
Los investigadores que buscan biomarcadores del COVID prolongado han relacionado el síndrome con los virus del herpes, así como con niveles reducidos de una hormona del estrés. Un nuevo estudio publicado en medRxiv y que aún no ha sido revisado por pares intenta aclarar los trastornos de salud que afectan a una de cada tres personas infectadas con coronavirus.
Esta infección puede resultar en el desarrollo de una serie de secuelas persistente después de una enfermedad aguda, un padecimiento que se denomina Long COVID o COVID prolongado. Quienes experimentan las secuelas del coronavirus reportan fatiga incesante, malestar posterior al esfuerzo y una variedad de disfunciones cognitivas y autonómicas. Sin embargo, los mecanismos biológicos básicos responsables de estos síntomas debilitantes aún no están claros.
La inmunobióloga Akiko Iwasaki, de la Facultad de Medicina de Yale en Connecticut y primera autora de la investigación, vinculó este síndrome con los virus del herpes. A su vez, habló de niveles más bajos de una hormona del estrés.

Cómo se hizo el estudio
Los expertos dividieron a los pacientes en dos categorías. En el grupo que tuvo síntomas de COVID prolongado encontraron que los niveles de cortisol, los de azúcar en la sangre y los ciclos de sueño eran hasta un 50% más bajos que en los participantes sanos. Aquella podría ser la razón por la que afecta a personas con estas características.
Además, el virus Epstein-Barr, que puede causar la mononucleosis, y el de la varicela-zoster, que causa varicela y herpes zóster, podrían haberse reactivado en tiempos cercanos a la infección por COVID. Ambos virus resisten indefinidamente en el cuerpo tras una infección y pueden comenzar a multiplicarse nuevamente después de un período de inactividad, especialmente cuando las defensas están bajas.
El coronavirus que no se va
La dolencia prolongada produce una serie de síntomas -a menudo debilitantes- que pueden durar meses o incluso años. Esto sucede entre el 5% y el 50% de los casos de coronavirus. El problema es que los investigadores tienen pocas pistas sobre sus causas. El último estudio implicó la generación de miles de datos de cada participante para identificar las características inmunológicas claves que diferencian a las personas con COVID-19 prolongado y a las sanas.

El estudio incluyó a 99 personas con la infección perdurable y a 116 participantes que nunca habían tenido o se habían recuperado después del contagio. Los resultados revelaron que los niveles de cortisol -una hormona del estrés que desempeña un papel en el control de la inflamación, de los niveles de azúcar en la sangre y de los ciclos de sueño- eran un 50 % más bajos en el grupo con COVID prolongado que en los pacientes sanos.
Los autores también encontraron evidencia de que las personas con los síntomas persistentes son más susceptibles a la recaída. Muchos de estos virus pertenecen a la familia de los herpes y pueden permanecer en el cuerpo indefinidamente o bien multiplicarse.
Los pacientes con COVID prolongado también tenían niveles anormales de ciertos tipos de sangre y de células inmunitarias. Esto sugiere que sus sistemas inmunológicos pueden estar trabajando horas extras. Si bien los resultados no son concluyentes, esta situación abre la puerta a una investigación más exhaustiva. Los hallazgos en cuestión amplían los informes anteriores que relacionaron los bajos niveles de cortisol con estos resultados.

Virus de Epstein-Barr con COVID prolongado
El estudio de Iwasaki es relativamente pequeño: solo se incluyó a un subconjunto de los participantes. Por lo tanto, la investigación tiene limitaciones. Estos expertos buscaron medir los anticuerpos conta el virus de la varicela y contra el de la varicela-zóster. “Los anticuerpos fueron más altos en el grupo de COVID prolongado que en de las personas sanas. Esto sugiere que el virus se ha reactivado más recientemente”, afirma Iwasaki. Y aclara: “Para determinar si hay una activación actual se debe realizar una prueba de ADN viral en sangre”.
El equipo de Iwasaki se encuentra realizando nuevas pruebas para ampliar los resultados. A su vez, la idea es evaluar los niveles de cortisol de los participantes a lo largo del día, ya que los indicadores de la hormona del estrés tienden a cambiar. De ese modo podrán examinar cómo varían las características inmunitarias en diferentes momentos después de la infección. “Este es un estudio exploratorio que genera hipótesis y claramente no es la conclusión de lo largo que es el coronavirus, pero comienza a abrir puertas”, concluyó Iwasaki.
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