
El cáncer de testículo es una enfermedad que suele afectar principalmente a hombres jóvenes de entre 15 y 35 años. Se estima que uno de cada 250 varones será diagnosticado alguna vez con esta patología que, afortunadamente, es tratable y tiene altas posibilidades de curación. Por lo tanto, resulta fundamental consultar a tiempo a un profesional para lograr de forma temprana una detección y un abordaje adecuados.
Los testículos son órganos pares del sistema genital masculino, y tienen como funciones principales a la producción de espermatozoides y a la síntesis y secreción de las hormonas sexuales masculinas. En general, el cáncer se origina en las células germinales, que son las que dan lugar a la formación del esperma. En menor proporción, también puede surgir a partir de otros tipos de células que conforman el tejido testicular.
La doctora Florencia Colella (MN 148685), médica uróloga en el Centro Argentino de Urología, explicó a Infobae: “No se conocen a ciencia cierta las causas del cáncer de testículo, con lo cual no sabemos por qué es más frecuente en la juventud. Se le adjudican ciertos factores de riesgo y se sospecha de alteraciones genéticas, pero básicamente se trata de algo estadístico. Luego de los 35 años de edad, le prevalencia de la enfermedad desciende a aproximadamente el 1% de los cánceres sin un motivo claro”.

Tal como mencionó Colella, las causas del cáncer de testículo resultan desconocidas, aunque se han identificado algunos factores de riesgo con una clara asociación con este tipo de tumor, como por ejemplo las alteraciones en el desarrollo testicular -entre las que se destaca la falta de descenso del testículo al escroto-; la presencia de un cáncer previo en la zona y antecedentes familiares, entre otros.
En muchos casos, estos tumores se diagnostican porque el paciente “se palpa un bulto no doloroso en el testículo: ese es el primer signo que lo lleva a la consulta. Excepcionalmente, puede haber un aumento del tamaño del escroto, enrojecimiento, dolor, acumulación de liquido en el escroto y -mucho menos frecuente- dolor abdominal o de espalda”, según precisó la uróloga.
En ese tono, Colella lamentó: “Los hombres jóvenes no suelen venir a la consulta urológica, en general, por pudor, lo cual es una lástima porque es una patología altamente tratable y curable si es diagnosticada y tratada en forma precoz. Hay un preconcepto de que el urólogo es únicamente para los hombres mayores”. Bajo este precepto, “el autoexamen testicular debería ser tan difundido como el autoexamen mamario”, aseveró la médica.

Para hacer la autoevaluación de los testículos, es recomendable ubicarse frente a un espejo. En primer lugar, hay que palpar la piel del escroto, buscando algún tipo de lesión o signos de inflamación. Cada testículo debe ser examinado con las dos manos y, posteriormente, sostenido con el pulgar y el dedo medio. Hecho esto, los expertos llaman a prestar atención a la presencia de nódulos o pequeñas zonas de induración, y a advertir cambios en el tamaño, la forma o la consistencia habitual. Cabe aclarar que no debería sentirse dolor alguno al realizar este procedimiento.
La mayoría de estos tumores se diagnostican porque el paciente se palpa un bulto que, habitualmente, no genera dolor. Otras veces, puede aparecer malestar o sensación de pesadez en la región genital o en la ingle, así como un aumento de tamaño del escroto y, con menor frecuencia, agrandamiento o incremento de la sensibilidad en las mamas.
En este contexto, un examen físico realizado por el médico urólogo permite aclarar el diagnóstico, ya que las imágenes ecográficas confirman la presencia del tumor y sus características. Adicionalmente, pueden practicarse estudios de laboratorio para detectar marcadores tumorales, tomografía computada o resonancia magnética nuclear.
Cómo es el tratamiento del cáncer de testículo

El tratamiento de este cáncer requiere, en primer lugar, de una orquiectomía. ¿De qué se trata? De una intervención quirúrgica en la que se remueve el órgano comprometido. Luego, con los resultados de la biopsia, se puede determinar con certeza el tipo de tumor. En algunos casos, es posible que se necesite quimio o radioterapia luego de la cirugía.
“La orquiectomía es el primer paso en el tratamiento, y es lo que nos permite obtener material para que los patólogos nos puedan decir qué tipo de tumor testicular es realmente y qué tipo de tratamiento es el adecuado para cada caso”, profundizó Colella. Hay que tener presente que, en general, se trata de pacientes jóvenes que se someterán a tratamientos que pueden alterar su fertilidad, su esfera sexual y su autoimagen corporal. Por lo tanto, resulta fundamental prever estas situaciones y ofrecerles la posibilidad de preservar esperma y de colocarse prótesis testiculares con fines estéticos.
En ese tono, la uróloga aclaró: “La orquiectomía por sí misma no debería afectar en forma significativa la fertilidad, siempre que el paciente tenga un testiculo remanente sano. Habitualmente, se le ofrece hacer preservación de esperma por los tratamientos posteriores como quimioterapia o radioterapia que sí alteran la fertilidad”.
Si bien no hay manera de prevenir el cáncer testicular, el autoexamen periódico constituye una gran herramienta, además de la consulta temprana con el profesional urólogo para determinar los pasos a seguir. Sobre este punto, Colella insistió: “Hay que incentivar el autoexamen testicular; es algo fácil, rápido y no resulta doloroso”.
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