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Cuáles son los hábitos cotidianos que favorecen la pérdida de la audición

El oído cumple una función central en la comunicación y el vínculo con el entorno, pero la exposición al ruido, ciertas conductas y el paso del tiempo pueden alterar su funcionamiento de forma gradual

Ilustración de una persona de perfil con ondas de sonido coloridas que se fragmentan junto a su oído. El fondo es un degradado violeta y azul.
La exposición sostenida al ruido favorece la pérdida de la audición porque el daño auditivo se acumula con el tiempo y puede pasar desapercibido (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La audición es uno de los sentidos más sensibles. El oído interno contiene estructuras diminutas que transforman las vibraciones sonoras en señales que el cerebro interpreta como sonido. Cuando esas estructuras se dañan, la alteración puede avanzar de forma gradual y pasar desapercibida durante mucho tiempo.

Esa característica vuelve relevante a los hábitos diarios y a los factores que se acumulan con los años. La exposición al ruido, el uso de auriculares a volumen elevado, ciertos consumos y el envejecimiento forman parte de un cuadro complejo en el que la prevención ocupa un lugar central. Expertos afirman que parte del deterioro auditivo puede evitarse o al menos detectarse antes, siempre que se preste atención a señales tempranas y a condiciones de riesgo conocidas.

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Hábitos que dañan la audición

Una de las amenazas más frecuentes para la salud auditiva es la exposición sostenida a sonidos intensos. Según la Cleveland Clinic, el daño provocado por ruidos fuertes no siempre genera efectos inmediatos, pero se acumula con el tiempo. Sharon Sandridge, doctora en audiología, explicó a la clínica que, cuando la pérdida auditiva aparece en una prueba, el compromiso ya puede ser importante.

Mujer de cabello rizado con suéter gris se toca el oído derecho, sentada en un sofá de cuero. Su rostro muestra expresión de molestia con ojos cerrados.
Los especialistas recomiendan bajar el volumen y limitar el tiempo de uso de auriculares para proteger la salud auditiva (Imagen Ilustrativa Infobae)

Asimismo, indicó que los oídos pueden tolerar alrededor de 85 decibelios durante un máximo de ocho horas al día, y que el tiempo de escucha seguro cae con rapidez a medida que sube el volumen. También precisó que auriculares de teléfonos inteligentes pueden alcanzar 105 decibelios o más, un nivel frente al cual la escucha segura se reduce a unos pocos minutos por día. Entre las situaciones con niveles altos de ruido, los expertos mencionaron conciertos, salas de cine, clases de fitness, fuegos artificiales, herramientas motorizadas y deportes de motor.

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El uso de auriculares constituye otro foco de atención. La audióloga Valerie Pavlovich Ruff, citada por Cleveland Clinic, afirmó que la exposición repetida a ruidos fuertes a través de estos dispositivos puede causar daños irreparables con el tiempo. Teléfonos y tablets pueden emitir hasta 110 decibelios cuando se utilizan al volumen máximo, una intensidad que puede dañar los oídos en apenas cinco minutos. La especialista añadió que un indicio práctico de volumen excesivo aparece cuando otras personas pueden escuchar lo que sale de los auriculares.

De este modo, recomiendan bajar el volumen, limitar el tiempo de escucha, elegir dispositivos que ajusten bien y optar por modelos con limitador de sonido para reducir el riesgo. Ruff indicó que la combinación entre volumen alto y tiempo de exposición resulta decisiva, y planteó como referencia que escuchar al 50% o 60% del volumen máximo reduce la carga sobre el oído frente a niveles más altos.

Las fuentes también describen hábitos no vinculados de manera directa con el ruido. Hearing Aid and Audiology Associates señaló que el consumo excesivo de alcohol puede afectar la capacidad del cerebro para procesar sonidos de baja frecuencia y dificultar la distinción de voces en ambientes ruidosos. El centro explicó que distintos estudios relacionaron ese consumo con alteraciones en la corteza auditiva central, encargada de interpretar el sonido.

