Este fin de semana, el estudio de PH, Podemos Hablar (Telefe), se llenó de emoción y confesiones inesperadas. En una edición marcada por la sensibilidad y los relatos personales, Yanina Latorre fue una de las invitadas que más conmovió al abrir su corazón y hablar sobre los desafíos y el dolor que atravesó para convertirse en madre. En el clásico cara a cara con Pampita frente a la cámara, la panelista se despojó de cualquier coraza mediática y compartió detalles íntimos de su historia, desde la infertilidad y las pérdidas hasta la fortaleza que la maternidad le dio para enfrentar la vida.
Casada hace más de tres décadas con Diego Latorre, Yanina repasó los duros tratamientos y las situaciones límite que vivió antes de formar la familia que siempre soñó. “Yo soy primero madre y después persona. Lo único que me importa en la vida son Lola y Dieguito, es la parte más matriarcal mía. Es lo que me completó y lo que me hizo”, confesó, dejando ver un costado vulnerable y profundamente protector.
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Fue entonces que recordó el inicio de su lucha. “Yo tuve embarazos duros, porque no podía tener hijos. Me costó mucho tener a Lola. Ella es hija de un tratamiento eterno. Yo hace 32 años que estoy casada, Lola tiene 25, estuvimos siete años sin poder quedar embarazados y haciendo muchos tratamientos”. Pampita, conmovida, le preguntó si había perdido embarazos, y Yanina confirmó: “Cuatro. Y uno antes de un Boca-River. Estaba de cuatro meses, lo parí en la cama sola y no le avisé a Diego hasta que terminó el partido”. El relato fue crudo: “Lo tuve que juntar sola, llamar a mi mamá, a mi papá, un espanto”.

La panelista no se detuvo ahí y siguió profundizando: “Perdí muchos embarazos. Hice tratamientos, Lola es hija de tratamiento de fertilidad. Estuve nueve meses en la cama esperando que nazca y me daban 18 inyecciones diarias. En ese momento el tratamiento era tremendo, lo hice en Rosario cuando Diego jugaba en Rosario Central”. Todo ese dolor, explicó, quedó atravesado por un único deseo: “Lo único que quería era ser madre y que nazca Lola. Después, yo no quería tener más hijos. Sufrí mucho para tenerla, fue un parto difícil y un embarazo muy cuidado”.
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Yanina también reflexionó sobre cómo ha cambiado el acceso a los tratamientos de fertilidad con el tiempo: “Hoy en día, la fertilidad está más avanzada, hay más herramientas. En ese momento era un peligro, Diego no quería que se entere nadie… fue una hija muy buscada y muy querida, por eso no aguanto que la hagan llorar y la cuido, es la luz de mis ojos”.

La historia no terminó con el nacimiento de Lola. “Después de Lola, seguí perdiendo embarazos, siempre sola. Porque, al estar casada con un jugador de fútbol, mi vida no era ni la de Wanda (Nara) ni la de la China Suárez y todas esas pelotudeces que muestran en Instagram. Mi vida era la de una mujer dedicada a una familia y acompañando a un marido con un talento, que cuando él terminó, nos ocupamos del mío e hicimos cada uno”.
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La llegada de Dieguito, su segundo hijo, también estuvo marcada por la incertidumbre y el miedo. “La fantasía de Diego era garch… y tener un hijo, pero eso no ocurría porque yo todo el tiempo perdía embarazos. Hasta que un día, a Diego lo venden de México a Guatemala, no me viene, no me entero, y pasa el tiempo. Dos meses, yo pensaba que lo iba a perder… si perdía todo el tiempo embarazos, para qué le iba a decir. Nos íbamos a ilusionar de que iba a venir un bebé”. La noticia la sorprendió mucho después: “Cinco meses que no me venía, hasta que un día le dije a Diego. Yo era muy flaquita, muy chiquitita, y no tenía mucha panza. Me mudo a Guatemala con la bebita de dos años, armo la casa, el jardín y, a los cinco meses, fui al médico y me dijeron que estaba embarazada. Fue el embarazo más corto de mi vida, cuatro meses y nació Dieguito”.

Yanina se permitió una confesión inesperada: “Sé la noche que concebimos a Dieguito, porque fue la noche que nos despedimos de México, en el sillón de mi casa, antes de irnos a Guatemala. Y sé porque después no lo vi más y tuve el atraso”. Sin filtros, también remarcó la distancia entre la vida real y la imagen pública de las esposas de futbolistas y volvió a resaltar lo duro que fue para ella. “El operarte, que te saquen todo lo que te queda adentro”.
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El relato continuó con otra revelación: “Y también parí sola a mis dos hijos. Siempre viví afuera pero elegí que nacieran en Argentina. A la sala entró mi hermana y las dos veces Diego llegó al día después. Tuve parto natural, se me adelantaron, rompí bolsa, llamé a mis papás, y la que entró y sostuvo mi mano fue (mi hermana) Maite. Diego ya conoció a los chicos ya peladitos y divinos. Venía dos días y yo me quedaba 45 días sola”, resumió, con la mezcla de crudeza y humor que la caracteriza.
A lo largo de la charla, Yanina dejó en claro que su mayor orgullo es la maternidad, y que todo el dolor, el esfuerzo y el duelo valieron la pena por la familia que hoy la acompaña. “Nada me quita el sueño, me chupa todo un hu... Me quiero mucho, nada me va a hacer que no trabaje, que no brille, que no la pase bien, que no disfrute mis hijos”, concluyó, mostrando una vez más que, detrás del personaje mediático, hay una mujer que aprendió a ser fuerte a fuerza de golpes y que encuentra en su rol de madre la mayor fuente de felicidad.
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