
La necesidad de ver con nitidez a distintas distancias se vuelve más frecuente con el paso de los años. Leer una etiqueta, revisar un mensaje o mirar una pantalla puede exigir gestos cada vez más evidentes, como alejar el texto o cambiar de anteojos según la tarea. En ese contexto, los anteojos multifocales se consolidaron como una de las opciones más utilizadas para corregir la presbicia, la pérdida gradual de la capacidad de enfocar de cerca.
Esa solución, de uso extendido, arrastra desde hace tiempo una dificultad conocida: no todas las personas se acostumbran del mismo modo ni con la misma rapidez. Algunas se adaptan en pocos días; otras refieren visión borrosa en ciertos ángulos, incomodidad o una percepción extraña del espacio durante el período inicial. Sobre ese punto se concentró un estudio publicado en la revista Scientific Reports, que analizó cómo evoluciona la adaptación a lentes progresivos prescritos con un método específico de centrado.
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Los resultados mostraron una alta tasa de adaptación a los lentes progresivos y una mejora de la satisfacción entre los primeros 10 días y el primer mes de uso. El hallazgo no elimina las dificultades iniciales que algunas personas pueden atravesar, pero aporta evidencia sobre un aspecto clave: acostumbrarse a este tipo de corrección visual suele ser un proceso y no un cambio inmediato.
Una sola lente para varias distancias

Los anteojos multifocales, en su versión más habitual, se conocen como lentes progresivos. Se utilizan para corregir la presbicia, una condición asociada al envejecimiento del sistema de enfoque del ojo. A medida que pasan los años, el cristalino, la estructura transparente que ajusta el enfoque según la distancia, pierde elasticidad. Esa modificación vuelve más difícil ver con claridad los objetos cercanos.
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Frente a ese problema, los lentes progresivos reúnen en una misma lente varias graduaciones. La parte superior está pensada para la visión lejana; la zona intermedia, para distancias medias, como la de una computadora; y la parte inferior, para la lectura u otras tareas próximas. Esa transición se da de forma gradual, sin los cortes visibles de los bifocales tradicionales.
La ventaja práctica es clara: permiten resolver distintas necesidades visuales con un solo par de anteojos. Pero esa misma complejidad óptica exige un período de acomodación. La mirada debe aprender a buscar el sector adecuado de la lente para cada distancia y a coordinar ese recorrido con movimientos de cabeza y ojos.
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Qué encontró la investigación

El estudio incluyó a 71 personas con presbicia de entre 44 y 64 años. Los investigadores evaluaron la tolerancia, la satisfacción visual y el rendimiento de lentes progresivos prescritos a partir de una medición del eje de fijación foveal, la línea que conecta el punto observado con la fóvea, la región de la retina responsable de la visión más precisa.
Los participantes fueron divididos según su experiencia previa con este tipo de corrección: personas sin uso anterior de lentes progresivos, usuarios ya adaptados, personas que los habían abandonado y usuarios que los empleaban con incomodidad. Según se detalla en el estudio, 97% de los participantes logró adaptarse a los lentes recetados con ese método.
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Al revisar los grupos por separado, el trabajo informó adaptación en 100% de quienes nunca habían usado lentes progresivos y también en 100% de quienes antes los habían usado con incomodidad. La cifra fue de 94% en el grupo que había dejado de utilizarlos y de 89% entre quienes ya eran usuarios.
Otro dato central del estudio fue la evolución temporal de la satisfacción. Los participantes completaron cuestionarios a los 10 días y al mes de uso. “Customized and standard inset lenses showed similar satisfaction that increased significantly after 30 days of wear”, indica el paper. La observación sugiere que la experiencia mejora con el tiempo, aun cuando los primeros días puedan incluir molestias o sensación de extrañeza.
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Los autores no plantean que ese método resuelva por completo los problemas de adaptación ni que una única configuración sea superior en todos los casos. El estudio no detectó diferencias estadísticamente significativas en la mayor parte de las pruebas de función visual entre las dos variantes analizadas. Aun así, sí señala que una prescripción centrada con mayor precisión sobre el eje visual podría favorecer el proceso de uso.
Por qué al principio pueden resultar incómodos

La adaptación a los anteojos multifocales no depende solo de la graduación. También intervienen la forma en que la lente queda alineada, la relación entre ojos y cabeza al explorar distintas distancias y la capacidad del sistema visual para reorganizarse frente a un nuevo mapa de enfoque.
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Ese punto ya había sido abordado en un trabajo anterior, también publicado en Scientific Reports, que comparó a personas adaptadas y no adaptadas a lentes progresivos. Según se detalla en el estudio, quienes no lograban acostumbrarse mostraban respuestas más lentas en la convergencia, el movimiento coordinado de ambos ojos hacia adentro para enfocar objetos cercanos, y una menor capacidad de ajuste de ese mecanismo.
El paper concluye que los no adaptados presentaron “slower peak velocities in convergence responses”, además de una menor capacidad para modificar esas respuestas y una reducción en la adaptación de la foria. La foria, que describe la tendencia de los ojos a desviarse cuando no están coordinados por un estímulo visual común, forma parte de los mecanismos que ayudan a sostener una visión binocular estable y cómoda.
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Traducido a una experiencia cotidiana, esa dinámica implica que el período inicial no se reduce a una borrosidad pasajera. El sistema visual debe aprender a seleccionar con rapidez la zona correcta de la lente y a hacerlo sin perder estabilidad en la percepción del espacio. De allí que algunas personas refieran dificultades al bajar escaleras, al mover la cabeza o al pasar de una pantalla a un objeto lejano.
Qué puede afirmarse y qué no

La evidencia disponible permite sostener que los anteojos multifocales sirven para corregir la presbicia en distintas distancias con una sola lente y que la adaptación suele mejorar con el correr de las semanas. También permite señalar que el centrado de la lente puede influir en esa experiencia y que la adaptación no ocurre siempre de forma instantánea.
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Al mismo tiempo, los datos no permiten afirmar que exista una solución universal ni que todas las personas vayan a adaptarse con el mismo ritmo. El estudio de 2023 remarca la necesidad de nuevas investigaciones para comparar este método de prescripción con otros sistemas de centrado y para evaluar distintos diseños de lentes.
Según se detalla en el trabajo, todavía hacen falta más análisis sobre variables como el corredor óptico, la amplitud de las zonas de visión y otras características del diseño. Esa cautela resulta relevante porque el rendimiento de los multifocales surge de una combinación de factores anatómicos, ópticos y funcionales.
Dentro de ese marco, el hallazgo principal aporta una referencia concreta: en la muestra analizada, la satisfacción aumentó hacia el primer mes y la gran mayoría de los participantes logró adaptarse. Más que una corrección instantánea, los datos describen un proceso de ajuste visual que, cuando funciona, permite resolver con un solo par de anteojos la visión de lejos, intermedia y cercana.
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