Cómo el cerebro humano imagina a partir de recuerdos y la actividad neuronal interna

Según investigadores de la University College London, el silenciamiento neuronal es el mecanismo central de este proceso, que modula señales ya existentes en lugar de construir nuevas imágenes visuales

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Ilustración plana de una silueta humana en perfil (azul oscuro) con un cerebro multicolor de formas geométricas, conteniendo escenas y símbolos abstractos, sobre fondo violeta.
El cerebro humano consume casi un 20% de la energía corporal debido a su alta actividad neuronal interna, incluso en reposo (Imagen Ilustrativa Infobae)

El cerebro humano es una máquina muy alta de consumo energético, utilizando aproximadamente una quinta parte de la energía total del cuerpo, aun cuando no esté involucrado en tareas cognitivas evidentes. Cuando una persona está leyendo, el aumento en el gasto de la energía cerebral es mínimo: solo cerca del 1%. El restante 99% se emplea en una actividad autogenerada, en la que las neuronas mantienen una comunicación constante entre sí, independientemente de si el individuo está absorto en sus pensamientos.

Este fenómeno ha sido explorado en profundidad por científicos, que destacan la enorme proporción dedicada a la actividad neuronal espontánea. Incluso en las áreas visuales del cerebro, la entrada de estímulos externos influye menos en la activación de las neuronas que la actividad interna continua. La mayor parte de la información que circula se produce de manera endógena, lo que significa que la imaginación y otros procesos mentales dependen en gran medida de este flujo constante y espontáneo.

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Una teoría reciente publicada en Psychological Review plantea que la imaginación influye en la actividad cerebral principalmente mediante silenciamiento selectivo, más que por la creación de nuevas señales. En otras palabras, no consiste en construir imágenes desde cero, sino en modular la actividad neuronal ya existente. Resulta que las áreas visuales del cerebro producen patrones de activación muy similares tanto si los ojos están abiertos como cerrados.

De hecho, un estudio muestra que basta una intervención mínima en el cerebro para generar una respuesta conductual clara, como buscar agua azucarada, lo que pone de manifiesto la sensibilidad de estos sistemas. Estos hallazgos, de la University College London, subrayan que el trabajo en el cerebro es más una cuestión de canalizar la actividad interna que de generar nuevas imágenes de manera activa.

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Perfil de persona adulta con ojos cerrados e imagen de cerebro transparente sobre su cabeza mostrando rutas neuronales iluminadas y proyecciones de imágenes mentales.
La imaginación aprovecha la actividad cerebral endógena, donde el 99% del procesamiento ocurre sin intervención de estímulos externos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cómo se relacionan la imaginación y la memoria

Este vínculo se hace patente al observar el papel central del hipocampo, una estructura cerebral con forma de caballito de mar. La ausencia del mismo no solo impide la formación de nuevos recuerdos, sino que también limita gravemente la capacidad de imaginar escenarios ficticios o futuros. Quienes padecen daño hipocampal, al intentar describirse en una escena inventada, solo logran evocar imágenes fragmentadas, lo que subraya la doble función de esta estructura en el recuerdo y la proyección mental.

Estudios con resonancia magnética han demostrado que esta parte del cerebro se activa incluso con mayor intensidad cuando una persona imagina el futuro, en comparación con la evocación del pasado. Esto ha llevado a los expertos a reconsiderar la distinción tradicional entre memoria e imaginación, proponiendo que ambas dependen esencialmente del mismo proceso: la combinación de fragmentos de experiencias, emociones y conocimientos previos. Como señala Scientific American, desde el punto de vista evolutivo, la función principal de la memoria reside en su capacidad para ayudarnos a anticipar y planificar el futuro.

