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Los huesos no son simples soportes: la función oculta que la ciencia tardó décadas en descubrir

Investigaciones recientes transformaron la manera en que los especialistas entienden al esqueleto, al confirmar una dimensión que la anatomía clásica nunca anticipó y que hoy abre una nueva rama de estudio

Esqueleto humano central con líneas que lo conectan a cerebro, corazón, intestinos, músculos, riñones y hueso en fondo crema.
El hueso funciona como un órgano vivo que se renueva de forma continua y se comunica con todo el cuerpo (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Los huesos forman el armazón que sostiene y protege al cuerpo humano. Estas estructuras, robustas y resistentes, permiten movimientos precisos, resguardan órganos vitales y dan forma al organismo. Lejos de ser simples soportes inertes, representan un tejido vivo que se renueva y adapta de manera continua. Su composición combina una matriz mineralizada rica en calcio y fósforo con fibras de colágeno, lo que les otorga una combinación excepcional de dureza y flexibilidad. Gracias a este diseño, pueden soportar enormes presiones: el fémur, por ejemplo, es capaz de resistir fuerzas equivalentes a varios cientos de kilogramos sin fracturarse.

Además de su función estructural, almacenan minerales esenciales y albergan la médula ósea, encargada de producir células sanguíneas, explica Smithsonian Magazine. Este tejido es tan dinámico que, a lo largo de la vida, se descompone y reconstruye en un proceso constante de renovación y remodelación. De hecho, la fortaleza ósea es el resultado de la interacción coordinada de diferentes tipos celulares que trabajan para mantener la integridad del esqueleto frente a las exigencias diarias.

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A pesar de su apariencia sólida e inmutable, la ciencia ha revelado que los huesos son mucho más que simples pilares del cuerpo. Investigaciones recientes han demostrado que participan activamente en la comunicación con otros órganos y sistemas, enviando y recibiendo señales que influyen en la salud general. Este hallazgo ha marcado un cambio radical en la comprensión del esqueleto, al demostrar que está profundamente integrado con el resto del organismo y cumple funciones que van mucho más allá del simple soporte mecánico.

Infografía con esqueleto, cerebro, estómago, intestinos, músculos, hueso cortado con médula, glóbulos rojos y blancos, cristales. Muestra texto explicativo.
La salud ósea depende de una red de señales con músculos, intestino, cerebro, riñones y médula ósea (Imagen Ilustrativa Infobae)

La ciencia detrás de la comunicación de los huesos con el cuerpo humano

Investigaciones de los últimos 15 a 20 años describen a los huesos y la salud general como parte de una red activa de comunicación con otros órganos, más allá de su función de sostén. La estructura ósea se comunica con el resto del cuerpo por medio de hormonas, moléculas de señalización, señales mecánicas y procesos de la médula ósea. Según una revisión publicada en Biology en 2025, esa conexión ayuda a mantener el equilibrio de calcio y fosfato, la producción de células sanguíneas y la relación del esqueleto con músculos, intestino y cerebro.

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Lejos de ser una estructura inerte, se renueva de forma continua. La Cleveland Clinic explica que los osteoclastos eliminan tejido viejo o dañado, los osteoblastos forman hueso nuevo y los osteocitos coordinan parte de esa respuesta. Estas células también detectan la carga mecánica y ayudan a traducir las exigencias físicas en una respuesta biológica. El estudio de Biology añade que el esqueleto actúa como un órgano sensorial que convierte esas señales mecánicas en mensajes bioquímicos.

De igual manera, los huesos funcionan como reservorio de calcio y fosfato, minerales necesarios para la señalización nerviosa, la contracción muscular y otras funciones, de acuerdo con Smithsonian Magazine. Los riñones y las glándulas paratiroides intervienen en ese equilibrio a través de la vitamina D y la hormona paratiroidea, que indican cuándo almacenar o liberar esos minerales al torrente sanguíneo, explica una investigación de 2023.

