
Desde hace aproximadamente cuatro meses, en el pequeño municipio de El Recuenco (Guadalajara), que tiene apenas 80 vecinos, hay nueve habitantes más. Un grupo de bisontes europeos (Bison bonasus) pasta desde principios de año en régimen de semilibertad en un recinto de 400 hectáreas de monte público. El objetivo del proyecto, llevado a cabo por la fundación Rewilding Spain en colaboración con la Universidad de Manchester, la Universidad del País Vasco y el centro ECONOVA, es renaturalizar el entorno y contribuir a la prevención de incendios al consumir el combustible vegetal.
Estos bóvidos de gran tamaño, por tanto, servirían para ayudar a combatir algunos de los problemas graves a los que se enfrenta el mundo rural, como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad o el abandono.
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El municipio alcarreño ha acogido con entusiasmo a la manada de bisontes, compuesta por cinco hembras y cuatro machos, y, de hecho, fue el propio Ayuntamiento de El Recuenco el que propuso a Rewilding Spain trabajar en la zona. De esta manera, no solo dispondrían de un recurso para la gestión natural de sus montes, sino que también podrían “generar oportunidades para el ecoturismo y atraer visitantes amantes de la naturaleza”, explican a Infobae desde la fundación.
“Es pronto para advertir cambios”, señalan. “Lo que sí sabemos es que los animales, que están monitorizados de manera permanente, se encuentran bien, con buen estado de salud y alimentándose de manera natural según lo previsto”.
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Los bisontes de este proyecto piloto llegaron a España hace tres años ―pues la especie no se encuentra de forma natural en nuestro país― procedentes de Polonia y Países Bajos. Desde entonces, permanecieron en una finca privada en El Espinar (Segovia), donde nacieron los ejemplares más jóvenes y donde, según señalan desde Rewilding Spain, los animales se adaptaron a las condiciones ambientales del interior español. De Segovia fueron trasladados a Guadalajara.
De este trabajo realizado en El Recuenco, se prevé que se desarrollen dos tesis: una sobre la adaptación del bisonte al paisaje y a las condiciones ambientales y otra sobre el impacto de la especie en la vegetación leñosa de la zona. “Esperamos empezar a tener los primeros resultados comparativos dentro de dos años”, explica la organización, que indica que esto les permitirá “tomar decisiones sobre la evolución del proyecto”.
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El rewilding o la renaturalización persigue el objetivo de recuperar los procesos naturales y las especies silvestres para que los ecosistemas puedan restaurarse y mantenerse por sí mismos tras un impulso inicial. La elección del bisonte europeo se corresponde con la idea de que estos animales “pueden desempeñar funciones ecológicas similares a las de grandes herbívoros que han desaparecido del paisaje debido a la actividad humana, como el uro y el caballo salvaje”.
Sin embargo, estos proyectos no han recibido el apoyo por parte de toda la comunidad científica, instaurándose un debate en torno a si es verdaderamente una buena idea la introducción del bisonte europeo en España o si, por el contrario, es una especie inapropiada en nuestro territorio.
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De extinguirse en la naturaleza a ocupar nuevos lugares
El bisonte europeo es en la actualidad el último gran bóvido salvaje que sobrevive en el viejo continente. Sin embargo, estuvo muy cerca de correr la misma suerte que el resto debido a la presión de la caza y la destrucción de su hábitat. A comienzos del siglo XX, de hecho, este animal se extinguió en estado salvaje.
Comenzaron entonces varios programas de cría y reintroducción a partir de un número muy limitado de supervivientes en cautividad: toda la población contemporánea de la especie deriva de solo 12 ejemplares, por lo que su variabilidad genética es relativamente baja.
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En 1996, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) catalogó al bisonte europeo como “en peligro de extinción”. En 2008 se reclasificó como “vulnerable” y en 2020 como “casi amenazado”, dando cuenta de los avances en los esfuerzos por evitar su desaparición. Se estima que en la actualidad hay aproximadamente 9.500 ejemplares, distribuyéndose gracias a las reintroducciones en países como Alemania, Polonia, Rumania o Bielorrusia.
Científicos se oponen a la introducción del bisonte en España
En 2024, ante el creciente apoyo a la introducción del bisonte europeo en España, un grupo de cuarenta investigadores de distintas universidades y centros de diferentes países y disciplinas elaboró la primera reflexión científica sobre este asunto. Este artículo, publicado en la revista Conservation Science and Practice y que contó con la participación de especialistas de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), desaconsejó la introducción de este gran bóvido como parte de la fauna ibérica, planteando una serie de limitaciones en cuanto a su justificación, supervivencia y legalidad.
