Agregar Infobae enGoogle

El hábito nocturno que podría reducir la presión arterial y controlar el azúcar en sangre

Un estudio de la American Heart Association lo probó en adultos con riesgo cardiometabólico y registró mejoras en indicadores cardiovasculares y metabólicos, sin cambios en la dieta

Silueta de persona de espaldas frente a refrigerador. Parte izquierda abierta muestra alimentos, parte derecha cerrada tiene nota amarilla con la palabra Ayuno.
Un ensayo aleatorizado con 39 adultos con sobrepeso u obesidad halló que extender el ayuno nocturno y terminar de comer tres horas antes de dormir mejoró indicadores cardiovasculares (Imagen Ilustrativa Infobae)
Guardar

Un ayuno nocturno de unas 12 horas, con la última comida al menos tres horas antes de dormir, se asoció con mejoras en la presión arterial y el control de la glucosa en adultos con riesgo cardiometabólico. La información surge de una investigación científica difundida por Verywell Health y publicada en una revista de la American Heart Association.

El trabajo puso el foco en el horario de las comidas y no en una reducción de calorías ni en un cambio de dieta. Esa diferencia ubica al estudio dentro de una línea de análisis centrada en la relación entre la alimentación, el sueño y los ritmos biológicos que regulan funciones metabólicas y cardiovasculares.

PUBLICIDAD

Un ensayo con adultos de 36 a 75 años

La investigación incluyó a 39 personas de entre 36 y 75 años con sobrepeso u obesidad. El ensayo, de diseño aleatorizado y con grupos paralelos, comparó a quienes extendieron su ayuno nocturno a un rango de 13 a 16 horas con quienes mantuvieron un ayuno habitual de 11 a 13 horas.

Infografía con reloj, plato de comida, plato vacío, persona durmiendo, y secciones que describen un estudio con iconos de participantes y beneficios para la salud. Contiene texto y el logo de Infobae.
Una infografía detalla los beneficios cardiometabólicos de cenar temprano y prolongar el ayuno nocturno, según un estudio de la American Heart Association (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según detalló Verywell Health, la intervención se extendió durante 7,5 semanas. Las personas del grupo experimental debían terminar de comer al menos tres horas antes de acostarse. Los dos grupos, además, redujeron la exposición a la luz en ese mismo tramo previo al sueño.

PUBLICIDAD

Los resultados mostraron una mejora en el descenso nocturno de la presión arterial diastólica, un patrón conocido como dipping y vinculado con un funcionamiento cardiovascular más favorable durante el descanso. El estudio también registró una caída del 3,5% en la presión arterial nocturna y del 5% en la frecuencia cardíaca.

De acuerdo con la publicación científica de la American Heart Association, el grupo que modificó sus horarios también presentó menor frecuencia cardíaca nocturna, mayor variabilidad cardíaca, niveles más bajos de cortisol durante la noche y cambios favorables en pruebas de tolerancia a la glucosa. El indicador principal de sensibilidad a la insulina no mostró diferencias significativas frente al grupo de control.

El vínculo entre cena, sueño y reloj biológico

Brazo adulto con manguito de presión arterial sobre mesa de madera. Una mano sostiene un estetoscopio. Monitor digital indica 138/92 mmHg. Brazalete médico, ilustración de corazón.
La investigación reportó un descenso del 3,5% en la presión durante el sueño y una mejora del patrón nocturno de la presión diastólica (Imagen Ilustrativa Infobae)

El rasgo central de este enfoque es su relación con el reloj biológico. Los autores plantearon que adelantar la última comida y alinearla con el horario habitual de sueño puede fortalecer la coordinación entre los ritmos circadianos y la actividad metabólica del organismo.

Esa sincronía podría reflejarse en una caída más marcada de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca durante la noche, un comportamiento considerado saludable. Los autores del informe señalaron que la propuesta no exigió una dieta específica ni una baja deliberada de la ingesta calórica, sino un cambio en el momento de comer.

El dato resulta relevante porque gran parte de las investigaciones sobre alimentación suele concentrarse en la cantidad consumida o en la composición de los alimentos. En este caso, el factor principal fue el horario de la cena y la extensión del período sin ingesta durante la noche.

La revista de la AHA indicó que esta modalidad de alimentación con restricción horaria alineada con el sueño mejoró indicadores cardiometabólicos nocturnos y diurnos en adultos de mediana y mayor edad. Entre ellos aparecieron variaciones en la glucosa matutina y en la respuesta inicial del organismo ante una sobrecarga de azúcar.

Alcances y límites de los resultados

Un joven con sudadera azul y cabello desordenado sostiene una taza de café en una mesa de madera, con un cuaderno y un teléfono celular a su lado
Los autores plantean que alinear la última comida con el horario de sueño podría reforzar los ritmos circadianos que regulan el metabolismo (Imagen ilustrativa IA Infobae México)

Los hallazgos aportan evidencia sobre una intervención concreta y de aplicación sencilla, aunque el estudio presenta límites que exigen cautela. La muestra fue reducida, con 39 participantes, y el seguimiento cubrió 7,5 semanas, un período que no permite establecer efectos duraderos.

Además, las personas incluidas en el ensayo tenían sobrepeso u obesidad y un perfil de mayor riesgo cardiometabólico. Por ese motivo, los resultados no pueden extrapolarse de forma automática al conjunto de la población ni a personas con otras condiciones de salud.

Otro punto del diseño es que ambos grupos debían atenuar la luz antes de dormir. Ese componente también forma parte de la regulación circadiana, por lo que el efecto observado no depende solo de cenar más temprano, sino de una combinación de hábitos nocturnos evaluados bajo condiciones controladas.

Aun con esas limitaciones, Verywell Health destacó que la estrategia se vinculó con mejoras en variables asociadas con la salud cardiovascular y el metabolismo. La reducción de la presión durante el sueño, la baja de la frecuencia cardíaca nocturna y los cambios en la respuesta a la glucosa colocan al ayuno nocturno extendido como una práctica de interés para futuras investigaciones.

La publicación científica concluyó que extender el ayuno nocturno en unas tres horas, en sintonía con el sueño habitual, mejoró la función cardiometabólica diurna y nocturna. Los autores plantearon que se trata de una intervención accesible, aunque su impacto a largo plazo todavía requiere nuevos estudios.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD