
Un accidente cerebrovascular (ACV) o ictus es una emergencia médica que se produce cuando se interrumpe el flujo sanguíneo al cerebro, ya sea debido a una obstrucción o a una hemorragia. La falta de flujo sanguíneo puede provocar la muerte de células cerebrales y complicaciones graves, alerta la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Se estima que uno de cada cuatro adultos sufrirá un ACV a lo largo de su vida, y que el 80% de estos episodios podría prevenirse, según datos de la American Stroke Association (ASA).
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Los cambios en el modo de vida, entre ellos una dieta saludable, y el control eficaz de la hipertensión arterial pueden reducir considerablemente el riesgo de que se produzca un ACV.
Una investigación publicada en la revista Neurology Open Access señaló que seguir la dieta mediterránea puede disminuir hasta en un 25% el riesgo de padecer cualquier tipo de accidente cerebrovascular (ACV).
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El trabajo, realizado durante más de dos décadas, refuerza la idea de que la alimentación rica en aceite de oliva, frutos secos, pescado, cereales integrales y vegetales no solo beneficia la salud general, sino que incide particularmente en la prevención de diversas formas de ACV, incluidas aquellas menos investigadas como el hemorrágico.
Según la OMS, existen tres tipos de ACV:
- Isquémico: un coágulo sanguíneo obstruye un vaso sanguíneo del cerebro, lo que provoca la pérdida del flujo sanguíneo.
- Hemorrágico: se produce una hemorragia cerebral por rotura de un vaso sanguíneo del cerebro, con pérdida de sangre.
- Transitorio: breve periodo de tiempo con síntomas similares a los de un ACV, causado por un breve bloqueo del flujo sanguíneo al cerebro. Un ACV transitorio suele durar apenas unos minutos y no causa daños a largo plazo.

Estudios anteriores han demostrado que la dieta mediterránea puede reducir el riesgo de demencia y favorece un envejecimiento saludable.
“Nuestros hallazgos respaldan la creciente evidencia de que una dieta saludable es fundamental para la prevención del ictus”, afirmó la autora del estudio, Sophia Wang, del Centro Oncológico Integral City of Hope en Duarte, California.
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“Nos interesó especialmente ver que este hallazgo se aplica al ictus hemorrágico, ya que pocos estudios a gran escala han analizado este tipo de ictus”, afirmó la experta.
Cómo se realizó el estudio

En el estudio liderado por expertos de Estados Unidos y Grecia, se analizaron a 105.614 mujeres en California con una edad promedio de 53 años al inicio y sin antecedentes de ACV.
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Todas las participantes eran maestras de escuelas públicas, administradoras o miembros del Sistema de Jubilación de Maestros del Estado de California al inicio del estudio y tenían entre 38 y 67 años. Durante un seguimiento de 21 años, se asignó a cada participante una puntuación —de cero a nueve— en función de su adherencia a la dieta mediterránea.
Luego del estudio, los investigadores descubrieron que las mujeres que seguían la dieta mediterránea presentaban un menor riesgo de sufrir cualquier tipo de ictus.
Aquellas con mayor puntuación registraron un 18% menos de riesgo total de ACV, un 16% menor de sufrir un ACV isquémico y un 25% menos de probabilidad de experimentar un ACV hemorrágico respecto al grupo con la adhesión más baja.
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La clasificación se basó en el consumo por encima del promedio poblacional de cereales integrales, frutas, verduras, legumbres, aceite de oliva y pescado, así como de una ingesta moderada de alcohol. Paralelamente, los puntajes más altos correspondieron a quienes redujeron la cantidad de carnes rojas y productos lácteos. Solo el 13% de las participantes se encontraba en el grupo de menor adherencia a esta dieta.
El ACV constituye una amenaza significativa, ya que cada año más de 15 millones de personas en el mundo sufren este evento; cinco millones fallecen y otros tantos quedan con discapacidad permanente, según datos publicados por The Guardian.
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“El accidente cerebrovascular es una de las principales causas de muerte y discapacidad, por lo que es emocionante pensar que mejorar nuestra alimentación podría reducir el riesgo de padecer esta devastadora enfermedad”, afirmó Wang.

