Identifican el circuito cerebral de la misofonía, el trastorno que provoca reacciones intensas ante sonidos cotidianos

Con resonancias magnéticas funcionales en reposo de 162 adultos y una encuesta paralela de 777 personas, investigadores vincularon la intensidad de los síntomas con la sincronía de la red de saliencia

Primer plano de un hombre con el ceño fruncido y ojos cerrados, con ambas manos apoyadas en sus sienes. El hombre tiene barba incipiente.
Un estudio del Instituto Neurológico de Montreal y la Universidad de Oklahoma identificó la ínsula anterior y la red de saliencia como claves de la misofonía (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Un equipo del Instituto Neurológico de Montreal y la Universidad de Oklahoma identificó el circuito cerebral detrás de la respuesta de aversión de la misofonía, un trastorno sensorial que provoca reacciones intensas ante ciertos sonidos cotidianos. El hallazgo, recogido por el portal científico Science Alert, señala a la ínsula anterior y la red de saliencia —dos estructuras del cerebro— como las claves del fenómeno, y además plantea que el trastorno no divide a las personas en dos grupos cerrados, sino que se distribuye a lo largo de un espectro, lo que permite diferenciar su huella cerebral de la de la ansiedad, la depresión, y el autismo, trastornos con los que con frecuencia se la asocia.

La investigación, publicada en Human Brain Mapping, partió de una muestra de resonancias magnéticas funcionales en reposo —imágenes que registran la actividad cerebral espontánea sin que el participante realice ninguna tarea— de 162 adultos y la combinó con un análisis independiente de 777 personas consultadas sobre el trastorno. Esa segunda base se utilizó para estimar la gravedad de la misofonía a partir de respuestas sensoriales generales, como la reacción frente a un olor fuerte en una tienda.

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El trastorno en cuestión puede afectar hasta al 20% de las personas y se caracteriza por reacciones graves ante sonidos cotidianos como masticar o sorber por la nariz. Aunque es relativamente frecuente, su origen cerebral sigue sin estar del todo claro. Estudios previos, conforme al portal, habían apuntado a la ínsula anterior, una región implicada en el procesamiento del asco, el dolor y la orientación de la atención. Esa área forma parte de la llamada red de saliencia, encargada de procesar múltiples señales internas y externas.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La investigación publicada en Human Brain Mapping analizó resonancias magnéticas funcionales en reposo de 162 adultos y un conjunto independiente de 777 persona (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sincronía ínsula-auditiva y gravedad de síntomas

El nuevo trabajo encontró que la gravedad de los síntomas se asociaba con el grado de sincronía de la actividad de la ínsula anterior con zonas de la red de saliencia ligadas al procesamiento auditivo y a la planificación motora y del movimiento.

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Los autores explicaron: “Nuestros resultados aportan prueba neural de que la misofonía existe en un espectro, con diferencias observables en una gran muestra de la población general en la que las experiencias de misofonía varían”.

El estudio también detectó que ese agrupamiento de actividad cerebral no coincidía de forma relevante con patrones asociados a otros cuadros con los que este trastorno suele coexistir.

“Estos resultados subrayan la importancia de la ínsula anterior de la red de saliencia para comprender la aversión misofónica y aportan pruebas tentativas de diferencias neurológicas entre la misofonía y la ansiedad, la depresión y el autismo”, señalaron.

El patrón cerebral se desvaneció al dividir grupos

Uno de los resultados más relevantes apareció cuando el equipo intentó separar a los participantes entre personas con misofonía y controles sanos. Al aplicar esa división en dos categorías, los patrones estadísticos cerebrales identificados desaparecieron.

Dos monitores de computadora muestran imágenes de resonancia magnética de un cerebro humano. Una imagen tiene áreas rojas y líneas de colores, la otra tiene áreas verdes y moradas.
El patrón cerebral de la misofonía no coincidió de forma relevante con los asociados a la ansiedad, la depresión y el autismo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para los investigadores, ese comportamiento de los datos indica que el cuadro no funciona como una condición de todo o nada, sino que sus manifestaciones se gradúan a lo largo de un rango. “Este trabajo ayuda a comprender los mecanismos neurales de la misofonía y subraya el beneficio de tratar la misofonía como un trastorno de espectro continuo para reflejar mejor la variabilidad de los síntomas en el mundo real”, afirmaron.

Ese punto puede orientar los próximos estudios sobre cómo se desencadena el cuadro y cómo debe analizarse en población general. También introduce una advertencia metodológica: ninguno de los participantes cuyas resonancias se estudiaron había sido consultado de forma directa sobre misofonía, por lo que su tendencia a desarrollar la condición fue inferida mediante estimaciones estadísticas.

El trabajo tampoco incluyó pruebas de activación con sonidos desagradables. Aun así, el portal destacó una ventaja de ese enfoque: los estudios que reclutan solo casos ya identificados pueden sesgarse hacia formas más extremas, mientras que esta estrategia podría reflejar mejor cómo se distribuye esta manifestación fuera de los entornos clínicos.

El uso de una base de datos preexistente y de un segundo conjunto de 777 personas también fue presentado como un recurso útil para futuras investigaciones, porque muestra que información ya recopilada puede reutilizarse sin empezar desde cero el reclutamiento y el análisis. Como siguiente paso, los autores propusieron ampliar el alcance de la muestra y recurrir a técnicas de registro cerebral más variadas para afinar la comprensión del cuadro. “Los trabajos futuros pueden utilizar otros métodos de neuroimagen para obtener una imagen más clara de cómo se presenta la misofonía en el cerebro”, enfatizaron.

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