Del hormigueo a las náuseas: el hallazgo que explica cómo el cerebro registra lo que siente el cuerpo

Un estudio de la Universidad de Stanford identificó tres zonas de esta estructura cerebral, asociadas con señales internas del cuerpo. Los detalles de la investigación publicada en Nature

Una representación hiperrealista de un cerebro humano translúcido con vías nerviosas iluminadas en azul y rojo, mostrando la amplificación de señales de dolor.
Un equipo de la Universidad de Stanford elaboró un mapa sobre la distribución del dolor y otras sensaciones corporales en la ínsula. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Un equipo de la Universidad de Stanford elaboró un mapa que muestra cómo la ínsula, una región en lo profundo del cerebro, distribuye el procesamiento del dolor y otras sensaciones corporales en regiones diferenciadas. El estudio, dirigido por el médico-científico Josef Parvizi y publicado en Nature, indica que la zona anterior se conecta con la corteza cerebral y puede intervenir en la interpretación de esas señales.

La investigación no estimuló cerebros de personas sanas. Los científicos trabajaron con 87 personas que ya tenían electrodos implantados por razones médicas y realizaron experimentos durante más de una década. Parvizi y sus colegas enviaron corrientes eléctricas a través de los electrodos hacia varios sitios de las ínsulas de los participantes.

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La ínsula se encuentra en una zona profunda del cerebro, lo que había dificultado su estudio detallado. Los trabajos anteriores se habían basado sobre todo en imágenes cerebrales para observar su actividad ante estímulos como el dolor o la presión.

Un hombre con bata azul frente a un monitor que exhibe resonancias magnéticas cerebrales en una mesa de trabajo.
Los investigadores estudiarán los cambios en la arquitectura de la ínsula en personas con síndrome de dolor crónico (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según un artículo de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, la corteza insular se localiza en la profundidad del surco lateral del cerebro. También conocida como la Isla de Reil debido a su descubrimiento inicial por Johann Christian Reil en 1809, la ínsula es una región de la corteza que no es visible desde la superficie.

“Un metaanálisis de casi 1800 experimentos de neuroimagen funcional realizado por Kurth y colaboradores sugirió la existencia de cuatro regiones funcionalmente distintas en la ínsula humana: una región sensoriomotora ubicada en la ínsula medio-posterior; una región central-olfatogustativa; una región socioemocional en la ínsula anteroventral; y una región cognitiva anterodorsal”, detalló el artículo.

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Tres zonas insulares para sensaciones corporales distintas

Una mujer en bata de laboratorio señala un monitor grande que muestra una resonancia magnética funcional de un cerebro con vías neuronales de colores.
La investigación analizó datos de 87 personas con electrodos implantados por motivos médicos durante más de una década. (Imagen Ilustrativa Infobae)

De acuerdo a los investigadores de la Universidad de Stanford, la estimulación de la parte posterior de la ínsula provocó dolor, calor, hormigueo y entumecimiento en zonas concretas del cuerpo, como brazos o piernas. Este patrón sugiere que esa región participa en el procesamiento de señales procedentes de partes específicas del organismo.

Las corrientes aplicadas en la parte media de la ínsula generaron sensaciones viscerales, entre ellas náuseas, presión y llenura en el pecho. Los resultados diferenciaron estas percepciones de las respuestas ligadas a zonas externas del cuerpo.

La porción anterior de la ínsula no produjo muchas sensaciones durante la estimulación directa. Sin embargo, las señales eléctricas de las neuronas mostraron que se activaba cuando los participantes realizaban una tarea de detección de saliencia, la capacidad de priorizar ciertos tipos de información frente a otros.

La ínsula anterior y la interpretación cerebral del cuerpo

Ilustración 3D estilo rayos X de torso humano azul translúcido con estructura ósea visible, mano en el pecho y puntos rojos de calor, fondo oscuro.
Las corrientes eléctricas aplicadas en la parte media de la ínsula generaron sensaciones viscerales como náuseas y presión en el pecho. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La sección frontal de la ínsula envió más señales a otras áreas de la misma estructura de las que recibió, según los experimentos. También se comunicó con regiones cerebrales vinculadas con la cognición y la emoción.

Este circuito sugiere que la ínsula no solo procesa dolor, náuseas o presión, sino que podría participar en la forma en que el cerebro interpreta esas experiencias y responde a ellas. Parvizi explicó que la región no se limita a “leer” el cuerpo, sino que influye en la interpretación de cómo debería sentirse.

Lucina Uddin, neurocientífica cognitiva de la Universidad de California en Los Ángeles, calificó el trabajo en Nature como un logro y sostuvo que figura entre las investigaciones más completas sobre la ínsula y la generación de sensaciones corporales.

Medir cómo se distribuyen el dolor y otras sensaciones en el cuerpo podría ayudar a comprender de qué manera la ínsula modifica la experiencia subjetiva de esos estímulos, afirmó en Nature Charalampos Labrakakis, neurocientífico de la Universidad de Ioannina, en Grecia.

El próximo paso del equipo será examinar cómo cambia la arquitectura de la ínsula en personas con trastornos neuropsiquiátricos, incluido el síndrome de dolor crónico. “Necesitamos usar este conocimiento para entender las condiciones incapacitantes”, dijo Parvizi.

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