La dificultad para mantener la concentración no es solo consecuencia del entorno digital, sino que podría estar arraigada en los ritmos cerebrales que regulan la atención.
Un estudio reciente del University of Rochester Medical Center muestra que el cerebro alterna entre estados de foco y distracción hasta 10 veces por segundo, lo que explicaría la susceptibilidad a las notificaciones y estímulos que caracteriza la vida moderna. Los hallazgos fueron publicado en PLOS Biology.
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Ritmos cerebrales y alternancia atencional
El informe, liderado por Ian Fiebelkorn y Zach Redding, indaga cómo la actividad eléctrica cerebral determina la facilidad para mantener la concentración o caer en estímulos secundarios.
Los investigadores monitorizaron la actividad cerebral de 40 adultos mediante electroencefalograma (EEG) mientras intentaban enfocarse en un objetivo visual, añadiendo distractores intencionales.

Durante la prueba, los participantes observaban un cuadrado gris en el centro de una pantalla, mientras puntos de colores aparecían como distractores. El seguimiento ocular garantizaba que los cambios de atención registrados no fueran provocados por movimientos de la mirada.
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El EEG permitió detectar que las oscilaciones cerebrales fluctúan entre 7 y 10 veces por segundo. Estas variaciones corresponden a intervalos muy breves en los que el cerebro intensifica el enfoque en la tarea o, por el contrario, facilita la posibilidad de distraerse con otros estímulos.
Cuando los participantes mostraban menor capacidad para detectar el objetivo, también caían con mayor facilidad en la distracción provocada por los puntos de colores. Así, el ritmo interno cerebral no solo regula el desempeño en una tarea, sino que abre “ventanas” en las que las distracciones se vuelven más influyentes, según detalló el University of Rochester Medical Center.
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Dos ritmos, dos puertas de la atención

La clave del estudio está en identificar dos ritmos que marcan el paso entre la atención y la distracción. El ritmo theta (de 4 a 8 Hz) regula los momentos en que el cerebro está dispuesto a cambiar el foco hacia un nuevo estímulo.
En contraste, el ritmo alpha (cerca de 9 a 10 Hz) aparece sobre todo cuando se presentan distractores visuales, influyendo en los mecanismos que dejan pasar o filtran información irrelevante.
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El equipo halló que la fase del ritmo theta, detectada en regiones centrales del cerebro, condiciona la susceptibilidad ante los estímulos: en ciertos momentos del ciclo, los participantes mostraban mayor facilidad para distraerse y cometer errores.

El ritmo alpha también se activaba en zonas del cerebro relacionadas con la atención y la visión cuando los distractores eran muy visibles. Esto indica que ambos ritmos actúan como compuertas que se abren y se cierran rítmicamente: a veces facilitan el foco en la tarea y otras permiten que la mente se desvíe hacia nuevos estímulos.
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La vulnerabilidad moderna ante distracciones digitales
La llamada “teoría rítmica de la atención” plantea que los humanos evolucionaron para estar atentos a los peligros del entorno mientras realizaban tareas cotidianas. Estar listos para cambiar el foco podía significar sobrevivir ante una amenaza, aunque hoy esos mismos mecanismos pueden dificultar la productividad.
En la actualidad, rodeados de dispositivos, teléfonos y mensajes constantes, las pausas regulares en que el cerebro abre la puerta a las distracciones se convierten en un punto vulnerable ante una avalancha de estímulos digitales. Por ejemplo, cuando una persona intenta estudiar o trabajar y, pese a su intención de concentrarse, revisa el celular tras una notificación.
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No se trata solo de falta de voluntad: en determinados instantes del ciclo cerebral, la atención se vuelve más permeable a estímulos externos, lo que facilita que un mensaje, un sonido o incluso un pensamiento interrumpa la tarea principal.
“Las ventanas rítmicas de oportunidad para cambiar el foco atencional, antes ventajosas para la supervivencia, hoy pueden aumentar nuestra vulnerabilidad a distracciones”, apuntaron los autores.
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TDAH y estrategias para mejorar el enfoque
Estos avances aportan nuevas perspectivas para el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). El equipo científico sugiere que la raíz de las dificultades de flexibilidad observadas en personas con este diagnóstico podría aparecer en la frecuencia con la que alternan entre estados de atención y distracción.

Según Fiebelkorn y su equipo, si el cerebro no alterna de forma rítmica entre el enfoque y la apertura a distracciones, puede resultar en una menor flexibilidad cognitiva, rasgo característico del TDAH. Comprender este proceso biológico podría ser clave para el desarrollo de estrategias terapéuticas personalizadas.
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El trabajo, señala que modular estos ritmos mediante tecnología podría abrir nuevas posibilidades tanto para la concentración como para el tratamiento de la hiperactividad y la dispersión patológica.
El grupo de investigación prevé que futuras líneas de trabajo se centren en tecnologías para optimizar la gestión de la atención. Así, el cerebro humano alterna su enfoque entre la concentración y la recepción de nueva información, manteniendo un equilibrio que permite adaptarse a las exigencias de cada situación y enfrentar los desafíos de la vida moderna.
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