
La investigación científica sobre la prevención de la demencia continúa arrojando nuevas pistas sobre el impacto de los hábitos cotidianos en la salud cerebral. Según un reciente estudio publicado en la revista científica JAMA Network Open y reportado por el portal de salud estadounidense Prevention, seguir una dieta antiinflamatoria podría reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad en hasta un 29%, incluso en personas con biomarcadores asociados a la enfermedad de Alzheimer.
El hallazgo refuerza la importancia de la nutrición y el estilo de vida en la protección contra un trastorno que afecta a casi el 10% de los adultos mayores en Estados Unidos.
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El estudio, realizado en el marco del Estudio Nacional Sueco sobre Envejecimiento y Cuidados en Kungsholmen, evaluó a 1.865 adultos mayores sin diagnóstico previo de demencia. Los investigadores siguieron durante hasta 15 años la evolución médica y dietética de los participantes. Los resultados mostraron una asociación clara entre la adherencia a dietas con bajo potencial inflamatorio y un menor riesgo de demencia, incluso en personas que ya presentaban cambios físicos en el cerebro vinculados a la patología.
Evidencia y contexto científico
La demencia representa uno de los mayores desafíos de salud pública a nivel global. Distintas investigaciones señalaron la influencia de factores genéticos y de estilo de vida en su aparición. En este contexto, el nuevo trabajo científico aporta evidencia sobre cómo la alimentación puede incidir incluso cuando existen señales biológicas tempranas de la enfermedad.
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De los 1.865 participantes seguidos durante el estudio, 240 recibieron un diagnóstico de demencia. Al analizar los registros dietéticos, el equipo observó que quienes mantenían un patrón alimentario menos inflamatorio exhibieron una reducción de hasta el 29% en el riesgo de desarrollar la enfermedad. Esta asociación se mantuvo incluso en personas con biomarcadores elevados, como proteínas amiloides o signos de inflamación cerebral, que suelen anticipar el desarrollo del Alzheimer.
Según la autora principal, Anja Mrhar, investigadora del Instituto Karolinska, de Suecia, “estos hallazgos refuerzan la importancia de las estrategias dietéticas específicas para la prevención de la demencia, no solo para la población general, sino también para las personas que ya presentan un riesgo elevado”. La especialista considera que la dieta podría actuar como una barrera protectora adicional incluso en escenarios de mayor vulnerabilidad biológica.
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Por qué la dieta puede influir en el riesgo de demencia

El trabajo es de tipo observacional, por lo que no prueba una relación causal directa, pero sí identifica una correlación robusta entre la dieta baja en inflamación y una menor incidencia de demencia. La Dra. Amalia Peterson, neuróloga conductual y profesora asistente de neurología en el Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt, explicó a la revista Prevention que “las vías a través de las cuales la dieta influye en el riesgo de demencia podrían variar según el grado de patología de la enfermedad de Alzheimer en el cerebro”.
La inflamación crónica se vinculó a procesos degenerativos en el sistema nervioso. La Dra. Liron Sinvani, geriatra y directora de investigación e innovación en el Instituto Northwell para el Envejecimiento Saludable, precisó que “cuando consumimos alimentos que promueven la inflamación —como carnes procesadas, azúcares refinados y alimentos ultraprocesados—, aumentan los niveles de moléculas inflamatorias en la sangre”.
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Esta situación puede afectar al cerebro, activando células inmunitarias y de soporte que, a su vez, favorecen el daño neuronal y la acumulación de placas relacionadas con el Alzheimer. La especialista agregó que “una dieta antiinflamatoria ayuda a calmar ese proceso”, gracias a su riqueza en verduras, frutas, cereales integrales, pescado, frutos secos y aceite de oliva, todos ellos ricos en antioxidantes y nutrientes que protegen la función cerebral.
Cómo es la dieta asociada a menor riesgo

El estudio analizó tres patrones dietéticos: la dieta mediterránea, la alimentación saludable en general y el potencial inflamatorio de la dieta. Si bien los tres estilos se relacionaron con un menor riesgo de demencia, el efecto fue más consistente en quienes seguían dietas con menor potencial inflamatorio, especialmente en personas con niveles altos de biomarcadores. Según Mrhar, “el patrón dietético menos inflamatorio mostró las asociaciones más consistentes entre las personas con niveles elevados de biomarcadores”.
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Estos resultados confirman la tendencia de investigaciones previas que señalan a la dieta mediterránea y otros modelos antiinflamatorios como aliados en la prevención de enfermedades neurodegenerativas. Los alimentos que predominan en estas dietas incluyen productos frescos, integrales y bajos en procesamiento industrial, así como un uso regular de aceite de oliva y el consumo frecuente de pescado y frutos secos.
“Este estudio demuestra que, incluso entre las personas que ya presentan signos biológicos de la enfermedad de Alzheimer en la sangre, seguir una dieta con menor potencial inflamatorio se asoció con una reducción de hasta un 29% en el riesgo de demencia”, concluyó Sinvani en declaraciones recogidas por la revista Prevention.
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El avance científico sugiere que, aunque la predisposición genética y biológica influye de manera relevante en el desarrollo de la demencia, el estilo de vida y, en particular, la alimentación, pueden ofrecer alternativas concretas para disminuir el riesgo y mejorar la calidad de vida de las personas mayores.
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