La inutilidad del actual multilateralismo

Tanto las Naciones Unidas, como la Organización Mundial del Comercio se enfrentan a graves crisis de legitimidad y diplomacia

Guardar
Google icon
La ONU advierte de que el sistema global que rige las armas nucleares se enfrenta a su crisis más grave en décadas
La ONU advierte de que el sistema global que rige las armas nucleares se enfrenta a su crisis más grave en décadas

Soy esencialmente multilateralista, por formación y por vocación, porque he trabajado en sistemas multilaterales durante mucho tiempo. Por eso este presente y rápido deterioro me resulta especialmente afrentoso. No debería ser tan difícil reconstruirlo, pero tampoco es algo que ocurrirá en automático o aplicando las mismas fórmulas desgastadas. Las negociaciones importantes hace no tanto se hacían dentro del sistema multilateral, las dinámicas de posicionamiento internacional tenían que ver con cómo se actuaba dentro del sistema colectivo internacional. Hoy nada de eso es así. Para ilustrarlo, podemos apreciar la inestable situación internacional y la falta de ética del sistema multilateral para sostener posiciones que puedan ser observadas por y en los Estados. Se puede describir fácilmente la falta de expectativas en el sistema y vemos cómo todo esto ocurre ante la irrelevancia de las instituciones internacionales que deberían ser referentes al respecto.

Tanto las Naciones Unidas, como la Organización Mundial del Comercio se enfrentan a graves crisis de legitimidad y diplomacia. Las organizaciones están perdidas en el mundo de la falta de comunicación moral, caracterizado por un vacío de liderazgo multilateral. Aunque las negociaciones multilaterales siempre han sido lentas en su evolución temporal, se debe asumir que el producto de las negociaciones en ese marco muestra ahora reiterados fracasos y las negociaciones de identidad multilateral permanecen anquilosadas en posición irrelevante. Entonces, podemos extender estas identidades como productos de las negociaciones de evolución temporal adyacentes y obtenemos como resultado que cada Estado procura sus propios mecanismos para resolver sus propios intereses, es decir, la negociación de identidad bilateral, con uso indiscriminado de la presión para asegurar resultados.

PUBLICIDAD

En términos del producto temporal, las negociaciones multilaterales expandidas y diluidas en los tiempos de la falta de resultados del sistema de la ONU parecen productos fosilizados por el cual no es relevante invertir capital, credibilidad o tiempo, y finalmente los Estados, que identifican sus problemas en el desarrollo de políticas de alto nivel, ejercen la negociación como un mecanismo en el posicionamiento político global. Esto significa que la ética de la expectativa en el desarrollo se proyecta en la falta de la ética en las expectativas cerradas a los resultados multilaterales, que deambulan en generalidad y frases vacías y aburridas. Las transformaciones profundas que necesita el sistema multilateral requieren de modo imperativo que la ética de la expectativa de unirse a negociaciones multilaterales debe cambiar desde los anodinos posicionamientos actuales a lógicas de compromiso con principios y valores fundamentales que hacen a los Derechos de los pueblos. Es la misma necesidad de un proyecto ético para los pueblos, para las poblaciones vulnerables, para los que han visto arrebatada su democracia, lo que resalta que podemos usar la política en el curso de un proceso con compromiso con las soluciones necesarias.

En cuanto a la financiación o la implementación de proyectos para el desarrollo, el sistema multilateral también perdió completamente toda credibilidad y la inutilidad de sus proyectos, financiaciones y políticas depende generalmente del pesado aparato burocrático de las organizaciones hecho a retroalimentarse de papeles a cambio de mucho dinero. Las negociaciones políticas de desarrollo no dependen del sistema multilateral, las financiaciones son simplemente la demostración de la ineficiencia para generar capacidades nacionales como parecía ser el objetivo cuando fueron creadas.

