
Un novedoso enfoque de psicoterapia, dirigido a reactivar el sistema de recompensa del cerebro, ha demostrado ser más eficaz que los tratamientos tradicionales para reducir la depresión y la ansiedad en adultos con anhedonia severa.
El estudio, publicado en JAMA Network Open y reportado por investigadores de la Southern Methodist University y Universidad de California, Los Ángeles (UCLA), sugiere que enfocarse en recuperar las emociones positivas proporciona una mejora clínica superior y sostenida a la de las terapias convencionales enfocadas en aliviar emociones negativas. Este avance abre nuevas perspectivas para tratar uno de los síntomas más resistentes y predictivos de complicaciones en los trastornos afectivos.
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La anhedonia, la reducción o incapacidad de experimentar placer, afecta a cerca del 90% de quienes padecen depresión mayor. Este síntoma no solo dificulta la recuperación y anticipa una mayor gravedad de la enfermedad, sino que además se asocia a un mayor riesgo de suicidio.

Aunque también se presenta en trastornos de ansiedad, estrés postraumático, uso de sustancias y esquizofrenia, los tratamientos actuales han ignorado en gran medida esta dimensión, priorizando la reducción de emociones negativas sobre la restauración de las positivas.
Desde un punto de vista clínico, la anhedonia puede dividirse en diferentes tipos según su expresión o naturaleza, según la Clínica Universidad de Navarra:
- Anhedonia física: pérdida de placer en sensaciones corporales, como comer, tocar o tener relaciones sexuales.
- Anhedonia social: disminución del interés o satisfacción en interacciones sociales, relaciones de amistad o vínculos familiares.
- Anhedonia anticipatoria: dificultad para sentir motivación o deseo por actividades futuras que antes eran gratificantes.
- Anhedonia consumatoria: incapacidad para disfrutar del momento presente o de actividades que están ocurriendo en tiempo real.
Un tratamiento centrado en la reconstrucción del placer

El estudio dirigido por Alicia E. Meuret, responsable del Centro de Investigación en Ansiedad y Depresión de la Southern Methodist University, junto con Thomas Ritz y Michelle G. Craske de UCLA, evaluó la eficacia de la “Positive Affect Treatment” (PAT), una intervención psicoterapéutica de 15 sesiones destinada a recuperar la capacidad de experimentar alegría, propósito y motivación.
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A diferencia de las terapias convencionales, el PAT se centra exclusivamente en fortalecer las emociones positivas, utilizando ejercicios para reconectar a los pacientes con actividades gratificantes y prácticas como la gratitud, la capacidad de disfrutar el presente y la bondad hacia uno mismo y los demás.
La investigación incluyó a 98 adultos con depresión, ansiedad y anhedonia severa, asignados aleatoriamente a la PAT o a un tratamiento estándar focalizado en minimizar emociones negativas.

Los resultados mostraron que quienes recibieron el tratamiento enfocado en las emociones positivas presentaron mejoras significativamente mayores en el estado clínico general —incluyendo tanto los síntomas depresivos como ansiosos— en comparación con el grupo convencional. Este efecto se mantuvo aún un mes después de finalizar la intervención.
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Según los autores de la investigación, modular el procesamiento de recompensas y amenazas fue el mecanismo central de esta mejora, y remarcaron la importancia de abordar esta disfunción para reducir factores de riesgo clave como la ideación suicida y las recaídas. El tratamiento no solo incrementó la capacidad de anticipar y disfrutar experiencias placenteras, sino que también mejoró la motivación y el aprendizaje relacionado con la obtención de recompensas.
La recompensa y el impacto clínico

El estudio empleó nueve herramientas para evaluar la sensibilidad a la recompensa en tres dimensiones: anticipación y motivación, respuesta a la obtención y aprendizaje a partir de recompensas.
Se utilizaron además cinco medidas de procesamiento de amenazas, a partir de autoinformes, tareas conductuales y pruebas fisiológicas. Seis de las siete medidas subjetivas —autoinformes— fueron mediadoras de los resultados clínicos, mientras que los indicadores conductuales y fisiológicos no mostraron la misma relación.
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En palabras de Meuret: “Hay una diferencia entre sentirse indefenso y sentirse sin esperanza. Cuando alguien se siente indefenso, mantiene el deseo y la voluntad de cambiar las cosas. En cambio, cuando la persona pierde la esperanza, cree que nada puede modificar su situación. Eso es lo que representa la anhedonia y no basta con eliminar las emociones negativas para solucionarlo”.
El grupo de autores incluyó además a David Rosenfield y Emily Wang de la Southern Methodist University, junto con Christina Hough de UCLA.
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