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La ONU advierte que el corredor centroamericano ya enfrenta una presión distinta por la cocaína

El último informe de Naciones Unidas sobre drogas ubica a Centroamérica en un escenario más complejo, con redes adaptadas, impactos sociales crecientes y señales que van mucho más lejos del decomiso

Mapa en acuarela de Centroamérica, América del Norte y América del Sur. Centroamérica está llena de píldoras y frascos. Cadena humana transfiere paquetes y billetes. Hay frascos, paquetes y dinero.
Una ilustración conceptual representa el tráfico de drogas en Centroamérica, utilizando su silueta como ruta formada por fármacos y una cadena humana que mueve paquetes y billetes entre continentes. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El mercado de drogas en Centroamérica atraviesa una transformación que va más allá del tránsito tradicional de cocaína: las redes criminales diversifican métodos, explotan puertos menores y ahora mueven también drogas sintéticas a través de la región, según el Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), publicado el 26 de junio en Viena.

Las Américas: Norte, Centro y Sur, concentraron el 83% de las incautaciones mundiales de cocaína en 2024. Centroamérica no produce la droga, pero es el puente terrestre y marítimo que conecta los laboratorios andinos con el mayor mercado de consumo del mundo.

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Centroamérica: corredor bajo presión

La producción global de cocaína pura superó las 4,100 toneladas en 2024, cuatro veces más que hace una década. Ese volumen presiona cada eslabón de la cadena de tránsito, y Centroamérica absorbe una parte de esa presión, detalla el documento.

El informe señala que las organizaciones criminales han “diversificado sus métodos de transporte para mantener el flujo de cargamentos”, lo que en la práctica significa el uso de puertos menores, corredores terrestres alternativos y tecnología avanzada para eludir controles.

El Salvador, por ejemplo, registró en 2026 sus dos mayores incautaciones históricas de cocaína en aguas del Pacífico, con un acumulado de 13.28 toneladas decomisadas, según informó La Prensa Gráfica.

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Infografía sobre el tráfico mundial de drogas: mapa global, texto "331 millones de personas que consumieron alguna droga", gráficos y seis paneles ilustrados.
El Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de la UNODC ilustra el panorama global del tráfico de estupefacientes, con un enfoque en Centroamérica y sus impactos sociales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Honduras ilustra otro ángulo del mismo fenómeno. Las Fuerzas Armadas de Honduras estimaron en 324 millones de lempiras (12,063,592.44 USD) el daño económico infligido a redes narcotraficantes durante operativos realizados este año.

Aun así, el informe advierte que el problema ya no se limita a lo que cruza por tierra o mar: las drogas sintéticas comienzan a circular por los mismos corredores.

La violencia que acompaña al tráfico no es un efecto secundario menor. El informe identifica tres vías de impacto: la psicofarmacológica, la económico-compulsiva y la sistémica, que incluye la desorganización comunitaria y el debilitamiento del estado de derecho.

Una balanza de metal con un platillo lleno de paquetes de droga y armas, y el otro platillo con casas precarias y personas.
Una balanza de la justicia ilustra el impacto del narcotráfico y las armas frente a las comunidades precarias centroamericanas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las comunidades con mayor desigualdad, presencia de armas y escaso acceso a servicios sociales son las más expuestas a ese impacto.

América del Norte: el epicentro del fentanilo y la metanfetamina

Hacia el norte del corredor centroamericano, el panorama es grave, aunque con características distintas. Estados Unidos y Canadá concentran la crisis de opioides sintéticos más letal del mundo, aunque en 2024 se registró una señal de alivio: las muertes por sobredosis bajaron más de un tercio en Estados Unidos y un 17% en Canadá.

La metanfetamina producida en América del Norte ya no se queda en el continente. Según la UNODC, cargamentos de esa droga cruzan el océano Pacífico hacia países de la ribera occidental, con un aumento del tráfico y el consumo en las islas del Pacífico.

