
La hepatitis B es el virus hepático más común y una de las principales causas de cáncer de hígado. Según expertos citados por National Geographic, más de 240 millones de personas en el mundo viven con hepatitis B crónica, aunque solo el 13% lo sabe.
Esta baja tasa de diagnóstico lleva a que la enfermedad reciba el apodo de “el asesino silencioso”, como la define Anna Suk-Fong Lok, directora de hepatología clínica en la Universidad de Michigan. El virus puede permanecer años en el organismo sin síntomas, mientras daña el hígado de manera progresiva.
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Las consecuencias de la infección pueden ser graves, incluyendo cicatrices hepáticas, insuficiencia hepática, cáncer y muerte prematura. Más de un millón de personas mueren cada año por complicaciones relacionadas con hepatitis B, muchas sin saber que tienen la infección.
La transmisión ocurre a través de sangre y fluidos corporales, como semen y fluidos vaginales, pudiendo contagiarse por objetos de uso personal o relaciones sexuales. Los bebés infectados durante el parto tienen un 90% de riesgo de desarrollar hepatitis B crónica, mientras que en adolescentes y adultos la probabilidad baja al 5%.
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Herramientas para la prevención y el control de la hepatitis B
La comunidad científica coincide en que existen medios efectivos para controlar la hepatitis B: vacunas seguras, pruebas de sangre sencillas y medicamentos antivirales. Sin embargo, el acceso desigual a estas herramientas mantiene vigente la urgencia de mejorar la prevención y el diagnóstico. La vacunación es clave y desde 1981 ha ofrecido casi 100% de protección durante décadas, reduciendo los casos en más de un 90% en países con alta cobertura.
“La vacuna de recién nacidos contra la hepatitis B es una de las herramientas de salud pública más eficaces que tenemos”, sostiene Jane Davies, especialista en enfermedades infecciosas y directora de Hepatitis Australia.
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Desde 1994, la vacunación al nacer evitó más de 90.100 muertes infantiles solo en Estados Unidos. Sin embargo, regiones como África subsahariana y el Pacífico occidental presentan menores tasas de vacunación, debido a limitaciones de recursos e infraestructura.

Tratamientos existentes y sus limitaciones
El tratamiento estándar de la hepatitis B crónica se basa en antivirales genéricos (análogos de nucleósidos o nucleótidos). Según Lok, estos medicamentos son “baratos, seguros y efectivos”, pero rara vez logran una cura funcional o la erradicación completa del virus. Los pacientes deben usarlos de por vida para mantener la infección bajo control, lo que representa una carga constante.
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Otra opción es el interferón alfa pegilado, un tratamiento costoso de 48 semanas que suprime el virus y modula el sistema inmunológico. Aunque tiene una tasa de cura funcional superior, genera efectos adversos difíciles de tolerar. Para Alice Lee, los genéricos baratos no están disponibles en todos los países. Geoff Dusheiko califica a la hepatitis B como “una injusticia atroz” y el mayor fracaso de salud pública del siglo XX por las desigualdades en el acceso a tratamientos.

Resultados del fármaco bepirovirsen
Un reciente ensayo clínico de fase III, publicado en el New England Journal of Medicine y difundido por National Geographic, mostró que el fármaco bepirovirsen puede lograr una “cura funcional” en uno de cada cinco pacientes. Los participantes mantuvieron el virus controlado sin medicación durante al menos seis meses, un avance frente al tratamiento estándar, que solo alcanza el 3 % de curas funcionales tras ocho a diez años.
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El estudio incluyó a 1.838 adultos de 29 países y excluyó a personas con cirrosis, coinfección con VIH o enfermedad grave. “No hemos tenido un tratamiento que se acerque a este nivel de curación. Creo que mis pacientes estarán sumamente contentos de contar con este tratamiento disponible”, afirma Seng Gee Lim. Para Lok, “tras muchos ensayos fallidos en los últimos diez años, los resultados de los B-Well Trials ofrecen esperanza de que la cura funcional de la hepatitis B es posible”.

Perspectivas futuras y retos pendientes
Bepirovirsen marca un avance, pero todavía queda mucho por avanzar para erradicar la hepatitis B. “La tragedia es que esta enfermedad es en gran medida prevenible y manejable”, señala Jane Davies. El acceso equitativo a la vacuna, diagnósticos y tratamientos sigue siendo clave, sobre todo en regiones de alta prevalencia con recursos limitados.
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El desarrollo de una cura definitiva requerirá combinar fármacos que bloqueen la replicación viral, reduzcan proteínas virales y estimulen al sistema inmunológico. Bepirovirsen destaca porque se une al ARN viral y activa una respuesta inmune específica. Según Lok, el fármaco actúa más como inmunomodulador que como antiviral directo, lo que plantea nuevas posibilidades pero también desafíos por delante.
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