
El invierno trae consigo algo más que bajas temperaturas y días cortos. La exposición al frío debilita el sistema inmunitario, reduce la actividad física y favorece el contagio de infecciones respiratorias como la gripe o la bronquitis, que proliferan con mayor facilidad en ambientes fríos y secos.
Pero el impacto del frío no se limita a las defensas del organismo. Según la Cleveland Clinic, cuando el cuerpo se expone a este tipo de climas, los vasos sanguíneos se contraen para conservar el calor, lo que eleva la presión arterial y acelera el ritmo cardíaco. Ese esfuerzo adicional puede tener consecuencias serias sobre el corazón y los pulmones, incluso en personas sin antecedentes de enfermedad.
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De acuerdo con el Instituto de Investigación Cardiovascular de la Universidad Case Western Reserve, la contracción de los vasos sanguíneos puede elevar la presión arterial de forma considerable, mientras que el frío espesa la sangre y aumenta la actividad plaquetaria, factores que incrementan el riesgo de arritmias, isquemia e infartos. En personas con afecciones preexistentes como hipertensión o insuficiencia cardíaca, ese riesgo se agrava. Los pulmones, por su parte, tampoco quedan a salvo: el aire frío y seco irrita las vías respiratorias y puede desencadenar broncoespasmos, con síntomas que van desde la tos y las sibilancias hasta la dificultad para respirar, según advierte Verywell Health.
El corazón y los pulmones: en la mira por el clima frío
Según la cardióloga Leslie Cho, de la Cleveland Clinic, cuando hace frío el cuerpo intenta mantenerse caliente de una sola manera: aprieta los vasos sanguíneos, acelera los latidos y sube la presión arterial. “Todo esto puede afectar al corazón”, advirtió Cho.
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El problema se complica cuando al frío se le suma el esfuerzo físico. Caminar con mucho abrigo o arrancar con ejercicio intenso sin calentar puede disparar la presión arterial de golpe, según advierte el Instituto de Investigación Cardiovascular de la Universidad Case Western Reserve. Para quienes ya tienen presión alta, insuficiencia cardíaca o problemas en las arterias, ese combo puede terminar en dolor de pecho o un infarto.

Hay otro riesgo que suele ignorarse: la hipotermia. Ocurre cuando la temperatura del cuerpo baja de los 35 °C y el organismo ya no puede recuperar el calor que pierde. La Cleveland Clinic describe sus señales: falta de coordinación, confusión, escalofríos y mucho sueño. La Asociación Americana del Corazón advierte que la falla cardíaca es la principal causa de muerte en casos de hipotermia.
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Los pulmones también acusan el golpe, aunque de otra forma. El aire frío no los daña directamente, pero sí irrita las vías respiratorias y puede hacer que se estrechen, dificultando la respiración. Según Verywell Health, los síntomas más frecuentes son tos, una especie de silbido al respirar y una sensación de presión en el pecho.
Quienes tienen asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) son los más expuestos. La neumóloga Rachel Taliercio, de la Cleveland Clinic, explica que en pacientes con EPOC el aire frío puede desatar síntomas muy parecidos a un ataque de asma. “Es posible que sientas falta de aire, tosas o que empieces a tener sibilancias. También podrías sentir una ligera opresión en el pecho”, describió Taliercio.
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Cómo cuidar el corazón y los pulmones ante el frío
- Vestirse en capas. Atrapa el calor junto al cuerpo. No olvidar el gorro: por la cabeza se pierde mucho calor.
- Cubrir la nariz y la boca. Una bufanda ayuda a que el aire llegue más cálido a los pulmones, y reduce la irritación en las vías respiratorias.
- Respirar por la nariz. Se encarga de calentar y humedecer mejor el aire frío antes de que llegue a los pulmones.
- Tomar agua. El frío baja la sensación de sed, pero el cuerpo igual se deshidrata. Eso espesa la sangre y aumenta el riesgo de coágulos.
- Calentar antes de entrenar. Previo a cualquier actividad física intensa en el frío, el cuerpo necesita adaptarse y aclimatarse.
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