Dos manos sostienen un puente roto sobre un río, con objetos cayendo al agua. En las orillas hay casas, un hospital, una escuela y grupos de personas.
Dos manos sostienen un puente fragmentado sobre un río, del cual caen iconos de contenedores, laboratorios y armas, con figuras humanas en las orillas que observan edificios precarios. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En Canadá, entre 2006 y 2016, el consumo de distintas drogas fue atribuido al 26% de los crímenes violentos y al 25% de los no violentos, frente al 20% y 7%, respectivamente, atribuidos al alcohol.

Sudamérica: récord de producción y consecuencias sociales

La cocaína que transita por Centroamérica se origina principalmente en Colombia, Perú y Bolivia, donde la productividad de los cultivos y la eficiencia de los laboratorios alcanzaron máximos históricos. La expansión del mercado elevó en un 38% el número de consumidores globales en la última década.

El informe cita a São Paulo como ejemplo de intervención eficaz: programas de vivienda y empleo en el entorno de “Cracolândia” lograron reducir el uso compulsivo de drogas y los delitos asociados. El caso ilustra que la represión policial sola no resuelve el problema.

En Colombia, el 71% de los jóvenes judicializados informó consumo de drogas, y alrededor del 10% de los delitos se cometió con el objetivo de obtener sustancias.

Ilustración de un hombre con gorra y uniforme. Fondo con fardos negros, algunos paquetes marrones y marcadores amarillos numerados.
Una ilustración superpone el retrato de un hombre en uniforme sobre fardos y paquetes marcados con números. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El mercado global: una crisis en expansión

El informe de la UNODC cuantifica la escala del problema: 331 millones de personas consumieron alguna droga en 2024, el 6.2% de la población mundial entre 15 y 64 años, frente al 5.2% de 2014. El cannabis lidera con 256 millones de usuarios; los opioides siguen con 63 millones.

La directora ejecutiva de la UNODC, Monica Juma, lo describió en términos directos: “Ya estamos sufriendo las consecuencias: millones de muertes prematuras y años de vida saludables perdidos innecesariamente; redes de narcotráfico que están colapsando las economías”.

En paralelo, los fabricantes de drogas sintéticas multiplican las opciones disponibles en el mercado ilícito. En 2024 se identificaron 755 nuevas sustancias psicoactivas en circulación, de las cuales 118 fueron informadas por primera vez ese año.

En los decomisos de ese año se encontraron cinco veces más tipos de drogas que las producidas antes del año 2000.

Montañas con caminos, mapa con flechas, avioneta, casa rural, cuatro hombres, dos agricultores, tres militares, vehículo blindado, helicóptero, camión, cajas, manos estrechándose, puerta con bandera.
Una ilustración representa la producción de drogas, las rutas de transporte, las alianzas entre criminales y la presencia militar en el Triángulo Dorado de México. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El opio afgano y el giro hacia los sintéticos

La prohibición del cultivo de amapola impuesta por el régimen talibán en 2022 redujo la producción afgana de opio en un 95%, pero no eliminó el mercado: las reservas acumuladas mantienen activa la ruta de los Balcanes hacia Europa, y Myanmar compensó parte del vacío al pasar de 420 toneladas en 2021 a más de 1,000 en 2025.

El hueco dejado por Afganistán acelera un cambio estructural: los traficantes sustituyen la heroína por fentanilo, nitazenos y orfinas, opioides sintéticos de mayor potencia y más difíciles de detectar. Ese desplazamiento podría ser permanente y modificar los patrones de consumo y daño en todo el mundo.

Qué recomienda la ONU

El informe concluye que ninguna estrategia puramente represiva es suficiente. La UNODC pide más intercambio de inteligencia entre países, operaciones conjuntas contra el crimen organizado y, en paralelo, mayor inversión en prevención, tratamiento y reducción del estigma.

Los grupos más vulnerables: jóvenes, mujeres, personas LGBTIQ+ y poblaciones en situación de calle, sufren de forma desproporcionada tanto la violencia asociada al tráfico como las barreras para acceder a servicios de salud. El acceso desigual al tratamiento, especialmente en países de ingreso bajo y medio, aparece como uno de los déficits más urgentes que señala el informe.

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