Qué revelan los huesos sobre la dieta de los antiguos griegos y cómo cambió su alimentación con el paso de los siglos

Un estudio de restos humanos de Abdera reconstruyó hábitos alimentarios, movilidad y prácticas de destete a lo largo de unos nueve siglos

Los huesos de antiguos habitantes de Abdera conservaron señales químicas que permitieron reconstruir su alimentación y sus cambios durante unos nueve siglos (Imagen ilustrativa Infobae)
Los huesos de antiguos habitantes de Abdera conservaron señales químicas que permitieron reconstruir su alimentación y sus cambios durante unos nueve siglos (Imagen ilustrativa Infobae)
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Los huesos de personas que vivieron hace más de 2.000 años pueden conservar señales químicas de los alimentos que formaron parte de su dieta. A partir de esa información, un equipo de investigadores reconstruyó los hábitos alimentarios de los habitantes de Abdera, una antigua colonia griega situada en la costa norte del mar Egeo, y siguió sus cambios a lo largo de unos nueve siglos.

El estudio, publicado en 2025 en Archaeological and Anthropological Sciences, analizó restos correspondientes a 109 adultos y menores, fechados entre el 654 a. C. y aproximadamente el 400 d. C. Los científicos estudiaron isótopos estables de carbono, nitrógeno y azufre conservados en el colágeno óseo para obtener información sobre los alimentos consumidos y, en determinados casos, sobre movimientos de población.

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Una dieta dominada por vegetales y pescado

Los resultados indican que las plantas C3, categoría que incluye numerosos cereales, granos y vegetales, constituyeron uno de los componentes predominantes de la alimentación en Abdera durante los distintos períodos estudiados. El análisis también detectó una presencia importante de pescado, especialmente procedente de ambientes de agua dulce, mientras que la contribución de carne y productos animales fue relativamente baja.

Los investigadores encontraron además rastros compatibles con el consumo de plantas C4, principalmente mijo, aunque en proporciones menores. El patrón isotópico llevó a los autores a considerar que, en este caso, la señal probablemente procedía del consumo directo del cereal y no solamente de carne o lácteos obtenidos de animales alimentados con mijo.

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Ilustración en papel beige de espigas de trigo, dos racimos de uvas, un pez, semillas de mijo y un fragmento de hueso en sección transversal.
La dieta en Abdera se basó principalmente en cereales, granos y vegetales, con una presencia destacada de pescado y un consumo menor de carne, lácteos y mijo (Imagen Ilustrativa Infobae)

La importancia de los vegetales coincide con la evidencia histórica y arqueológica sobre la economía de la región. El territorio alrededor de Abdera contaba con tierras fértiles destinadas al cultivo de cereales y vid, mientras que documentos antiguos reflejan la relevancia del trigo y de la producción de vino para la ciudad.

Qué cambió a lo largo de nueve siglos

La investigación no encontró una transformación completa de la dieta con el paso del tiempo. Las plantas C3 y el pescado continuaron ocupando un lugar central desde las primeras etapas de la colonia hasta el período romano, aunque las proporciones relativas de las distintas fuentes variaron entre momentos históricos.

Durante el período clásico, por ejemplo, el modelo empleado por los científicos estimó un aumento de la contribución del pescado de agua dulce, mientras que el mijo y los recursos marinos mostraron una participación menor. En las etapas helenística y romana aparecieron variaciones más marcadas al comparar Abdera con otras ciudades antiguas incluidas en el análisis.

El trabajo utilizó modelos bayesianos para contrastar los datos de Abdera con registros publicados de lugares como Atenas, Tebas, Cnosos, Helike, Edessa y Apollonia Pontica. En conjunto, las plantas C3 y los recursos de agua dulce conservaron un peso importante, aunque la diversidad aumentó durante los períodos helenístico y romano, etapas caracterizadas por mayores intercambios y transformaciones sociales.

La alimentación también dejó señales sobre la infancia

Los huesos aportaron información que fue más allá de los alimentos consumidos por los adultos. Los investigadores analizaron los valores isotópicos de individuos jóvenes para estimar las prácticas de lactancia y destete durante las primeras etapas de la colonia.

El modelo estimó que entre los primeros colonos procedentes de Clazómenas el destete habría comenzado alrededor de los 3,4 años y terminado cerca de los 6,3 años, un período prolongado en comparación con etapas posteriores.

Los autores plantearon que las difíciles condiciones de vida durante la fundación de la colonia pudieron favorecer una lactancia más extensa como estrategia para complementar la alimentación infantil, aunque también señalaron limitaciones derivadas de la composición de la muestra.

Acuarela de una mujer vestida con una túnica blanca que amamanta a un bebé sentada en un banco de piedra entre columnas y olivos.
El análisis de restos infantiles permitió estimar que los primeros colonos de Abdera habrían mantenido una lactancia prolongada, posiblemente como estrategia para complementar la alimentación durante condiciones de vida difíciles (Imagen Ilustrativa Infobae)

Abdera había sido fundada inicialmente por colonos de Clazómenas en 654 a. C. y recibió una nueva corriente de habitantes procedentes de Teos aproximadamente un siglo después. Según los investigadores, las primeras generaciones atravesaron condiciones ambientales y sociales difíciles, mientras que la segunda colonización consiguió consolidar el asentamiento y aprovechar mejor los recursos disponibles.

El análisis del azufre también reveló una mayor variabilidad entre algunas mujeres, especialmente durante la primera etapa colonial, un resultado que los autores consideran compatible con diferencias de movilidad y procedencia, aunque el tamaño de las muestras impide establecer conclusiones definitivas.

Para los investigadores, los resultados muestran que estudiar la alimentación permite reconstruir no solo qué comía una población, sino también cómo se adaptaba a su entorno y cómo cambiaban sus estrategias de subsistencia a través de las generaciones. En Abdera, los restos óseos indican que una base alimentaria sostenida durante siglos convivió con variaciones vinculadas con la colonización, la movilidad y las transformaciones históricas de la ciudad.

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