Una radiografía de tórax que muestra el esqueleto superior del cuerpo, incluyendo costillas, clavículas, hombros y la estructura de los pulmones.
El esqueleto regula el equilibrio de calcio y fosfato con ayuda de los riñones, la vitamina D y la hormona paratiroidea (Imagen Ilustrativa Infobae)

Smithsonian Magazine señaló que los osteocitos producen FGF23, una molécula que viaja a los riñones y participa en el control del fósforo. La revisión de Biology también incluye a FGF23 entre los factores derivados del hueso vinculados con una comunicación más amplia con otros órganos, incluido el cerebro.

Muchos huesos contienen médula ósea, el principal sitio de producción de glóbulos rojos, blancos y plaquetas, según revela un ensayo científico. Esa médula ajusta su actividad ante infección, inflamación o pérdida de sangre, lo que conecta al esqueleto con los sistemas circulatorio e inmunitario. Smithsonian Magazine añadió que además produce cada día cientos de miles de millones de células sanguíneas. Esa función sitúa a la estructura ósea dentro de procesos diarios que van mucho más allá de la prevención de fracturas.

La conversación del hueso con músculos e intestino

El esqueleto responde al uso que recibe. Caminar, correr o levantar pesas ejercen presión sobre los huesos y favorecen su fortalecimiento, mientras que la inactividad prolongada o la microgravedad se asocian con pérdida ósea, según expertos consultados por The Conversation.

Esqueleto humano de cuerpo completo de pie. Los intestinos y otros órganos internos están iluminados en tonos anaranjados. El fondo es un dibujo de anatomía muscular.
El ejercicio fortalece los huesos y activa moléculas que conectan al músculo con la remodelación ósea, mientras el sedentarismo favorece la pérdida ósea (Imagen Ilustrativa Infobae)

La comunicación con el músculo no es solo física. Smithsonian Magazine informó que el ejercicio eleva moléculas musculares como el ácido beta-aminoisobutírico y la irisina, vinculadas con la protección de los osteocitos y con la remodelación ósea, mientras que los osteocitos producen prostaglandina E2, relacionada con el crecimiento muscular.

La revisión de Biology coincide en que las alteraciones de la carga mecánica por envejecimiento, sedentarismo o vuelos espaciales pueden interrumpir ese circuito. Según esa revisión, las células óseas liberan moléculas de señalización ante la carga física y esa respuesta forma parte de la comunicación entre el hueso y otros sistemas.

El intestino también entra en la red. Smithsonian Magazine detalló que la microbiota intestinal influye sobre la masa ósea y puede modular la acción de la hormona paratiroidea por medio de ácidos grasos de cadena corta como el butirato.

El eje entre hueso y cerebro

La relación con el cerebro es bidireccional. Smithsonian Magazine atribuyó al fisiólogo Gerard Karsenty de la Universidad de Columbia hallazgos en ratones según los cuales la leptina actúa en el cerebro y frena la remodelación ósea, mientras que el estudio de Biology identifica también a la serotonina y a la actividad del sistema nervioso simpático como mediadores de ese control.

Ilustración biomédica de células inmunitarias esféricas (azul/púrpura) transitando por microcanales del hueso craneal hacia el cerebro, con textura rugosa.
El eje entre hueso y cerebro es bidireccional, aunque la evidencia sobre osteocalcina, FGF23 y lipocalina-2 aún requiere más investigación en humanos (Imagen Ilustrativa Infobae)

En sentido inverso, el hueso libera señales con posible impacto cerebral. La osteocalcina, FGF23 y la lipocalina-2 son factores vinculados con memoria, estado de ánimo, neurogénesis y funciones cognitivas, aunque expertos aclaran que parte de la evidencia sigue siendo inconclusa y requiere más investigación en humanos.

Por su parte, Smithsonian Magazine, que recogió resultados reproducidos por varios laboratorios sobre la osteocalcina, señaló que otros grupos no vieron efectos tan amplios sobre fertilidad, metabolismo o masa muscular. En ese contexto, la fisióloga Laura McCabe, de la Universidad Estatal de Michigan, le explicó a la revista: “Es un campo de investigación completamente nuevo”.

Los especialistas coinciden en una idea central: el esqueleto forma parte de un sistema integrado y no funciona como una pieza aislada del cuerpo. Según The Conversation, esa perspectiva amplía la salud ósea hacia funciones diarias como el movimiento, el equilibrio mineral, la producción de células sanguíneas y el intercambio de señales con otros órganos.

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