La investigadora también señaló la relevancia del estudio para las mujeres a medida que envejecen. “El riesgo de accidente cerebrovascular en las mujeres aumenta al llegar a la menopausia y se eleva posteriormente. Nuestro estudio demuestra que hay medidas que se pueden tomar para minimizar ese riesgo, como seguir una dieta saludable como la mediterránea".
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Los autores del trabajo advirtieron que, pese a la envergadura del estudio, este solo incluyó mujeres y los datos sobre la dieta se obtuvieron mediante autoinforme, lo que podría introducir sesgos.
Por este motivo, Wang destacó: “Se requieren más estudios para confirmar estos resultados y comprender los mecanismos responsables, lo que nos permitiría identificar nuevas maneras de prevenir el accidente cerebrovascular”.
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Claves para seguir la dieta mediterránea

Manuel Moñino, miembro de la Academia Española de Nutrición y Dietética, la describe como “un patrón alimentario rico en alimentos vegetales frescos, como por ejemplo, frutas, hortalizas, legumbres, granos enteros, frutos secos, y aceite de oliva, entre otros”.
Además, la dieta prevé un consumo moderado de lácteos y carne, así como un consumo reducido de alimentos con alto contenido en grasas saturadas, sal y azúcares, como por ejemplo, la repostería, las carnes procesadas o los productos precocinados.
El experto señaló que el patrón alimentario da mucha importancia a la estacionalidad, lo que aporta variedad a los alimentos que se consumen a lo largo del año.
Los alimentos clave son:

- Aceite de oliva (preferentemente, virgen extra). Una de las piedras angulares de esta dieta “es el consumo de aceite de oliva”, afirmó Moñino en un artículo en la Academia Española de Nutrición y Dietética.
- Frutas y hortalizas. Se recomiendan cinco porciones al día, tres frutas, principalmente de postre, y una hortaliza en cada comida principal.
- Legumbres. Este alimento es “típico de la dieta mediterránea y se debe consumir al menos cuatro veces a la semana. Se pueden comprar secas, que son las más económicas, y también cocinadas o congeladas", señala Moñino.
- Pescados (azules y blancos). Moñino añade también los mariscos. “Un buen ejemplo son los mejillones”, añade.

- Frutos secos y las semillas oleaginosas. El experto recomienda las almendras, las nueces, las avellanas, los piñones o las pipas de girasol y de calabaza.
- Cereales enteros. “El pan” – señala Moñino- “es un alimento básico en nuestra alimentación. Para incluirlo correctamente es clave recurrir a aquellos que son tradicionales, integrales (o semiintegrales), y bajos en sal”.
- Proteínas animales. Moñino recomienda incluir “los huevos, las carnes y los lácteos, especialmente, los fermentados, como el yogur y los quesos, tan típicos de la dieta mediterránea. En cuanto a las carnes, es importante priorizar las de ave y conejo, y dejar para un consumo más esporádico el cerdo, y mucho más puntual, el de ternera y cordero”, señaló el experto
Menú diario mediterráneo

Teniendo en cuenta todas estas pautas dietéticas, Moñino propone un menú ajustado a la dieta mediterránea:
Desayuno
- Una tostada de pan integral con un chorrito de aceite de oliva con queso y hortalizas, por ejemplo, con unos pimientos asados.
- Un café con leche o té.
A media mañana
- Una fruta o un yogur con un puñadito de frutos secos o semillas oleaginosas.
- Si no se ha desayunado, una opción es comer un sandwich pequeño de pan integral.
Comida
- Hortalizas (ensalada, etc.)
- Legumbres con hortalizas o pastas o arroces integrales con verduras, a las que se puede añadir una pequeña cantidad de carne o pescado.
- Fruta fresca y de temporada de postre.
- Pan integral para acompañar.
- Agua.
Merienda
- Un yogur con semillas o con frutas desecadas.
- Fruta fresca.
Cena
- Hortalizas (por ejemplo, verdura cocida, asada o en puré)
- Pescado o huevos y hortalizas.
- Fruta de postre.
- Pan integral.
- Agua.
Todo ello cocinado con aceite de oliva y con poca sal, optando, además, por sal yodada, recomendó Moñino.
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