PUBLICIDAD

El sistema multilateral se ha enredado en su lentitud y en pesadas dinámicas de consultorías que resultan contraproducentes, en informes que no reflejan realidades, en incubadoras para la reproducción de las incapacidades nacionales y en la falta de compromiso político para decir la verdad respecto a realidades, necesidades y soluciones. Pasemos primero a la dinámica del sistema en lo que refiere a políticas de desarrollo, ya sean económicas o sociales, recordando que esta evolución del tiempo de desarrollo está determinada por la economía y viene dada por la mayor eficiencia de los Estados en el manejo de las decisiones políticas. Las economías de desarrollo son hoy independientes del sistema multilateral cuya contribución ha sido en el mejor caso nula, aun cuando en muchas ocasiones ha sido directamente contraproducente contribuyendo de manera sustantiva a reproducir problemas y crisis.

Definimos la acción del tiempo como una situación en la que los Estados priorizan cada vez más los intereses nacionales locales sobre los acuerdos colectivos y multilaterales. Esta parálisis institucional multilateral ha limitado gravemente la capacidad de la comunidad internacional para abordar eficazmente los desafíos globales, ya sea el crimen organizado o la migración transnacional. Las soluciones han venido de negociaciones bilaterales y de apoyos bilaterales que resolvieron cosas que la acumulación de papeles solo había visto agravarse.

El sistema multilateral comercial ha sido completamente inoperante para enfrentar la fractura geoeconómica y el creciente proteccionismo. La era del libre comercio global ha dado paso rápidamente a una era de intenso nacionalismo económico. Los enfoques tradicionales de la globalización se han limitado a una inoperante confrontación repetitiva durante décadas en su operativa sin escala en el sistema multilateral. La esencia de los estudios comerciales actuales muestra cómo se han transformado las relaciones entre países en lógica de confrontación comercial que reemplaza la dejadez a nivel burocrático multilateral que solamente atina a mirar con asombro mientras los acuerdos bilaterales se suceden buscando soluciones para problemas pendientes durante décadas. La simplificación de la persuasión es la implementación de dinámicas de presión bilateral hacia temas comerciales puntuales. Los mecanismos más eficientes de la persuasión comercial a través de la renegociación permanente de contratos anteriores reemplazan de forma crítica y controvertida el concepto de rondas comerciales. El sistema multilateral yace tapado por sus propios estudios.

Dado el uso constante de la fuerza económica y sus implicaciones para los conflictos comerciales en el ámbito diplomático, ha llevado la proporcionalidad de esa fuerza a ser usada para soluciones políticas de las negociaciones comerciales que habían sido postergadas en el marco de un proceso autodestructivo. La persuasión basada en la presión se propaga por todas las regiones que cambian rápidamente adaptándose a una nueva realidad internacional. Pero esta lógica de “persuasión” de la guerra comercial multiplica soluciones forzando las respuestas necesarias. Las respuestas imaginarias que daba el sistema multilateral desde la ronda Uruguay no desempeñaron por demasiado tiempo un papel central en la economía comercial y del desarrollo, lo que hizo del sistema multilateral algo inútil con paquetes discretos y un sistema sin energía comercial.

Ante la pasividad del sistema multilateral la tendencia básica en la política internacional actual son los conflictos armados basados en la incapacidad para gestionar las crisis regionales por el sistema multilateral que se ha visto sustituido por la guerra activa y la violencia localizada. Sin embargo, he argumentado anteriormente que lo incómodo y francamente problemático reside en el uso de respuestas complejas que incluyen el uso de la fuerza, que son inherentes a la diplomacia real, y que ello ocurre cuando el multilateralismo falla, no por un par de años sino por periodos muy prolongados. La diplomacia consecuencialista debe ser capaz de dar respuestas complejas, soluciones que tienen impacto y que pueden conectar los más diversos problemas y fortalezas, que operan para la construcción de un balance general que se edifica día a día, teniendo en cuenta los paradigmas destructivos que pueden operar dentro del sistema, así como potenciando las acciones que son funcionales a su fortalecimiento.

