El consumo habitual de café se asociaría con una menor incidencia de varios tipos de cáncer

Seis oncólogos desglosan los compuestos detrás del efecto, explican cómo incorporarlo de forma adecuada y advierten sobre los límites actuales de la evidencia

Dos manos con suéter tejido sostienen una taza gris llena de café negro humeante sobre un fondo difuminado de madera y plantas
El consumo habitual de café podría asociarse con un menor riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Tomar café de forma habitual podría asociarse con un menor riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer, según seis oncólogos consultados por la revista Parade. La clave, advierten los especialistas, está en los compuestos naturales de la bebida y en la forma en que se consume.

El café tiene, en su composición, una serie de moléculas bioactivas que los investigadores llevan años estudiando por sus posibles efectos sobre la salud. Entre ellas se encuentran el ácido clorogénico, el ácido quínico, el kahweol, el cafestol y el N-metilpiridinio.

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Según Jamie Koprivnikar, hematólogo y oncólogo del Centro de Cáncer John Theurer del Centro Médico Universitario Hackensack, cada uno de esos compuestos actúa por vías distintas: el ácido clorogénico neutraliza radicales libres que dañan el ADN; el ácido quínico induce la muerte programada de células cancerosas; el kahweol y el cafestol frenan el crecimiento tumoral y estimulan enzimas que desintoxican carcinógenos; y el N-metilpiridinio, que se forma durante el tostado, refuerza las defensas antioxidantes del organismo.

Koprivnikar matizó que algunos estudios apuntan además a que el café de tostado oscuro podría reducir la fragmentación de las cadenas de ADN, un tipo de daño que, si no se repara, tiene potencial de derivar en cáncer.

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Vista superior de una taza con café negro, granos de café tostados dispersos, una cuchara dorada y un paño gris sobre piedra
Los compuestos bioactivos del café neutralizan radicales libres y ayudan a proteger el ADN contra posibles daños (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cómo consumirlo para conservar sus beneficios

El modo en que se toma el café define en gran medida si sus propiedades se mantienen o se cancelan. La adición de grandes cantidades de azúcar y crema convierte lo que podría ser una bebida con propiedades antiinflamatorias en una preparación alta en calorías y grasas saturadas, con efectos opuestos a los buscados.

Tingting Tan, oncóloga médica y hematóloga del City of Hope en Newport Beach, California, fue directa al respecto: una pequeña cantidad de leche no altera el perfil beneficioso del café, pero convertirlo en una bebida dulce y calórica de forma habitual sí puede hacerlo. Las mezclas blended muy azucaradas deberían reservarse para el consumo ocasional, no diario.

La oncóloga advirtió además que consumir bebidas extremadamente calientes con regularidad se vincula con un mayor riesgo de cáncer de esófago, por lo que recomienda dejar enfriar la taza antes de beberla.

Cuánto tomar para que el hábito sea beneficioso

En cuanto a la cantidad, Simran Padam, oncólogo investigador, recomendó un rango de una a dos tazas diarias como referencia práctica, aunque aclaró que el tamaño del recipiente, la concentración del preparado y la tolerancia individual modifican ese parámetro. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de los Estados Unidos establece que hasta 400 miligramos de cafeína por día no se asocian, en general, con efectos adversos en adultos sanos.

Los hermanos oncólogos Rohit Gosain y Rahul Gosain, conocidos como The Oncology Brothers, citaron metaanálisis que vinculan el consumo de más de dos tazas diarias de café sin azúcar con una menor incidencia general de cáncer. Las asociaciones más consistentes se observan en tumores de hígado, endometrio, cavidad oral, faringe, tracto gastrointestinal, colon y recto, próstata y melanoma.

Manos de una persona sostienen una taza blanca con café humeante
El consumo constante de bebidas a temperaturas extremadamente altas se vincula con un mayor riesgo de cáncer de esófago (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los estudios muestran vínculos, no pruebas

Todos los especialistas consultados insistieron en una distinción central: que los estudios observacionales muestren una correlación entre el consumo de café y menores tasas de ciertos cánceres no implica que el café sea su causa.

“No podemos concluir que el café prevenga el cáncer, y no aconsejaría a nadie que empiece a tomarlo específicamente con ese propósito”, precisó Padam. Los Gosain sumaron que en los estudios de este tipo intervienen múltiples factores de confusión que dificultan establecer relaciones causales.

La cafeína no afecta igual a todas las personas

Más allá del debate sobre causalidad, Latonya Riddle-Jones, directora adjunta de alcance clínico del Instituto de Cáncer Barbara Ann Karmanos, advirtió que los efectos del café tampoco son uniformes entre tipos de cáncer: lo que podría reducir el riesgo en algunos tumores podría tener consecuencias opuestas en otros.

Tan afirmó que la cafeína afecta de manera distinta a cada persona: en algunos provoca ansiedad, taquicardia, problemas digestivos o alteraciones del sueño, y puede agravar el reflujo gastroesofágico. Quienes estén embarazadas, en período de lactancia o padezcan ciertas arritmias deben consultar con su médico antes de incorporar el café como hábito.

Para quienes son sensibles a la cafeína, el café descafeinado conserva buena parte de los compuestos vegetales del café regular. Tan aclaró que algunos estudios también lo asocian con beneficios para la salud, lo que sugiere que la cafeína no es el único factor en juego.

Boca y manos de una persona bebiendo café de una taza blanca. La persona viste un suéter de punto color crema y lleva un anillo dorado
Los estudios observacionales señalan una correlación entre el café y un menor riesgo de cáncer, pero no prueban una relación de causalidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Té verde: la alternativa al café con respaldo científico

Para quienes no disfrutan del sabor del café, Riddle-Jones señaló al té verde como la opción con mayor sustento en la literatura científica. Su consumo constante se asocia con una reducción moderada del colesterol LDL, una leve baja de la presión arterial, efectos antiinflamatorios y apoyo a la función cognitiva.

En términos oncológicos, los estudios más consistentes lo vinculan con una menor incidencia de cánceres de mama, ovario, hígado, colon y recto, piel, próstata y cavidad oral.

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