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Qué le pasa a tu intestino cuando comés demasiada azúcar agregada

Estudios recientes revelan que el consumo excesivo de alimentos azucarados no solo afecta el peso o la glucemia, sino que también altera el microbioma intestinal y puede favorecer la aparición de enfermedades crónicas

Torso humano semitransparente con órganos internos como el intestino grueso, el intestino delgado y el estómago, rodeados por miles de bacterias coloridas.
La dieta con mucha azúcar agregada reduce la diversidad del microbioma intestinal, clave para la digestión y otras funciones del organismo (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El azúcar agregada altera el equilibrio del intestino y puede abrir la puerta a enfermedades crónicas, según expertos en nutrición y estudios recientes que analizan su impacto directo sobre el microbioma intestinal.

Billones de bacterias conviven en el intestino humano y regulan desde la digestión hasta el estado de ánimo. Ese ecosistema, conocido como microbioma, necesita diversidad para funcionar bien. Cuando la dieta incorpora de forma regular grandes cantidades de azúcar agregada, esa diversidad se deteriora, y las consecuencias van más allá de un simple malestar estomacal.

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Así lo explica la nutricionista Kara Hochreiter, consultada por la revista Eating Well: “Comer grandes cantidades de azúcar agregada de manera regular puede alterar el equilibrio del microbioma intestinal, permitiendo que los microbios menos beneficiosos florezcan y desplacen a los ‘buenos’”.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El exceso de azúcar agregada altera el microbioma intestinal y puede favorecer enfermedades crónicas (Imagen Ilustrativa Infobae)

La diferencia entre azúcar agregada y azúcar natural no es un detalle menor. El que está presente en frutas, verduras y lácteos llega junto con fibra, vitaminas, minerales y compuestos vegetales que nutren las bacterias beneficiosas.

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El azúcar agregado, en cambio, es aquella que se incorpora a los alimentos durante su procesamiento: jarabe de maíz, dextrosa, azúcar de caña, miel y sirope de arroz integral son algunos ejemplos. En la dieta típica occidental, las principales fuentes son las bebidas azucaradas, los postres y los snacks ultraprocesados.

Un estudio publicado en la revista científica Cell Metabolism en 2025 analizó a más de 1.800 adultos hispanos y latinos en Estados Unidos, y halló que consumir dos o más bebidas azucaradas por día se asoció con cambios en nueve especies de bacterias intestinales. Entre ellas, cuatro productoras de ácidos grasos de cadena corta —moléculas clave para el metabolismo de la glucosa— mostraron menor abundancia.

Ilustración de un sistema digestivo humano sano, con estómago, intestinos rosados y colon azul semitransparente. Bacterias de colores brillantes se ven dentro del colon.
El azúcar natural de frutas, verduras y lácteos aporta fibra y nutrientes, mientras el azúcar agregada predomina en bebidas azucaradas, postres y snacks ultraprocesados (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además, el perfil alterado de metabolitos en sangre de esos participantes se vinculó con un mayor riesgo de desarrollar diabetes en los diez años siguientes. Según el epidemiólogo Qibin Qi, del Albert Einstein College of Medicine y autor principal del estudio, los hallazgos “sugieren un mecanismo potencial para explicar por qué las bebidas azucaradas son perjudiciales para el metabolismo”.

Esos ácidos grasos de cadena corta, especialmente el butirato, son el alimento preferido de las células que recubren el intestino. Cuando su producción cae, la pared intestinal se debilita. Jessie Wong, nutricionista consultada por Eating Well, explica que una ingesta sostenida de azúcar agregada “puede enriquecer a las bacterias que utilizan azúcar mientras reduce las bacterias que producen ácidos grasos de cadena corta”.

El resultado es un intestino más permeable y un entorno más proinflamatorio. Una revisión científica publicada en 2026 en la Revista Española de Enfermedades Digestivas refuerza ese punto al vincular el consumo excesivo de azúcares y edulcorantes con disminución de la diversidad bacteriana, menor producción de ácidos grasos de cadena corta y compromiso de la barrera epitelial intestinal, factores que se asocian con obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedad inflamatoria intestinal.

Cuatro cucharas sobre fondo naranja vibrante. Contienen azúcar granulada, cubos de azúcar blanco, cubos de azúcar moreno y pastillas de edulcorante.
La menor abundancia de bacterias que producen ácidos grasos de cadena corta se vinculó con alteraciones del metabolismo de la glucosa y mayor riesgo de diabetes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un meta-análisis publicado en PMC (PubMed Central) en 2025 sistematizó la evidencia disponible en estudios animales y humanos, y confirmó que las formas más comunes de azúcar agregada —glucosa, fructosa y sacarosa— alteran la diversidad microbiana, favorecen las bacterias que fermentan azúcares y desplazan a las productoras de compuestos protectores.

El documento señala además que el formato líquido del azúcar (como el de las gaseosas) genera efectos más pronunciados que el sólido, posiblemente porque llega al intestino con mayor rapidez y sin la fibra que amortigua su impacto.

Frente a ese panorama, los especialistas no proponen eliminar los dulces sino reorganizar la dieta. La clave está en lo que el azúcar desplaza: cuando las bebidas azucaradas y los ultraprocesados ocupan el lugar de frutas, legumbres, cereales integrales y vegetales, las bacterias beneficiosas simplemente se quedan sin sustrato para prosperar.

Incorporar alimentos ricos en fibra, reemplazar las bebidas azucaradas por agua con fruta o té sin azúcar, y mantener hábitos de sueño regulares son medidas respaldadas por los expertos para restaurar y sostener el equilibrio intestinal a largo plazo.

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