Es muy visible cómo se aplica la lógica bélica en la totalidad del sistema, con el sistema multilateral sin guía ética al respecto, manejando conceptos atrasados y negociaciones reiterativas de su inutilidad. La energía potencial que es la paz tal como fue presentada por el sistema multilateral sirvió para cobijar agresiones y atentados, violaciones de Derechos Humanos sin ser capaz de ecuanimidad ni de eficiencia. La multiplicación de las acciones temporales que operan desde la persuasión bélica, son resultado claro del comportamiento de países impacientes con la falta de soluciones y que han decidido explotar las debilidades del sistema para alcanzarlas.

La falta de combinación de conceptos multilaterales negociadores asociados con los principios éticos y políticos que impulsaron su creación llevó al sistema de ONU a asumir una configuración de irrelevancia y su actuación se transformó en algo muy simple y declarativo, sin las consecuencias que la diplomacia debía crear. La ética de las organizaciones multilaterales está absorbida por estrategias de comunicación que se enroscan permanentemente en su zona confort de la autocomplacencia y de las culpas de los demás. La autocrítica es la principal herramienta para mejorar; y cuando un sistema no es capaz de ejercerla, ahí es donde termina: justo donde se encuentra ahora el sistema multilateral global.

El principal efecto de esto es la presente inutilidad del sistema para enfrentar siquiera las dificultades más sencillas, los países y la humanidad necesitan específicamente soluciones que los “rescaten del infierno” muchas veces, pero la pasividad del sistema, su desapego de los principios hace que el mismo sea disfuncional respecto a las soluciones que se necesitan. Las consecuencias de aplicar los principios son soluciones y restauraciones de la relación precisa en las frecuencias reales del poder político; esta relación es crucial en la implementación de los trabajos. Por lo tanto, las consecuencias de las acciones multilaterales tienen que tener varios niveles que en una representación gráfica se pueden asemejar a espirales que atraviesan una serie de planos complejos sobre los cuales van impactando y generando efectos/soluciones. La persuasión del sistema multilateral está moldeada en el comportamiento de estas espirales negociadoras que giran en torno a principios y valores fundacionales en el espacio y el tiempo de los problemas globales y regionales.

Hoy, ante la pasividad del sistema multilateral se están poniendo a prueba los marcos de seguridad internacional a niveles no vistos desde la Guerra Fría. El enfoque bélico se reproduce críticamente en Oriente Medio, la guerra ruso-ucraniana, el enriquecimiento de uranio iraní, convulsiones civiles y fragmentación a partir de conflictos internos en diversas zonas del África subsahariana. La moralidad del sistema multilateral es tan cuestionable que ha perdido capacidad para enfrentarse a lo más obvio, es así que Irán pudo enriquecer su uranio por encima del uso energético (5 %) hasta 60 % sin ninguna acción internacional ni punitiva ni de detención. El sistema multilateral encargado de la seguridad no pudo proteger a un país pequeño como Haití, ¿qué se puede esperar para el resto? Organizaciones que deberían ocuparse de la defensa de la Democracia han borrado el tema de su agenda. La importancia de los liderazgos de las organizaciones en la defensa de los DD. HH. es crucial políticamente; las capacidades jurisdiccionales o técnicas de las instituciones internacionales especializadas cumplen un papel fundamental, pero la delegación por comodidad a ellas que hace el liderazgo político priva al sistema multilateral de un instrumento clave para resolver situaciones de gravedad. Hace unos años, conjuntamente con el Vaticano y la Cruz Roja liberamos 320 presos políticos en Nicaragua, no puede ser que el sistema multilateral ni siquiera se plantee hacer cosas así al presente.

