
Un estudio internacional ha dado un paso relevante en la comprensión del microbioma intestinal al clasificar, por primera vez a gran escala, las bacterias intestinales según su impacto en la salud y la dieta. La investigación, publicada en diciembre de 2025 y basada en el análisis de más de 34.500 personas de Reino Unido y Estados Unidos, introduce un sistema de ranking de microbios que distingue entre especies favorables y desfavorables para la salud, lo que abre nuevas perspectivas para la prevención de enfermedades y la promoción de la salud digestiva.
Este avance coincide con el interés global por la microbiota que busca concienciar sobre la importancia de estos microorganismos en el bienestar general.
El estudio se apoya en datos del programa Zoe PREDICT y emplea técnicas de aprendizaje automático para vincular 661 especies microbianas intestinales con indicadores clave de salud y dieta, como el índice de masa corporal (IMC), los triglicéridos y la glucosa en sangre.
Los investigadores identificaron las 50 especies más asociadas a la buena salud y las 50 más vinculadas a riesgos para la salud, creando así el “ZOE Microbiome Health Ranking 2025” y el “Diet Ranking 2025”.
Este sistema puntúa a cada microbio en una escala de 0 a 1, donde los valores cercanos a cero indican una correlación positiva con la salud y los cercanos a uno, una relación negativa. El análisis reveló que las bacterias favorables predominan en personas con menor IMC y menos enfermedades, mientras que las desfavorables son más frecuentes en quienes presentan obesidad o patologías asociadas. El equipo de investigación señala que “los individuos con peso saludable portaban, en promedio, 5,2 especies favorables más que las personas con obesidad”.
Entre los ejemplos destacados, el estudio observó que intervenciones dietéticas personalizadas y el consumo de suplementos prebióticos incrementaron la presencia de bacterias beneficiosas como Bifidobacterium animalis, asociada al consumo de lácteos, y especies del grupo Lachnospiraceae, relacionadas con dietas veganas y vegetarianas.
Además, se identificaron nuevas especies microbianas previamente no caracterizadas, lo que sugiere que el conocimiento sobre la microbiota intestinal aún está en expansión. Aunque la investigación es de carácter observacional y no establece causalidad directa, los autores consideran que el ranking servirá de base para futuras investigaciones y para el desarrollo de intervenciones más precisas.

La importancia del microbioma intestinal radica en su papel esencial en la digestión, la producción de vitaminas, la regulación del sistema inmunológico y la protección frente a patógenos. De acuerdo con los Institutos Nacionales de Salud (NIH), el microbioma está compuesto por billones de bacterias, hongos y virus que coexisten en el cuerpo humano, con una concentración especialmente alta en el tracto gastrointestinal.
Estos microorganismos ayudan a descomponer los alimentos y sintetizar vitaminas esenciales como la K y las del complejo B, además de actuar como barrera defensiva y regular procesos metabólicos e inmunológicos. La profesora Sheena Cruickshank, de la Universidad de Manchester, subraya, según se desprende de una nota anterior de Infobae, que “el cuidado del microbioma puede ayudar con muchas afecciones, incluidas las alergias, el asma y las enfermedades autoinmunes”.
La composición del microbioma intestinal no es estática y depende de múltiples factores. La dieta es el principal determinante: una alimentación rica en fibra, frutas, verduras y alimentos fermentados favorece la diversidad y el equilibrio microbiano.
Elizabeth Corwin, de la Universidad de Columbia, señala que “la fibra no se digiere bien en el estómago y tiende a descomponerse más por los microorganismos”, lo que beneficia la salud intestinal.

El uso de antibióticos, el estrés, la contaminación ambiental y el sedentarismo son otros factores que pueden alterar la composición microbiana y aumentar el riesgo de disbiosis, es decir, el desequilibrio de la microbiota.
Mantener una microbiota equilibrada se asocia con la prevención de enfermedades digestivas, metabólicas y autoinmunes. Los especialistas recomiendan priorizar una dieta variada y rica en fibra, incorporar probióticos y prebióticos, evitar el uso innecesario de antibióticos y gestionar el estrés mediante técnicas como la meditación o el ejercicio regular.
“El intestino funciona como un filtro o barrera para controlar lo que se absorbe en la sangre, y un intestino permeable puede generar una cascada de problemas de salud. Así, el desequilibrio de la microbiota puede contribuir a enfermedades que no tienen que ver sólo con el aspecto gastrointestinal”, sino que “la microbiota funciona como un órgano endocrino, es un órgano que tiene un papel casi tan importante como el riñón o el hígado”, precisó el médico gastroenterólogo, Facundo Pereyra en una nota reciente con Infobae.
Además, la hidratación adecuada y el sueño reparador contribuyen a preservar la integridad del microbioma intestinal. Las intervenciones dietéticas personalizadas, como las evaluadas en el estudio, muestran que es posible modificar la composición microbiana y, potencialmente, mejorar la salud general.
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