
Las diminutas partículas conocidas como microplásticos están presentes en todos los rincones del planeta, mezclándose con el agua, los alimentos y el aire que las personas consumen cotidianamente. Estas partículas plásticas, cuyo tamaño oscila entre una milésima de milímetro y cinco milímetros, se originan tanto por la degradación del plástico en el medio ambiente como por procesos de fabricación específicos.
La organización American Heart Association Journals, destaca que ingresan al organismo principalmente a través de alimentos, agua embotellada, productos de cuidado personal y por inhalación de polvo en entornos urbanos e industriales. Incluso, su presencia en tejidos animales y humanos ya fue verificada, lo que denota la dificultad de evitar por completo su incorporación al cuerpo.
De este modo, un reciente estudio realizado en modelos animales por la Universidad de California, publicado en la revista Environment International, advierte sobre una posible relación entre esta contaminación ubicua y un crecimiento en el riesgo de enfermedades cardiovasculares en los hombres. De acuerdo con los expertos, el alcance de los efectos sobre la salud del corazón podría ser mayor de lo que se pensaba, lo que renueva la urgencia de profundizar en su impacto.
Los microplásticos: imposibles de evitar
El responsable del estudio de la Universidad de California, Changcheng Zhou, sostiene: “Es casi imposible evitar los microplásticos por completo”, en parte porque han sido hallados en el torrente sanguíneo y en órganos vitales.

A lo largo de los últimos años, se han asociado estas partículas con una gama de problemas de salud, incluyendo alteraciones hormonales, dificultades reproductivas, daños neurológicos y la posibilidad de cáncer, como consignan instituciones como Harvard y la American Heart Association Journals. El vínculo entre la contaminación y los riesgos cardiovasculares ocupa un lugar cada vez mayor en la investigación científica. Estos materiales pueden actuar tanto como portadores de contaminantes químicos como adquirir efectos propios al interactuar con el cuerpo, aunque la relación causal todavía está bajo evaluación.
La evidencia científica profundiza en la manera en que los microplásticos pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, especialmente en hombres. El grupo liderado por Zhou estudió los efectos de la exposición en ratones modificados genéticamente para desarrollar aterosclerosis. Durante nueve semanas, estos animales recibieron dosis de microplásticos equivalentes a las que enfrenta una persona expuesta habitualmente por alimentos y agua contaminados. Los resultados revelaron un incremento del 63% en la acumulación de placa en la arteria principal del corazón de ratones machos, y un aumento superior a siete veces en la arteria braquiocefálica en comparación con los no expuestos. Las hembras no mostraron cambios significativos en la formación de placas.

En paralelo, estudios epidemiológicos en humanos aportan pruebas preocupantes. Harvard analizó muestras de placa arterial extraídas de 257 pacientes y encontró microplásticos en el 58% de los casos. Los pacientes con dichas moléculas en la placa arterial presentaron un riesgo 4,5 veces mayor de infarto, accidente cerebrovascular o muerte durante un seguimiento de casi tres años, en comparación con quienes no tenían. No obstante, los especialistas advierten que las investigaciones en humanos no permiten atribuir una causalidad exclusiva a este fenómeno, dado que intervienen otros contaminantes y factores de estilo de vida.
El análisis realizado en el modelo animal pone de relieve una notable diferencia entre sexos. Según el equipo de Zhou, solo los ratones machos presentaron un agravamiento drástico de la aterosclerosis tras la exposición a microplásticos; en las hembras, los efectos fueron mínimos o inexistentes. Si bien aún se desconoce si este patrón se replica en humanos, los resultados sugieren la posibilidad de que existan factores de protección asociados a la biología femenina que atenúen el impacto de los microplásticos en el sistema vascular.
Las investigaciones permiten comprender parcialmente cómo los microplásticos afectan al organismo. Los datos de la casa de estudios californiana señalan que estas partículas dañan principalmente las células endoteliales, que recubren el interior de los vasos sanguíneos y funcionan como primera barrera ante la entrada de sustancias externas. Como explican los expertos, la disfunción de estas células puede iniciar procesos inflamatorios y acelerar la formación de placas que obstruyen las arterias.

Sin embargo, ensayos médicos de la American Heart Association Journals aclara que, en humanos, los microplásticos rara vez actúan de forma aislada: suelen encontrarse junto a una variedad de contaminantes químicos cuyo efecto combinado dificulta aislar el verdadero responsable del daño arterial. Además, la composición química de estos contaminantes fluctúa según la región geográfica y el origen del plástico, lo que complica la comparación entre diferentes poblaciones.
Frente a la dificultad para evitar las moléculas y ante la ausencia de métodos efectivos para eliminarlos del organismo, la recomendación de los expertos pasa por adoptar hábitos que ayuden a preservar la salud cardiovascular.
Desde la Universidad de California destacan que seguir una dieta equilibrada, realizar ejercicio físico y controlar los factores de riesgo tradicionales resulta fundamental para reducir el impacto de exposiciones inevitables. La protección del corazón ante nuevos riesgos medioambientales sigue dependiendo, en gran medida, de las estrategias preventivas personales y colectivas.
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