia[2]. Solo una buena educación permite tomar decisiones libres y responsables.
Muchas instituciones educativas, desde hace tiempo, habían implementado la educación sexual pero por múltiples causas, en varias de ellas no han emprendido esa tarea de manera sistemática. Son necesarios proyectos transversales que incluyan la infancia y la adolescencia de nuestros alumnos y alumnas y se extiendan a la comunidad educativa, articulando aspectos biológicos, psicológicos, culturales, sociales, afectivos, éticos y religiosos.
La escuela pública en general y la católica en particular, pueden apoyar la insustituible tarea y derecho que tienen los padres a la educación sexual de sus hijos e hijas, con elementos teóricos, científicos y pedagógicos, aprovechando el hecho de que los niños, niñas y adolescentes pasan mucho tiempo en las instituciones educativas. Sin embargo, es muy importante que los chicos y chicas reciban en la escuela un mensaje coherente, alineado, complementario, respecto de aquel que reciben en el hogar. En ese sentido, la educación sexual integral debe respetar la libertad religiosa de las instituciones, y la libertad de conciencia, derecho sagrado e inalienable que debe ser siempre custodiado[3].
Nuestra fe cristiana y católica ofrece una visión de la persona humana muy valiosa, amplia e integral. Es una contribución al bien de todos que estamos llamados a ofrecer[4]. Varón y mujer son creados por Dios con la misma dignidad y como tales realizan su vocación de ser imagen de Dios "no sólo como personas individuales, sino asociados en pareja, como comunidad de amor"[5]. La sexualidad humana nos señala que la persona se realiza en el don de sí misma a los demás[6] y en este contexto el erotismo aparece como manifestación específicamente humana de la sexualidad, en él se puede encontrar "el significado esponsalicio del cuerpo y la auténtica dignidad del don" [7]
La educación sexual, como toda verdadera educación, debe formar los corazones y las conciencias de nuestros jóvenes en orden a un crecimiento humano y cristiano pleno y armónico por eso reclamamos el derecho a educar a nuestros niños, niñas y jóvenes de acuerdo al propio ideario y convicciones éticas y religiosas, confiando en que un diálogo verdadero y democrático nos llevará a incrementar el encuentro y la amistad social.
3 de octubre de 2018
Comisión Episcopal de Laicos y Familia
Comisión Episcopal de Educación
Oficina de Prensa
Conferencia Episcopal Argentina
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