La lucha del aguará guazú en Argentina: por qué el gigante de los humedales enfrenta una amenaza diaria

El cánido más grande de Sudamérica está bajo amenaza por atropellamientos en las rutas, fragmentación ambiental y mascotismo. Las 5 medidas clave para protegerlo

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El Día Internacional del aguará guazú visibiliza los peligros que enfrenta el cánido más grande de Sudamérica por la pérdida de hábitat y los siniestros viales. (Francisa Dipaola / Fundación Temaikén)
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Cada vez que un aguará guazú cruza una ruta, la supervivencia de una especie vulnerable queda a merced de unos segundos. Sus patas largas, adaptadas para caminar entre pastizales y bañados, también lo llevan a atravesar caminos que partieron su territorio en dos.

Este 5 de octubre, el Día Internacional del cánido más grande del continente vuelve a poner el foco sobre un animal amenazado por la pérdida de hábitat, los siniestros viales y el mascotismo en los pastizales, sabanas y humedales de Sudamérica.

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En Argentina, el aguará guazú (Chrysocyon brachyurus) habita en Corrientes, Formosa, Chaco, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, Buenos Aires, Santiago del Estero y Misiones. Su silueta, alta y delgada, forma parte del paisaje rural y alimenta relatos populares desde hace generaciones. Aun así, continúa como una especie poco conocida fuera de los territorios que recorre.

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La especie habita en nueve provincias argentinas y figura categorizada como vulnerable a nivel nacional debido a la fragmentación de su ambiente. (Fundación Temaikén)

A nivel nacional, está categorizado como Vulnerable. En la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), figura como Casi Amenazado. La expansión agropecuaria y urbana redujo y fragmentó los ambientes que necesita para desplazarse, alimentarse y reproducirse.

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A esa presión se suma una amenaza visible sobre el asfalto. En Santa Fe, 211 aguará guazú murieron en siniestros viales durante los últimos siete años, según datos de la Dirección de Manejo Sustentable de Fauna Silvestre provincial.

El aguará guazú necesita grandes extensiones conectadas para encontrar alimento, refugio y pareja. Cuando los pastizales, bañados y montes quedan separados por cultivos, urbanizaciones, alambrados o caminos, sus recorridos se transforman en trayectos de riesgo.

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Un total de 211 ejemplares de aguará guazú murieron en siniestros viales en la provincia de Santa Fe durante los últimos siete años. (Fundación Temaikén)

La pérdida de continuidad no solo achica el espacio disponible. También puede aislar poblaciones, reducir el intercambio entre animales y obligarlos a cruzar sectores con circulación vehicular. Para una especie de baja densidad poblacional, la muerte de cada ejemplar tiene un impacto que va más allá de una estadística.

La respuesta requiere 5 medidas sostenidas

  • Implementar corredores de fauna.
  • Instalar señalización en puntos críticos.
  • Mantener a los conductores atentos en los caminos que atraviesan ambientes naturales.
  • Identificar los lugares y horarios de mayor circulación de animales para orientar parte de esas acciones.
  • Avisar a las autoridades ante el hallazgo de un ejemplar herido.

La convivencia con la fauna silvestre exige, además, evitar intervenciones apresuradas. Un cachorro solo no siempre está abandonado: los adultos pueden alejarse durante un tiempo para buscar alimento o trasladar a las crías entre refugios. Ante un hallazgo, la recomendación es no tocarlo ni alimentarlo y comunicarse con organismos de fauna o equipos especializados.

El rescate existe, pero las posibilidades son escasas

Los equipos de rescate pueden asistir a algunos animales que sobreviven a un impacto. El margen de recuperación, sin embargo, es limitado. Según los registros oficiales de Santa Fe, apenas el 0,9% de los aguará guazú atropellados logra rehabilitarse y volver a su ambiente natural.

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El monitoreo con collares satelitales equipados con tecnología GPS permite rastrear los recorridos de la especie e identificar zonas de riesgo. (Francisa Dipaola / Fundación Temaikén)

El escenario se completa con otras amenazas: la captura ilegal de cachorros para mantenerlos como mascotas y la caza, impulsadas en parte por prejuicios sobre su comportamiento. El aguará guazú no representa una amenaza para el ganado. Su dieta se compone, sobre todo, de frutos, insectos, pequeños roedores y anfibios.

“El aguará guazú es una especie clave para el equilibrio de los ambientes donde vive, y a la vez una de las más golpeadas por los atropellamientos y la pérdida de hábitat”, afirmó Guillermo Delfino, coordinador del Programa de Especies Amenazadas de Fundación Temaikèn.

La organización trabaja desde hace más de dos décadas en investigación, rescate, rehabilitación y producción de información para orientar medidas de conservación.

Un caminante que también siembra

La protección del aguará guazú está unida a la conservación de los ambientes que habita. Al consumir frutos y trasladar semillas en sus recorridos, participa en la regeneración de pastizales y humedales.

Aguará guazú de pelaje rojizo y patas largas caminando de perfil entre vegetación alta y agua en un entorno natural.
La dieta del aguará guazú se compone de frutos, insectos y roedores, por lo que no representa un peligro para el ganado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Su presencia también tiene un lugar en la cultura popular. Para los pueblos toba y mocoví, es un animal protector. En la tradición criolla, su figura quedó ligada a la leyenda del Lobizón. Entre el mito y la amenaza concreta, el aguará guazú persiste como una de las especies más singulares de la fauna sudamericana.

El programa de Fundación Temaikèn reúne estudios de salud y ecología, rescate, rehabilitación y reinserción. Los ejemplares liberados pueden ser monitoreados con collares satelitales con tecnología GPS, que permiten reconstruir sus desplazamientos e identificar zonas críticas.

La fundación también co-lidera el programa S.A.F.E. (Saving Animals From Extinction) de la Asociación de Zoológicos y Acuarios de Estados Unidos (AZA) y coordina el manejo poblacional bajo cuidado profesional desde la Asociación Latinoamericana de Parques Zoológicos y Acuarios (ALPZA).

Cuatro cachorros en Ansenuza, una señal entre los humedales

Uno de los tantos monitoreos que existen ya aportó una escena poco frecuente en Córdoba. En septiembre, cámaras trampa confirmaron el nacimiento de cuatro crías de aguará guazú en el entorno del Parque Nacional Ansenuza.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Un sistema de cámaras trampa confirmó el nacimiento de cuatro crías de aguará guazú en el entorno del Parque Nacional Ansenuza. (Captura video @a.distel)

El registro fue posible a partir del seguimiento de Cucusa, una hembra equipada con un collar de rastreo. Los cambios en sus movimientos llevaron a instalar ocho cámaras en el área. Las imágenes mostraron a la familia sin interferir en su comportamiento y aportaron datos sobre los refugios que utiliza durante la crianza.

La experiencia, desarrollada por Aves Argentinas, la Administración de Parques Nacionales y la Secretaría de Ambiente de Córdoba, ofrece información para proteger a la especie en una etapa decisiva de su ciclo de vida. También deja una señal: mientras haya humedales conectados y rutas más seguras, el aguará guazú todavía tendrá caminos para recorrer.

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