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“En términos generales, nuestra opinión es contraria a la consideración de que el bisonte europeo actual pueda soltarse libremente en la Península Ibérica por razones climáticas (es una especie de climas mucho más fríos que el nuestro), legales (no cumple los requerimientos solicitados por la ley española, ni las recomendaciones de la UICN), éticas (la baja tasa de natalidad y la elevada tasa de mortalidad de bisontes en España, observada desde 2010, a pesar de los controles veterinarios) y de seguridad vial (un choque con un animal de 10 toneladas es algo más grave que con un jabalí), lo que hace que consideremos que no es una especie adecuada para nuestro entorno en un contexto de calentamiento global”, explica a este medio Carlos Nores, doctor de la Universidad de Oviedo y principal firmante del estudio.
Sobre la legalidad, Nores matiza que el proyecto de introducción de bisontes europeos en El Recuenco sí está permitido porque se mantienen en un recinto cerrado en el que pueden ser controlados y sometidos a una vigilancia veterinaria. “Lo que no es legal es que se puedan soltar para que vivan libremente en la naturaleza”.
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En el comunicado emitido por el CSIC en el momento de la publicación de ese artículo, los investigadores señalaron que “el bisonte europeo no es capaz de restaurar ningún hábitat perdido en España ni puede cumplir ninguna de estas funciones mejor de lo que pueden hacerlo los herbívoros autóctonos silvestres o domésticos ya existentes”. Más aún, señalaban que “se ha pretendido justificar su introducción con supuestos nunca demostrados que han aprovechado su icónica imagen como especie emblemática para conseguir una finalidad carente de evidencias probadas”.
Nores señala a Infobae que, con respecto al proyecto de Rewilding Spain en Guadalajara, no se oponen a la experimentación científica. Sin embargo, “este es un experimento pionero, el número 18 que se ha puesto en práctica, de los que al menos cinco han terminado de forma catastrófica, con todos o la mayoría de los bisontes muertos”. Así, el investigador de la Universidad de Oviedo espera que este proyecto “cumpla todo lo que promete”, ya que únicamente uno de los anteriores “produjo algún tipo de información científica publicada”.
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El experto también duda de la capacidad del bisonte europeo para controlar incendios en España. “En la experiencia de la Sierra de Andújar, se comprobó que consumían menos materia leñosa de los venados y no pudieron evitar que se quemase más de un tercio de la finca donde se desarrolló la prueba”. Además, indica que “lo de la lucha contra el cambio climático parece más un eslogan publicitario que una realidad científicamente contrastada”.
Pero, ¿el bisonte europeo habitó antiguamente la península?
El estudio de Conservation Science and Practice señala que la propuesta de introducir al bisonte europeo en España comenzó en 2010, basando sus justificaciones en “la recuperación del bisonte representado en el arte paleolítico” y “la reconstrucción de la fauna del Pleistoceno”, entre otros.
Pero, ¿es el bisonte europeo el animal que los homo sapiens pintaron en las cuevas de Altamira? El artículo en el que participa Nores indica que no, que se trata de otra especie distinta: el bisonte estepario (Bison priscus), ya extinto en la actualidad. De hecho, en el registro fósil del Pleistoceno tardío de la Península Ibérica solamente hay evidencias de la presencia de esta otra especie, no del bisonte europeo.
También lo destacó así el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) cuando en 2020 rechazó una solicitud de incluir la especie en la Lista Española de Especies Silvestres en Régimen Especial de Protección Especial (LESPRE) y en el Catálogo Español de Especies Amenazadas: “Las poblaciones actualmente cautivas o semicautivas de bisonte europeo presentes en España no pueden incluirse en los listados y catálogos oficiales” porque “no existe evidencia científica de la presencia de esta especie en el pasado, con lo que tampoco cabría incluirla en el Listado de Especies Extinguidas”.

El estudio, además, señala que no es posible aceptar la sustitución del extinto bisonte estepario por el bisonte europeo en nuestro país. De lo contrario, “no habría razón para oponerse a la reintroducción de otras especies que se extinguieron”, como las hienas, los cuones y los leones o leopardos.
Un debate todavía abierto
El debate no está cerrado. Un mes después, un grupo internacional de 12 investigadores, entre los que se encontraban expertos de universidades españolas, contestó a este estudio con un comentario publicado en la misma revista.
En él señalaban que esta introducción sí podría ser apropiada por la función ecológica de la especie en la restauración ambiental, el éxito reproductivo y la supervivencia en los núcleos semilibres que ya había en España o la contribución a la estrategia europea de conservación del bisonte europeo. Además, indicaban que con los datos actuales no se puede afirmar de forma definitiva que la especie no habitase la región, pese a la ausencia de restos fósiles abundantes en el registro ibérico.
Desde Rewilding Spain defienden, por tanto, que este debate no resuelto pone de manifiesto que aún faltan datos “que nos permitan entender por completo la capacidad de adaptación del bisonte europeo a ecosistemas mediterráneos”. Con su proyecto en El Recuenco, pretenden contribuir a este conocimiento, permitiendo aportar “evidencias empíricas sobre el potencial de esta especie para la restauración de ecosistemas”.
Mientras el debate continúa y se esperan los resultados de este proyecto, los nueve bisontes de El Recuenco pastan por unos montes que sus antepasados, según los datos que se tienen en la actualidad, no llegaron a pisar nunca.
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