
Una revisión publicada en PubMed Central sostiene que el sauna finlandés contribuye a reducir el riesgo de padecer hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, demencia y diversas afecciones respiratorias.
El trabajo analiza décadas de investigaciones sobre diferentes tipos de terapia de calor pasivo —entre ellos tinas calientes, baños de vapor y tecnologías de infrarrojos— y concluye que el sauna finlandés es, entre todas las modalidades estudiadas, la que cuenta con la base de evidencia más robusta y consistente.
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Según el análisis de PubMed Central, los beneficios del sauna finlandés se extienden más allá de la salud cardiovascular y alcanzan efectos positivos sobre la salud mental, la calidad del descanso nocturno y la longevidad.
La terapia de calor pasivo es definida como la exposición controlada a elevadas temperaturas ambientales durante un lapso corto, sin realizar ejercicio ni movimiento físico al mismo tiempo.
En particular, el sauna finlandés consiste en someterse a sesiones con temperaturas que van de los 80°C a los 100°C, con niveles de humedad relativa que oscilan entre el 10% y el 20%. La práctica tiene raíces culturales en decenas de tradiciones alrededor del mundo: desde los temazcales mexicanos y el banya ruso hasta el hammam de Oriente Medio y el jjimjilbang coreano, según informó New Scientist.
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Qué dice la evidencia
La información más concluyente procede del Estudio de Factores de Riesgo de Cardiopatía Isquémica de Kuopio, realizado en Finlandia con más de 2.300 hombres de mediana edad y más tarde ampliado para incluir cerca de 1.000 mujeres.

Fue el cardiólogo Jari Laukkanen quien, alrededor de 2015, advirtió que el cuestionario de ese estudio incluía preguntas sobre hábitos de sauna, y decidió cruzar esos datos con los resultados de salud de los participantes, según detalló New Scientist.
La correlación que encontró fue inmediata: quienes usaban el sauna entre cuatro y siete veces por semana mostraron una reducción del 63% en la incidencia de infartos mortales frente a quienes lo usaban solo una vez, y una disminución del 40% en la mortalidad general por cualquier causa a lo largo de 20 años, conforme al relevamiento citado por PubMed Central.
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La revisión también destaca que los usuarios más frecuentes exhibieron menos de la mitad de los diagnósticos de enfermedad de Alzheimer en dos décadas frente a quienes asistían menos de cuatro veces al mes. Un trabajo retrospectivo sobre casi 14.000 personas residentes en Finlandia confirmó ese hallazgo y mostró una reducción sostenida del 20% en un intervalo de observación de 39 años.
Los mecanismos detrás del calor
PubMed Central explica que los efectos positivos del sauna se deben a propiedades antiinflamatorias, citoprotectoras y antioxidantes, que se combinan con la acción sobre el sistema neuroendocrino, el cardiovascular y el inmune. Cuando la temperatura corporal se eleva, el corazón incrementa su frecuencia cardíaca, los vasos sanguíneos se expanden y hasta el 70% del caudal sanguíneo se desplaza hacia la superficie cutánea. Esta reacción fisiológica es comparable a la del ejercicio físico de intensidad ligera o moderada, informó New Scientist.
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Una parte de esa respuesta involucra las llamadas proteínas de choque térmico, que se activan cuando sube la temperatura central del cuerpo. Tienen la función de proteger las membranas celulares, estabilizar el ADN y acelerar la eliminación de residuos intracelulares, entre ellos las proteínas mal plegadas que se vinculan con el Alzheimer.
El caso documentado por New Scientist de un mecánico naval que trabajó durante décadas en salas de máquinas a más de 50°C —y que, pese a portar una mutación genética que prácticamente garantizaba la enfermedad, nunca desarrolló Alzheimer— ilustra de manera concreta ese mecanismo.
Más allá del corazón y el cerebro
La revisión de PubMed Central señala que las personas que usan el sauna de manera habitual presentan un menor riesgo de desarrollar psicosis a lo largo de la vida. Investigaciones recientes estudian la hipertermia corporal total —la elevación intencionada de la temperatura central del organismo— como posible complemento para el tratamiento de la depresión.
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Los resultados conocidos hasta ahora muestran una reducción de hasta el 30% en los síntomas depresivos, con efectos que pueden mantenerse hasta seis semanas después de la intervención.
Entre otros efectos documentados aparecen mejoras en trastornos musculoesqueléticos, cefaleas, cuadros gripales y casos de COVID-19, además de una influencia favorable sobre la calidad del sueño. La revisión señala también que el sauna finlandés puede potenciar los efectos positivos de otras conductas saludables, como la práctica regular de actividad física.
Los responsables del estudio publicado en PubMed Central mencionan que hay ensayos clínicos actualmente en marcha con el objetivo de determinar si la terapia de calor podría implementarse a gran escala como intervención formal para combatir la depresión y el deterioro cognitivo.
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