Primer plano del perfil de la oreja derecha de una chica con cabello castaño claro, llevando un auricular inalámbrico blanco en el conducto auditivo.
Los auriculares a volumen alto aumentan el riesgo de pérdida auditiva, ya que teléfonos y tablets pueden emitir decibelios capaces de dañar el oído en pocos minutos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los especialistas en audiología también destacaron el tabaquismo. La nicotina restringe el flujo sanguíneo necesario para el funcionamiento de las células ciliadas del oído interno, y la muerte de esas células puede derivar en pérdida auditiva permanente. Asimismo, la exposición al humo ajeno también representa un riesgo, en especial en niños. El vapeo también es una práctica que puede implicar una amenaza similar por la presencia de nicotina y otras sustancias químicas.

Otro hábito que puede agravar el problema es demorar la consulta ante señales iniciales. Hearing Aid and Audiology Associates remarcó que la pérdida auditiva suele instalarse de forma lenta, lo que favorece que pase inadvertida en las primeras etapas. Entre los indicios que describieron los especialistas figuran la dificultad para seguir conversaciones en lugares ruidosos, la necesidad de subir el volumen de la televisión o la radio, la percepción amortiguada de algunos sonidos y el zumbido en los oídos.

Factores de riesgo y riesgos en la población mayor

La edad aparece como uno de los principales factores asociados al deterioro de la audición. Mayo Clinic explicó que la pérdida auditiva que surge de forma paulatina con el envejecimiento, también llamada presbiacusia, es frecuente, y afecta a más de la mitad de las personas mayores de 75 años. La institución detalló que el envejecimiento y la exposición a ruidos fuertes pueden dañar los vellos y neuronas de la cóclea, estructuras que participan en la transmisión de señales sonoras al cerebro.

La clínica estadounidense describió tres tipos de pérdida auditiva: conductiva, neurosensorial y mixta. En el caso de la población mayor, las formas ligadas al envejecimiento suelen relacionarse con el oído interno. La entidad también enumeró síntomas como dificultad para entender palabras en una multitud, molestia ante el ruido de fondo, necesidad de pedir que otras personas hablen más alto o con mayor claridad y tinnitus, definido como zumbido en los oídos.

Primer plano de una mujer de cabello blanco y piel arrugada, tocándose el orificio de la oreja derecha con el dedo índice.
La edad es un factor central en la pérdida auditiva, ya que la presbiacusia afecta a más de la mitad de las personas mayores de 75 años (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además de la edad, existen otros factores de riesgo que pueden incrementar el daño o acelerar su aparición. Entre ellos figuran la exposición laboral al ruido, ciertas actividades recreativas, algunos medicamentos con potencial ototóxico, infecciones, acumulación de cerumen y antecedentes genéticos. La institución también advirtió que la pérdida auditiva puede vincularse con aislamiento social, depresión, deterioro cognitivo y mayor riesgo de caídas en adultos mayores.

Un estudio publicado en American Journal of Lifestyle Medicine analizó la asociación entre hábitos alimentarios y pérdida auditiva en 654 personas de entre 60 y 97 años atendidas en un servicio ambulatorio de salud auditiva. El trabajo encontró una mayor prevalencia de pérdida auditiva neurosensorial de grado moderado y observó que quienes consumían con mayor frecuencia alimentos como pescado, arroz, porotos, té y frutas presentaban mejor audición que quienes los consumían menos.

La investigación señaló, a partir de análisis ajustados por sexo y edad, que el consumo de pescado, porotos y arroz se asoció con una menor probabilidad de pérdida auditiva percibida. También indicó una asociación entre el consumo de café y una mayor pérdida auditiva dentro de la muestra analizada. Los autores plantearon que los alimentos con componentes antiinflamatorios y antioxidantes podrían contribuir a reducir el riesgo de pérdida auditiva relacionada con la edad, aunque el trabajo fue de tipo transversal y se centró en asociaciones observadas en una población específica.

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