Agregar Infobae enGoogle

Hábitos de agotamiento que parecen ayudar, pero pueden vaciar la energía mental

Prácticas asociadas con la productividad, el compromiso y la organización diaria pueden derivar en fatiga cognitiva cuando se sostienen sin pausas

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los especialistas advirtieron que la multitarea suele aumentar los errores, bajar la precisión y generar agotamiento cognitivo por el cambio constante de foco (Imagen Ilustrativa Infobae)
Guardar

Diversas rutinas que suelen leerse como señales de eficacia o compromiso pueden producir el efecto contrario cuando se vuelven permanentes. La multitarea —alternar entre varias tareas en lapsos breves—, la falta de pausas, la disponibilidad continua y la costumbre de decir que sí a todo forman parte de una dinámica diaria que desgasta la energía mental y reduce la capacidad de concentración.

Ese desgaste no siempre aparece después de una crisis ni de una semana excepcional. En muchos casos, se construye a partir de hábitos valorados en el trabajo y en la vida cotidiana, como responder de inmediato, avanzar sobre varias tareas a la vez o sostener listas cada vez más largas. A simple vista parecen recursos útiles, pero su acumulación puede empujar a un estado de fatiga mental sostenida.

PUBLICIDAD

La evidencia disponible vincula esos patrones con pérdida de atención, agotamiento cognitivo —desgaste de funciones como la memoria de trabajo, el control de impulsos y el foco— y menor capacidad de recuperación entre una demanda y otra.

Hábitos que parecen productivos, pero agotan

Uno de los ejemplos más claros es la multitarea. Aunque suele asociarse con mayor rendimiento, en la práctica la mayoría de las personas no realiza dos tareas complejas al mismo tiempo. Lo que hace es pasar de una a otra de forma continua. Ese cambio frecuente de foco aumenta la probabilidad de errores, reduce la precisión y eleva el cansancio mental.

PUBLICIDAD

Ese efecto cuenta con respaldo experimental. Un estudio de la University of Utah, evaluó a 200 participantes y encontró que solo el 2,5% mantuvo su desempeño sin deterioro al realizar dos tareas demandantes a la vez. En el resto, la alternancia produjo una caída medible del rendimiento.

A eso se suma el cambio de contexto. Una investigación describió el fenómeno de atención residual —la persistencia de parte del foco en la tarea anterior aun después de pasar a la siguiente—. Ese arrastre dificulta la concentración plena en la nueva actividad y vuelve más costosa cada interrupción.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La disponibilidad permanente suma otra fuente de desgaste (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las pausas también influyen en el rendimiento

Otro hábito frecuente consiste en suprimir descansos. Almorzar frente a la pantalla, responder mensajes en una pausa o usar cada intervalo libre para adelantar pendientes reduce la recuperación entre tareas y prolonga la exigencia sobre el sistema atencional.

Un metaanálisis que reunió 22 estudios experimentales encontró efectos pequeños, pero estadísticamente significativos, de las micro pausas —interrupciones breves de hasta 10 minutos— para aumentar la vitalidad y reducir la fatiga. El trabajo no detectó una mejora general del rendimiento, pero sí mostró que esos cortes ayudan a preservar energía mental.

La disponibilidad permanente suma otra fuente de desgaste. La exposición continua a mensajes, alertas e interrupciones digitales favorece la saturación y la sensación de niebla mental —dificultad para pensar con claridad o sostener la atención—. Un artículo de Nature sobre atención y distracciones digitales recopiló evidencia de que los cambios frecuentes entre pantallas y tareas perjudican el desempeño, aunque la capacidad de concentración puede recuperarse cuando disminuyen las interrupciones.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La falta de descansos y la exposición continua a tareas y demandas pueden erosionar los recursos cognitivos y afectar la recuperación (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando organizarse deja de ayudar

Las listas de tareas también pueden perder su función. Cuando se vuelven extensas, acumulativas y sin prioridades claras, dejan de ordenar la jornada y pasan a funcionar como un recordatorio constante de todo lo pendiente.

La sobrecarga crece aún más cuando cada pedido recibe una respuesta afirmativa. La suma de compromisos reduce el margen de decisión, achica los momentos de descanso y multiplica los cambios de contexto. El desgaste no suele depender de una sola tarea, sino de varias demandas que compiten entre sí durante el día.

La literatura sobre interrupciones describe el mismo mecanismo. Otro estudio sobre atención residual encontró que anticipar la reanudación de una tarea bajo presión de tiempo empeora el desempeño en la actividad que interrumpe y aumenta el desgaste. El efecto resulta más marcado cuando el trabajo exige foco sostenido y decisiones sucesivas.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD