Qué pasa en el cuerpo cuando se cambia de una dieta baja en carbohidratos a una alta

Un estudio en adultos que habían bajado de peso con un plan reducido en hidratos de carbono, halló que la respuesta biológica luego de la reintroducción de estos alimentos variaba según su origen, con mayor activación inmunológica en quienes incorporaron almidones refinados

Mujer sentada a la mesa de una cocina con una taza en la mano, ante un plato con tostadas, un tazón de frutas y un vaso de jugo.
La investigación mostró que volver a incorporar carbohidratos después de una dieta muy baja en carbohidratos no tuvo el mismo efecto según la fuente de esos nutrientes. (Imagen Ilustrativa Infobae)
Guardar

Una investigación con adultos que habían bajado de peso con una dieta muy baja en carbohidratos encontró que volver a una alimentación alta en carbohidratos refinados con almidón activó marcadores del sistema inmunitario en mayor medida que mantener la restricción de carbohidratos o pasar a una dieta alta en azúcares añadidos, aunque las tres pautas tenían el mismo aporte calórico.

El estudio fue publicado en Cell Press Blue, la plataforma editorial de Cell Press, y destacado por el médico y divulgador Eric Topol en su cuenta de X, donde llamó la atención sobre un resultado puntual: tras la pérdida de peso, una dieta alta en carbohidratos refinados basada en almidón se asoció con activación inmunológica frente a una dieta muy baja en carbohidratos y otra alta en carbohidratos azucarados.

PUBLICIDAD

El cambio de una dieta low carb a otra alta en carbohidratos no tuvo el mismo efecto

Freepik
Un estudio con adultos que bajaron de peso encontró que una dieta alta en carbohidratos refinados con almidón activó más marcadores del sistema inmunitario que una dieta low carb o una dieta alta en azúcares añadidos. (Freepik)

El trabajo evaluó qué ocurre cuando personas que siguieron una pauta muy baja en carbohidratos vuelven a incorporar una mayor cantidad de esos nutrientes. La conclusión central fue que el efecto varió según el origen de los carbohidratos, con una diferencia entre los cereales refinados ricos en almidón y los azúcares añadidos.

Los investigadores, de NYU Langone Health, analizaron datos de un ensayo de alimentación controlada y aleatorizado.

En una primera etapa, los participantes recibieron una dieta muy baja en carbohidratos con un déficit energético del 40%, diseñada para inducir pérdida de peso. Cuando alcanzaron cerca de 15% de reducción del peso corporal, pasaron a una segunda fase de 10 semanas.

PUBLICIDAD

Tras bajar de peso, los participantes fueron repartidos en tres dietas isocalóricas

Primer plano de los pies descalzos de una persona adulta sobre una balanza digital blanca, que muestra en su pantalla el número '68.5 kg'.
Tras la pérdida de peso, los participantes fueron asignados durante 10 semanas a tres dietas isocalóricas: una muy baja en carbohidratos y dos altas en carbohidratos con distinta fuente principal. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En esa segunda parte del estudio, un grupo continuó con una dieta muy baja en carbohidratos, mientras otros dos fueron asignados a planes altos en carbohidratos. Ambos tenían la misma distribución de macronutrientes, 57% de carbohidratos, 25% de grasas y 18% de proteínas, pero diferían en la fuente principal de esos carbohidratos.

Una de las dietas altas en carbohidratos aportaba 20% de la energía total a partir de almidón de cereales refinados. La otra incluía la misma proporción, pero a partir de azúcares añadidos. Ese cambio fue el que concentró la diferencia en las respuestas biológicas observadas.

La dieta rica en almidón refinado mostró más señales de activación inmunitaria

La dieta alta en almidón refinado mostró más activación inmunitaria periférica, con cambios en células asesinas naturales, monocitos, células T, células dendríticas y neutrófilos. (Freepik)
La dieta alta en almidón refinado mostró más activación inmunitaria periférica, con cambios en células asesinas naturales, monocitos, células T, células dendríticas y neutrófilos. (Freepik)

Los análisis realizados en 44 participantes indicaron que el grupo asignado a la dieta alta en almidón refinado presentó mayores signos de activación del sistema inmunitario periférico. Según el resumen del estudio, hubo cambios en la proporción de células asesinas naturales y aumentó la activación de monocitos, células T, células dendríticas y neutrófilos.

El trabajo también detectó niveles más altos de adipsina, una proteína vinculada al sistema del complemento. Además, la transcriptómica mostró regulación al alza de vías inmunitarias y metabólicas en el grupo HC-Starch, mientras que en el grupo HC-Sugar se registraron reducciones de esas rutas.

Los autores vinculan el efecto con picos de glucosa después de las comidas

Manos adultas sostienen un glucómetro digital. Sobre una mesa de madera, una jeringa de insulina y un frasco de medicamento transparente.
Los autores vincularon el efecto del almidón refinado con picos de glucosa posprandiales que podrían activar el sistema del complemento y otras vías inflamatorias. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores plantearon como hipótesis que los cereales refinados pueden elevar con rapidez la glucosa en sangre tras las comidas. Esa respuesta, medida de manera indirecta a través del índice glucémico, podría activar el sistema del complemento y, a partir de allí, otras vías inflamatorias.

El estudio incluyó además pruebas en ratones. En esos experimentos, los animales alimentados con maltodextrina derivada del almidón después del ayuno mostraron una mayor actividad inmunológica, un resultado que respaldó la idea de que el complemento puede mediar parte de la inflamación asociada a este tipo de carbohidratos.

El menor nivel de activación en la dieta con azúcar no fue interpretado como una ventaja

Doctora de bata blanca con acreditación azul sostiene un portapapeles azul, frente a paciente sentada de camiseta blanca y pantalón. Fondo difuso de consultorio.
El estudio advirtió que la menor activación inmunológica en la dieta con azúcares añadidos no implica un beneficio y que los resultados no pueden extrapolarse por el tamaño reducido de la muestra y la duración de 10 semanas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los puntos que más puede prestarse a confusión es la comparación entre las dos dietas altas en carbohidratos. El grupo con mayor proporción de azúcares añadidos mostró la puntuación más baja en activación inmunológica entre los tres grupos, pero los autores advirtieron que ese dato no debe leerse como un beneficio del consumo de sacarosa o fructosa.

Según los investigadores, esa reducción de ciertas vías inflamatorias podría reflejar una supresión de respuestas inmunes mediadas por el complemento. En ese caso, el efecto no implicaría una mejora general de salud, sino un posible costo para la defensa del organismo.

El estudio fue pequeño y no permite extrapolar los resultados a todos los casos

Mano con guante azul sujeta tubo de ensayo con sangre, pipeta agrega gota. Gradillas, equipos de laboratorio, monitores y dos científicos desenfocados al fondo.
Los investigadores advirtieron que el estudio, realizado en 44 participantes y con 10 semanas de seguimiento, no permite extrapolar los resultados ni considerar saludable una dieta alta en azúcares añadidos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El ensayo partió de un grupo inicial de 54 adultos de entre 18 y 50 años con sobrepeso u obesidad, sin enfermedad cardiovascular ni diabetes. Los análisis inmunológicos finales abarcaron a 44 participantes. Esa escala limita el alcance de las conclusiones.

Los autores también señalaron que 10 semanas pueden no reflejar lo que sucede con una dieta sostenida durante períodos más largos. En la vida real, puede haber adaptaciones fisiológicas con el tiempo, además de diferencias en hábitos, actividad física, medicación y composición de la alimentación que este diseño controlado no reproduce por completo.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD