Cuándo conviene hacerse un control de audición: señales cotidianas que no conviene ignorar

Dificultades para entender conversaciones, subir el volumen o pedir repeticiones pueden motivar una evaluación profesional

Ilustración de un hombre sentado en una mesa con la mano en la oreja entre comensales y globos de diálogo con líneas enredadas.
La pérdida de audición se manifiesta de manera gradual con dificultades para comprender palabras antes de percibir una disminución del volumen (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La pérdida de audición no siempre se manifiesta como un silencio repentino. A veces aparece al pedir que repitan una frase, subir el volumen del televisor o perder partes de una charla en un restaurante. La detección temprana permite orientar una consulta, mientras que la exposición sostenida al ruido puede favorecer un deterioro gradual.

Un episodio aislado no permite establecer que exista un problema. La señal de atención aparece cuando estas dificultades se vuelven frecuentes, afectan la comunicación cotidiana o se presentan en distintos contextos. En esos casos, una evaluación profesional puede determinar el grado de compromiso y los factores que podrían estar involucrados.

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Oír una voz no siempre equivale a entender las palabras

Una de las señales más habituales consiste en percibir que alguien habla, pero no lograr distinguir con claridad lo que dice cuando hay ruido alrededor. Restaurantes, reuniones familiares, oficinas compartidas, llamadas telefónicas o espacios con música pueden volver más difícil seguir una conversación cuando varias voces compiten al mismo tiempo.

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Las dificultades para comprender palabras entre ruidos o varias voces pueden ser una señal de alerta si se repiten con frecuencia (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos incluye entre los motivos para consultar los problemas para entender por teléfono, seguir conversaciones entre dos o más personas, comprender el habla con ruido de fondo y escuchar voces infantiles o agudas. También menciona la impresión de que otras personas murmuran, aun cuando quienes están alrededor no perciben esa dificultad.

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Pedir repeticiones con frecuencia puede ser otro indicio. La situación no implica necesariamente que la persona no escuche ningún sonido: en algunos casos, el problema se concentra en interpretar las palabras, sobre todo cuando hay interferencias acústicas, distancia entre los interlocutores o varias personas que hablan a la vez.

La pérdida auditiva relacionada con la edad suele desarrollarse de manera gradual. Por eso, algunas personas pueden tardar en advertir el cambio y atribuirlo al cansancio, a la falta de atención o al ruido del entorno. El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento señala que este proceso puede dificultar la comprensión del habla y la tolerancia a sonidos intensos, además de afectar ambos oídos de forma similar.

El volumen del televisor y las llamadas pueden mostrar cambios persistentes

Subir el volumen de la televisión o de la radio más de lo que necesitan otras personas es una situación que conviene observar. También lo es evitar hablar por teléfono porque cuesta entender a quien está del otro lado, incluso si la llamada no presenta problemas técnicos.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos informaron que, en 2019, el 26,8% de las personas de 65 años o más tenía alguna dificultad para oír, incluso con el uso de audífonos.

El porcentaje no equivale a todos los casos de pérdida auditiva asociada a la edad ni puede trasladarse de forma automática a otros países, pero muestra que estas dificultades aumentan con los años. El informe del organismo también registró una mayor prevalencia entre los grupos de mayor edad.

Las dificultades para oír se vuelven más frecuentes con la edad y afectan a una proporción relevante de los adultos mayores (iStock)
Las dificultades para oír se vuelven más frecuentes con la edad y afectan a una proporción relevante de los adultos mayores (iStock)

La necesidad de pedir aclaraciones no debe evaluarse de forma aislada. Una conversación difícil en un lugar con mucho ruido puede ocurrirle a cualquier persona. La consulta cobra más relevancia si las dificultades se repiten en casa, en el trabajo, en reuniones, al ver televisión o al hablar por teléfono.

Entre los factores que pueden afectar la audición figuran el envejecimiento, la exposición reiterada a sonidos fuertes, algunas enfermedades, infecciones, acumulación de cerumen y medicamentos que pueden dañar el sistema auditivo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la identificación temprana para evaluar estos factores y definir el acompañamiento adecuado.

Los zumbidos y los cambios repentinos requieren una consulta diferenciada

El tinnitus, conocido como zumbido, pitido, silbido o ruido en uno o ambos oídos sin una fuente externa, puede aparecer junto con una pérdida auditiva, aunque también tiene otras causas posibles. La OMS señala que puede relacionarse con exposición a sonidos intensos, infecciones, acumulación de cerumen, medicamentos ototóxicos, lesiones en la cabeza o el cuello y otras condiciones de salud.

Un zumbido persistente merece una consulta, sobre todo si afecta el descanso, la concentración o la comunicación. También conviene pedir atención médica si aparece junto con dolor, mareos o una disminución de la audición.

Hay una diferencia relevante entre los cambios graduales y la pérdida súbita de audición. El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento advierte que una disminución rápida e inexplicada de la capacidad auditiva, ocurrida de inmediato o en pocos días, debe considerarse una urgencia médica y requiere atención sin demora.

La consulta puede comenzar con un médico clínico o de atención primaria, que podrá indicar una evaluación auditiva o derivar a un otorrinolaringólogo o un audiólogo. Detectar un cambio no implica anticipar un diagnóstico, pero permite evitar que una dificultad persistente quede normalizada y afecte cada vez más la comunicación diaria.

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