Pablo Martínez se quedó ciego sin razón dos meses antes de cumplir los cinco años. Ahora, con 28, está sentado en Playa Varese, en Mar del Plata, la misma en la que entrena para el que va a ser su tercer mundial de surf adaptado.  Guarda algunos recuerdos de antes de perder la vista: andar en bicicleta, patear una pelota y mirar partidos de fútbol. Dice que de su papá heredó el gusto por los deportes y de su mamá el gusto por la música. Elige el rock nacional y las letras en español. "Los ciegos tenemos como una gran compañía que es la memoria de lo que escuchamos y eso nos enriquece por dentro", explica. Luis Alberto Spinetta, que hubiera cumplido años esta semana, es el primer tema del que empieza a charlar con Infobae.

"Hay una frase que él usa cuando habla del capitán Beto, decía que 'el anillo lo inmuniza de los peligros pero no lo protege de la tristeza'", cita sin errores el pasaje de "La Nave del Capitán Beto", canción de Invisible, la tercera banda de  Spinetta. "Yo creo que en el mar es al revés, no estás inmune del peligro, pero sos tan feliz cuando estás con la tabla que te protege de la tristeza" y la reflexión obliga al que lo escucha a quedarse en silencio, disfrutado de eso que acaba de decir. "Además era de River", se ríe él y usa el fútbol, ese dialecto común entre los hombres, la herencia de papá, para volver las cosas a la normalidad.

Además de lo obvio, del dato duro, de que Pablo es el primer surfista ciego de Argentina, lo que más le llama la atención al que acaba de conocerlo, es la charla. Por lo buena. Da ejemplos, trae frases de músicos, surfistas, académicos, siempre pertinente, nunca soberbio. Sabe decir de una forma sencilla, precisa y linda. Se trasluce que ese es su terreno, aprendió a hacerle sentir al otro con palabras las imágenes que a él le faltan.

Hace dos años una de sus profesoras de la Licenciatura en Kinesiología, carrera que está terminando de cursar, le habló del surf adaptado, una disciplina que desconocía. No mucho después estaba en una pileta intentando pararse en una tabla. Ese mismo día, Matías, que iba a ser su primer entrenador y al que acababa de conocer, le preguntó si se animaba a probar en el mar. "La primera ola que surfié fue un festejo, cayeron lágrimas, fue un bautismo, yo lo viví como eso", se acuerda y se sacude en el lugar, como si el momento volviera a recorrerle el sistema nervioso.

"No me resultó difícil probar, creo que el surf llega como un premio para mí, que soy una de esas personas que no podemos bajar los brazos. Cuando la vida te empieza difícil uno se vuelve un luchador y tu condición natural es no rendirte", grafica Pablo, para el que el surf está directamente relacionado a lo que llama "logros intangibles". "En el deporte podés medir cuál es la mejora, podés medir si estás bien o no, si tuviste un buen día o un mal día, pero el surf va trabajando por dentro, va trabajando en el alma. De hecho la tabla tiene algo que se llama el alma en la parte del medio, y si surfeás bien es porque estás ahí, sostenido por el alma. Y eso es metafórico pero es literal también", dice.

En 2016 y 2017 Pablo participó de sus dos primeros mundiales de surf adaptado, ambos en La Jolla, California, el único lugar del mundo preparado para que personas con discapacidad puedan acceder a una playa y ser parte de un torneo de esas características. Las dos veces obtuvo el sexto lugar, aunque admite que las experiencias fueron distintas: "La primera vez fue cumplir mi sueño y la segunda fue el sueño del equipo. La última vez la sensación inmediata fue un sabor amargo porque somos conscientes de que estábamos para más y si lo pensás con un espíritu competitivo te genera dolor. Después uno se pone a pensar y sabe que el hecho de estar ahí, de representar a la Argentina ya es un orgullo enorme, y lo hacemos con mucha pasión y mucho amor".

El que trabaja a la par de Pablo es Fernando Elichiribeti, su entrenador, parte clave de este sueño ya que el surf adaptado es un deporte en equipo. Dentro del agua debe haber necesariamente un guía, alguien dando indicaciones al participante. "El Chiri" entrena, corrige, tuvo que aprender de cero a transmitirle sus conocimientos a una persona ciega con la que terminó forjando una amistad y junto a la que hoy trabajan por mucho más que el éxito de dos.

"Lo que estamos haciendo marca un antes y un después definitivo, porque le abre las puertas no solamente a lo que nosotros vayamos a hacer de acá en adelante, se las abre también a quienes quizás necesitan tener este empujón, este pequeño estímulo para animarse a surfear o a lo que quieren hacer en la vida, a superar los límites que ellos mismos se ponen", subraya Pablo que entre risas vuelve a colar una frase: "Einstein fue el que dijo 'es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio'".

"Asumo riesgos para traer beneficios, si no estamos jugando a curiosear y esto no es eso", sostiene el surfista que buscará otra vez este 2018 meterse en la final del mundial, para así lograr que otros conozcan su historia, para que se animen, para contagiarlos. "Lo que queremos es facilitarle a los segundos, queremos dejar de ser los primeros, dejar de ser los únicos y formar un equipo, porque no creemos que esto pueda mantenerse en el tiempo si estamos solos". "Esto es como una casa, mientras más seamos más barata va a ser la hipoteca", agrega una nueva frase, que esta vez aclara le pertenece.

"Nosotros al no tener una institución de respaldo, hablo de algún complejo deportivo que nos aloje para poder entrenar en equipo, nos está faltando un espacio. Un lugar donde podamos entrenar, desarrollar estrategias de competencia. Y después el acompañamiento de sponsors, pero para eso nos falta gente que nos asesore en la forma de formular una gestión", expone sobre esta otra realidad, sobre la de la necesidad de encontrar apoyo.

Lo que empezó como un sueño personal de Pablo hoy es una búsqueda por mucho más. Antes de despedirse de Infobae, mientras evalúa si le gana a la lluvia y puede meterse una vez más al mar en Playa Varese, comparte una última frase, esta vez del surfista Kelly Slater"El surf es como una mafia, una vez que entraste no podés salir". A la que suma otra suya: "En la vida no encontrarás muchos lugares que te ofrezcan una experiencia, que te den una nueva oportunidad y el mar te la ofrece siempre".

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