La actividad del hipocampo también se manifiesta en experimentos con roedores. Cuando una rata recorre un laberinto, las llamadas “células de lugar” se activan para indicar dónde se encuentra el animal. Sin embargo, se ha observado que estos patrones neuronales pueden anticipar posiciones futuras o simular trayectorias alternativas, operando como una forma básica de imaginación espacial. Este fenómeno sugiere que el hipocampo genera mapas mentales que permiten tanto la recuperación de recuerdos como la simulación de escenarios hipotéticos.

La diferenciación entre la realidad y la ficción mental parece depender también de la integración de información sensorial externa. El cerebro utiliza señales del entorno físico para anclar sus modelos internos, ayudando a distinguir entre percepciones genuinas e imaginadas. De este modo, el hipocampo actúa como un director de orquesta que coordina la activación de otras regiones cerebrales encargadas de representar imágenes, sonidos u olores, tanto en la memoria como en la imaginación.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Las áreas visuales del cerebro muestran patrones de activación similares con ojos abiertos o cerrados, subrayando el peso de la actividad interna (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuál es la nueva teoría de la imaginación

Científicos han estudiado una nueva teoría en torno a la imaginación de las personas. Una de las propuestas más recientes sobre el funcionamiento en el cerebro sostiene que este proceso no implica la creación de imágenes mentales desde cero, sino la remodelación y canalización de la actividad neuronal espontánea ya presente.

Según expresaron expertos en The Conversation, puede entenderse como una forma de “ver al revés”: en vez de partir de los estímulos externos, el cerebro toma recuerdos, ideas abstractas y fragmentos almacenados en regiones profundas y los hace descender por la cadena visual hasta las áreas sensoriales, modulando la actividad existente más que generando patrones completamente nuevos.

Esta suposición, al describirla como un silenciamiento selectivo y una organización de fragmentos dispersos, explica por qué las imágenes mentales suelen ser más tenues y menos vívidas que las percepciones reales. El cerebro trabaja con el bullicio interno de la actividad, donde circulan constantemente fragmentos de rostros, escenas y recuerdos.

La imaginación logra detener las corrientes internas que dispersan estos elementos, permitiendo que una imagen determinada sobresalga temporalmente, como una señal distinguible entre la estática neuronal. Esta visión se apoya en observaciones experimentales: la supresión neuronal, más que la activación, es el mecanismo central al imaginar, y basta una mínima intervención para modificar la experiencia consciente.

Primer plano de una persona mayor sonriendo y armando un rompecabezas, con un cerebro translúcido y neuronas iluminadas superpuestas sobre su cabeza.
El cerebro distingue entre realidad e imaginación usando señales sensoriales externas que anclan los modelos internos creados por la mente (Imagen Ilustrativa Infobae)

El vínculo con la evolución humana es directo: la capacidad para manipular la actividad cerebral interna y simular escenarios futuros parece haber sido una ventaja clave en el desarrollo de nuestra especie. Según New Scientist, los primeros homininos ya demostraban formas básicas de imaginación al fabricar herramientas de piedra hace más de tres millones de años en Lomekwi, Kenia. Este tipo de pensamiento constituye un salto que no se observa en otros animales.

Este aspecto se expandió más allá de la simple planificación práctica. El desarrollo del lenguaje multiplicó el potencial imaginativo, permitiendo la comunicación de ideas complejas, la transmisión de conocimientos y la creación colectiva de significados. Estas capacidades, que emergen del refinado control sobre la actividad cerebral espontánea, han dado lugar a manifestaciones culturales tan diversas como la pintura rupestre, la invención de mitos o la creación de sistemas simbólicos.

El contraste con otras especies es significativo. Aunque algunos animales pueden anticipar acciones, como las arañas saltarinas que planean ataques, la imaginación humana es mucho más elaborada y flexible.

La cooperación entre distintas áreas cerebrales permite una alternancia rápida entre la generación, evaluación y reelaboración de ideas, lo que está en la base tanto de la creatividad como de la capacidad para imaginar mundos alternativos, futuros posibles o soluciones inéditas a problemas complejos.

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