
Los deportes de alta intensidad como el fútbol y el handball resultan más eficaces para estimular la formación ósea que actividades como caminar, trotar o realizar ejercicios tradicionales de resistencia en el gimnasio, según una revisión científica difundida por el medio digital Europa Press, a partir de un estudio de la Universidad Semmelweis de Budapest, Hungría.
El trabajo, publicado en la revista Sports Medicine - Open, analizó 24 estudios clínicos con 1.238 adultos sanos y concluyó que la intensidad del ejercicio influye más que el volumen cuando se busca favorecer el metabolismo óseo. Según la publicación, los autores sostienen que esta evidencia puede contribuir a mejorar los programas orientados al cuidado de los huesos y la prevención de la osteoporosis.
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Qué tipo de ejercicio mostró mejores resultados
La revisión puso el foco en disciplinas que incluyen saltos, giros, aceleraciones y cambios bruscos de dirección. Según detalló el artículo difundido en Europa Press, esas acciones generan un estímulo más marcado en los procesos vinculados con la creación de nuevo tejido óseo que los ejercicios continuos y de menor exigencia.
En ese grupo sobresalieron el fútbol y el handball. Los investigadores detectaron aumentos de hasta 45-46 por ciento en sustancias relacionadas con la formación de hueso entre quienes practicaban esas actividades. En cambio, caminar, el step y varios ejercicios de resistencia en el gimnasio quedaron por detrás en ese tipo de respuesta biológica.
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El autor principal del estudio, el médico clínico Péter Ferdinandy y vicerrector de Ciencia e Innovación de la Universidad Semmelweis, explicó que el análisis no se limitó al tipo de ejercicio. También evaluó intensidad, frecuencia y duración.
El objetivo, señaló, fue identificar qué modalidades estimulan con más eficacia el metabolismo óseo y cuáles ofrecen un beneficio menor desde esa perspectiva.
Qué midió el estudio y qué no evaluó

Uno de los puntos centrales del trabajo es que no se midieron cambios en la densidad mineral ósea. En su lugar, los estudios revisados analizaron biomarcadores en sangre, es decir, sustancias que permiten detectar si el organismo está produciendo nuevo tejido óseo en ese momento.
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Ese enfoque, según informó el portal de noticias, posibilita advertir efectos del ejercicio en pocas semanas, mucho antes de que puedan comprobarse variaciones en la densidad del hueso. Para los autores, ese criterio ofrece una ventana temprana para entender cómo responde el organismo ante distintas cargas físicas.
La primera autora del estudio, Viktória Barna, investigadora de la misma universidad, señaló que uno de los resultados más llamativos fue la escasa respuesta del entrenamiento de resistencia en esos marcadores.
En ese sentido, subrayó que el ejercicio de resistencia de baja o moderada intensidad, como caminar o trotar, no mostró un efecto significativo a largo plazo sobre el metabolismo óseo.
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Ese aspecto adquiere relevancia porque varias guías profesionales recomiendan ese tipo de actividad para mantener la salud de los huesos. La revisión no niega el valor general de esas prácticas, pero plantea que, por sí solas, no bastan para generar un estímulo óseo comparable al de deportes más intensos y dinámicos.
El alcance del hallazgo y las precauciones

Los investigadores aclararon que el resultado no implica que caminar o realizar actividad física suave carezca de beneficios. Esas prácticas conservan utilidad para la salud cardiovascular, el control del peso, la movilidad y el bienestar general. El matiz del estudio se concentra en el efecto específico sobre la formación ósea.
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En esa línea, la revisión sugiere que los programas de ejercicio orientados a prevenir la osteoporosis podrían ganar eficacia si incorporan estímulos de mayor impacto, siempre que la condición física de cada persona lo permita. La premisa central del trabajo es que la calidad del estímulo mecánico sobre el hueso pesa más que la mera acumulación de tiempo de actividad.
Los autores también advirtieron que no conviene iniciar de forma repentina un plan de alta intensidad ni hacerlo sin preparación adecuada. Esa recomendación cobra más peso en personas con enfermedades cardiovasculares, musculoesqueléticas o metabólicas, y también en quienes ya padecen osteoporosis.
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