
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 57 millones de personas en todo el mundo viven con demencia. La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia y puede representar entre un 60% y un 70% de los casos. Cada año, casi diez millones de nuevos diagnósticos se suman a esta cifra, lo que convierte a esta enfermedad neurodegenerativa en una de las causas principales de discapacidad y dependencia en el mundo, de acuerdo a la OMS.
Numerosos estudios señalan que la hipoacusia es un factor de riesgo de deterioro cognitivo o de demencia en edades avanzadas. La Comisión Lancet reconoció la pérdida de audición como un factor de riesgo modificable para estas enfermedades.
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Según explicó en una nota anterior con Infobae el doctor Ricardo Allegri (MN. 63538), jefe de Neurología Cognitiva, Neuropsiquiatría y Neuropsicología de FLENI, las investigaciones han demostrado que la pérdida auditiva es un factor de riesgo de demencia. “Los metaanálisis demostraron que mejorando la audición se retrasa el inicio de la demencia. La pérdida auditiva determina un aislamiento social, y este influye negativamente sobre el paciente. Esta pérdida y también la visual son dos factores a tener muy en consideración, dado que en la mayoría de los casos pueden compensarse”, afirmó el doctor.

Los investigadores han medido la relación entre el deterioro cognitivo y la pérdida de audición. Un metanálisis publicado en Ageing Research Reviews concluyó que cada deterioro de 10 decibelios se asocia con un incremento del 16% en el riesgo de sufrir demencia. De ahí la importancia de hacer la consulta médica ante los primeros síntomas.
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El impacto de la hipoacusia no se limita al plano biológico. El aislamiento social es una consecuencia frecuente. “La evidencia sugiere que la pérdida auditiva se asocia con un rendimiento cognitivo deficiente, un mayor riesgo de demencia y una salud cerebral deficiente en adultos mayores”, se indicó en el informe.
El diagnóstico temprano es clave
Se llama presbiacusia a la pérdida progresiva de la audición por desgaste y edad.

María Agustina Leiro, licenciada en Fonoaudiología (MN 8343), explicó a Infobae: “La sordera por envejecimiento, llamada presbiacusia, que se produce por un deterioro progresivo del oído interno a causa de la edad, suele comenzar entre los 50 y 60 años (incluso algo antes también). Es difícil detectarla inicialmente, ya que suele ser lenta y gradual, y se presenta con síntomas como mala comprensión de las palabras, más aún en ambientes ruidosos. También dificultad para identificar sonidos agudos como puede ser un timbre, la aparición de tinnitus, tener que subir el volumen de la televisión y/o elevar el volumen de la voz”, explicó Leiro, quien integra el equipo GAES Amplifón.
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La Fundación Pasqual Maragall afirmó que aunque se desconoce la relación de causa-efecto existente entre la hipoacusia y el deterioro cognitivo, se consideran tres hipótesis, no excluyentes entre sí:

- La hipoacusia y la demencia podrían compartir una causa neuropatológica común. En tal caso, existe la posibilidad de que la hipoacusia pudiera ser una manifestación temprana del desarrollo de una demencia, años antes de la aparición del deterioro cognitivo.
- La pérdida auditiva puede contribuir a reducir la interacción social y, progresivamente, conducir al aislamiento social. Está comprobado que la soledad y la depresión son factores de riesgo para la aparición de deterioro cognitivo y de demencia.
- Por el hecho de padecer hipoacusia se requiere de un mayor esfuerzo mental para concentrarse y asegurar un procesamiento efectivo del sonido. “Ejecutar esta tarea podría implicar reclutar más recursos neuronales de los necesarios, lo cual podría interferir en otros procesos cognitivos que tienen lugar de forma simultánea que implican a la memoria, las funciones ejecutivas y la atención, entre otras. Esta “sobrecarga” podría tener consecuencias adversas sobre nuestra estructura cerebral a largo plazo", dijo la fundación.
Medidas de prevención

Según la Fundación Pasqual Maragall no hay que dudar en solicitar una consulta médica si se experimenta alguno de los siguientes signos de alerta:
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- Menor participación en conversaciones o tender a sentirse aislado en reuniones de grupo.
- Tener la sensación de que las otras personas no vocalizan lo suficiente cuando hablan.
- Necesitar frecuentemente que se repitan palabras o temas durante una conversación.
- Evitar conversaciones telefónicas.
- Sentir incomodidad en entornos con mucho ruido ambiental.
- Tendencia a ver la televisión o escuchar la radio con un volumen demasiado alto (o así lo indican otras personas).
- No oír ciertos sonidos cotidianos que sí oyen otras personas del entorno (el timbre de la puerta, el teléfono, la alarma del despertador…).

La licenciada Leiro recomendó que ante la aparición de síntomas de presbiacusia se debe acudir al especialista otorrinolaringólogo, quien solicitará estudios para determinar el diagnóstico, el tratamiento a seguir y el uso de otoamplífonos.
La recomendación es someterse a revisiones auditivas periódicas cada uno o dos años —especialmente a partir de los 50 o 60 años. Corregir la pérdida auditiva a tiempo, por ejemplo con audífonos, evita que los problemas asociados empeoren. Para quienes ya usan audífonos o han tenido patologías auditivas previas, se recomienda hacerse una revisión con más frecuencia, cada seis a 12 meses.
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La fundación afirmó que luego de tratar la hipoacusia, se observa una clara mejoría en el rendimiento cognitivo cotidiano y en tareas relacionadas con la memoria, porque que se restablece una vía muy importante de entrada y procesamiento de información. La protección auditiva también depende de los hábitos cotidianos: limitar la exposición al ruido es una medida fundamental para prevenir la pérdida auditiva.
El uso de audífonos cuando es necesario, se suma a las medidas que se deben tomar sobre los factores de riesgo modificables para prevenir las demencias.
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