
Una revisión presentada por la Warwick Medical School en la reunión anual de la Endocrine Society en Chicago sugirió que los medicamentos GLP-1 contra la obesidad podrían mejorar la testosterona y la calidad del esperma en hombres con obesidad, una posible alternativa inicial a la terapia de reemplazo hormonal en pacientes con síntomas de testosterona baja, informó la revista científica Nature.
La revisión encontró solo 5 estudios aleatorizados y controlados que medían testosterona en hombres tratados con estos fármacos. Aun así, otras investigaciones citadas por la revista apuntan en la misma dirección: un análisis de más de 1.600 hombres detectó un aumento de alrededor del 30% en los niveles de testosterona tras el tratamiento con un fármaco GLP-1 o con otro que imita GLP-1 y otra hormona metabólica.
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La autora de la revisión, Pratibha Natesh, endocrinóloga de la Warwick Medical School en Coventry, Reino Unido, advirtió que la prueba todavía es preliminar y que hacen falta ensayos más sólidos para confirmar la asociación. Su equipo examinó la bibliografía científica para identificar ensayos controlados y aleatorizados sobre fármacos GLP-1 que incluyeran mediciones de testosterona masculina.
Estos medicamentos para la obesidad, comercializados en los últimos 5 años, actúan uniéndose al mismo receptor que una hormona natural llamada péptido similar al glucagón tipo 1, o GLP-1, y generan sensación de saciedad.

Qué encontraron los ensayos clínicos
En uno de los estudios revisados, 30 hombres con obesidad y testosterona baja, una condición conocida como hipogonadismo, fueron asignados al azar a recibir un fármaco GLP-1 o terapia de reemplazo de testosterona. Al cabo de 16 semanas, los niveles de testosterona habían aumentado en ambos grupos.
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Un segundo estudio asignó al azar a 25 hombres con diabetes tipo 2 e hipogonadismo a recibir un fármaco GLP-1 o terapia de reemplazo de testosterona. Tras 24 semanas, la testosterona aumentó en ambos grupos, aunque el incremento fue mayor en quienes recibieron reemplazo hormonal.
Ese mismo trabajo aportó el dato más concreto sobre fertilidad masculina: en el grupo tratado con GLP-1 mejoró la calidad del esperma. El porcentaje de espermatozoides con morfología típica, es decir, con forma y tamaño considerados normales, pasó de 2% al inicio a 4% al final del estudio.
En el grupo tratado con reemplazo de testosterona, en cambio, el recuento y la calidad del esperma disminuyeron, un efecto esperado con ese tipo de terapia. Los otros 3 estudios incluidos en la revisión evaluaron a hombres sanos que recibieron medicación GLP-1 durante períodos breves y no mostraron cambios en los niveles de testosterona.
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Obesidad, testosterona y fertilidad masculina
La posible relación entre estos fármacos y la fertilidad masculina no sorprende a los investigadores porque la obesidad se asocia desde hace tiempo con niveles más bajos de testosterona, una hormona esencial para la producción de esperma y, por lo tanto, para la fertilidad, detalló la revista.
Una de las explicaciones es que las células grasas contienen niveles elevados de una enzima que convierte la testosterona en estradiol, la principal hormona sexual femenina. Otros cambios metabólicos y el aumento de la inflamación vinculados con la obesidad también interfieren en la producción de testosterona.
La línea de resultados también aparece en estudios ajenos a la revisión. Andrés Guillén-Lozoya, médico de Mayo Clinic en Rochester, Minnesota, presentó el mes pasado en la reunión anual de la American Urological Association en Washington un análisis de historias clínicas electrónicas de más de 1.600 hombres a quienes se les habían recetado medicamentos contra la obesidad.
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Ese trabajo encontró que la testosterona aumentó cerca de 30% después del tratamiento con un fármaco GLP-1 o con un medicamento que imita tanto GLP-1 como otra hormona, el polipéptido insulinotrópico dependiente de glucosa.
Otro estudio retrospectivo analizó las historias clínicas electrónicas de 215 hombres tratados con fármacos para bajar de peso y observó que, después del tratamiento, sus niveles de testosterona eran en promedio alrededor de 20% más altos que antes.
Para los endocrinólogos que atienden a hombres con obesidad y síntomas de testosterona baja, la implicación práctica es directa: antes de indicar testosterona, conviene abordar primero la obesidad con cambios en el estilo de vida y, posiblemente, con medicación para bajar de peso, según Natesh.
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La especialista señaló que los datos deberían ser “una llamada de atención para todos los endocrinólogos” que tratan a hombres, en especial a quienes planean concebir y además presentan obesidad y síntomas como baja libido, estado de ánimo depresivo y pérdida de masa muscular.
Natesh añadió: “Veo a varios pacientes en esta situación”. Su consejo para los colegas que atienden a personas con obesidad y testosterona baja fue: “No receten testosterona de inmediato, miren el panorama completo”.
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