Otra característica importante del uso permanente de la persuasión bélica es que la diplomacia multilateral (y sus derivados) no se afirman en ningún poder real y con ello caen en la intrascendencia. Esto hace que las fuerzas de las potencias sean lineales y dirigidas directamente al problema, lo que significa que, si desarrollamos hoy dos tipos de recursos diplomáticos multilaterales, llamémoslos organizaciones internacionales en el terreno o enviados especiales, cuando los sumamos, no son capaces de alcanzar las soluciones válidas para enfrentar o neutralizar las crisis como parece tener actualmente la persuasión ruda que significa el uso de la fuerza. Si no se hubiese perdido la autoridad moral del sistema multilateral, las soluciones operarían completamente a la inversa de lo que acabamos de exponer. Esto significa que la lógica sistémica que surge del uso de la fuerza funcionará para cualquier combinación de principios políticos, religiosos, sociales, económicos. La capacidad de hacer es crucial para el ejercicio de la diplomacia en situaciones donde está en juego implementar soluciones respecto a Estados que violan el Derecho Internacional, ya sea a través de crímenes de lesa humanidad, violaciones sistemáticas de DD. HH. o enriquecimiento de uranio.

El sistema multilateral ha sido asimismo incapaz para encontrar puntos de normalización en las relaciones económicas internacionales. La confrontación geoeconómica se considera hoy también como una de las principales amenazas capaz de desencadenar crisis sistémicas, la acción en Venezuela o en Irán son también demostraciones de esto. Las diferentes áreas económicas y comerciales vestidas de alta fricción moral incluyen las crecientes tensiones comerciales entre potencias por el exceso de sus capacidades industriales o la necesidad de recursos (minerales raros), lo cual ha llevado a lógica de ataques y de diplomacia colateral que lleva a la acción progresiva permanente en el proceso de posicionamiento económico global.

La inteligencia colectiva del sistema multilateral ha fallado como ha fallado su moralidad, multiplicada por el esfuerzo diplomático que exactamente no satisface frente al diferencial crítico de la acción unilateral. Cuando se reconocen los extremos de los posicionamientos se puede medir la ética por la longitud de la cuerda y como se espera que la misma no se rompa en el permanente tironeo, visualmente solo valores muy específicos funcionarán para el procedimiento constante de tirar de la cuerda. Esto solo significa que podemos encajar consecuencias de acción política entre los extremos fijos de la cuerda de las relaciones internacionales que se encuentra en permanente tensión. Este comportamiento da un tono diplomático muy intenso; las frecuencias operativas son simples resultados de este comportamiento crítico del uso de la fuerza dura o blanda o intermedia.

Sin embargo, para quienes restringen el Derecho Internacional, estas frecuencias de ejercicio del Derecho no son tan simples, las soluciones de las nuevas implicaciones de la acción internacional directa y unilateral para la cual las instituciones internacionales no tienen respuesta, como tampoco la tenían para violaciones de Derechos Humanos o enriquecimiento de uranio como hemos señalado. Las acciones tienen que ver directamente con el ejercicio del Poder. Por lo tanto, las consecuencias diplomáticas ahora se alinean perfectamente con la falta de moralidad en la protección de principios por parte del sistema multilateral y con la falta de ética operativa de las organizaciones.

El sistema multilateral tampoco tiene la menor idea de qué hacer con el más que demandante asunto de la inteligencia artificial que ha evolucionado de un interés tecnológico comercial a un escenario primordial de competencia geopolítica. No hay peor situación para un sistema multilateral cuando el mismo se autosatisface con sus propios papeles, cuando las organizaciones internacionales empiezan a parecerse a consultorías gigantes. Hoy es la situación imperante.

Las soluciones para el sistema multilateral no son difíciles, tienen que ver con asumir sus propias competencias, hacer suyos los principios y valores fundacionales, tener un proyecto ético que les dé capacidad de acción y de negociación. La solución es salirse de la trampa expresada por el principio cartesiano de que “de la nada, nada sale”.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD