Dos acolchados, un mismo colchón: la fórmula nórdica que busca evitar despertares

Las diferencias de temperatura, movimiento y horarios dentro de una misma cama pueden volver más difícil sostener un reposo nocturno continuo en pareja

Un hombre y una mujer duermen en una cama de madera, cada uno cubierto por un edredón individual distinto.
El método escandinavo para dormir propone que la pareja comparta el colchón, pero use edredones o mantas individuales para mejorar el descanso (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Dormir mal no suele sentirse solo a la mañana siguiente. La falta de descanso también puede traducirse en irritabilidad, menor capacidad de concentración, cansancio sostenido y dificultades para sostener las rutinas cotidianas. Cuando esas noches se repiten, el problema deja de ser un malestar ocasional y empieza a afectar distintos aspectos de la vida diaria, desde el rendimiento hasta el estado de ánimo.

En ese escenario, compartir la cama puede convertirse para algunas parejas en un factor adicional de interrupción. Los movimientos durante la noche, las diferencias de temperatura, los horarios desacompasados o incluso algo tan simple como la disputa por las sábanas pueden alterar la continuidad del sueño. De acuerdo con una experta citada en The Independent, ese tipo de molestias explica por qué crecieron las conversaciones sobre estrategias concretas para descansar mejor sin resignar del todo el dormir en compañía.

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Entre los métodos que circulan con la promesa de mejorar el descanso, en los últimos meses ganó visibilidad una opción conocida como método escandinavo para dormir. La propuesta despertó interés porque apunta a un problema cotidiano y frecuente, y porque ofrece una modificación sencilla en la forma de organizar la cama. Más que una fórmula cerrada, aparece en las fuentes como un recurso práctico para quienes buscan reducir interrupciones nocturnas ligadas a necesidades distintas dentro de la misma pareja.

El método escandinavo para dormir

Consiste en que dos personas compartan el colchón, pero usen ropa de cama separada, en general dos edredones o mantas individuales en lugar de uno doble. Según explicó Alicia Roth, psicóloga del sueño de Cleveland Clinic, esta disposición busca que cada integrante de la pareja pueda descansar con mayor comodidad sin perder la cercanía de dormir en el mismo espacio.

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De acuerdo con The Conversation, esta práctica es habitual en países como Suecia, Noruega y Dinamarca. La lógica es sencilla: cada persona puede elegir el tipo de sábana que mejor se ajuste a sus necesidades, tanto por abrigo como por textura, peso o capacidad de ventilación. Esa personalización permite adaptar mejor el entorno de descanso a preferencias que no siempre coinciden.

Vista cenital de una mujer que duerme bajo una manta azul y un hombre que lee un libro bajo una manta gris en una cama.
Los expertos señalan que el método escandinavo ofrece mayor control térmico porque cada persona puede adaptar la ropa de cama a sus necesidades de sueño (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre los beneficios más mencionados aparece el mayor control térmico. Los expertos coinciden en que la temperatura corporal y las preferencias para dormir varían entre personas, y que esas diferencias pueden hacerse más visibles durante la noche. Deirdre Conroy, profesora clínica certificada de la Universidad de Michigan, indicó a Women’s Health que este método permite responder mejor a necesidades individuales.

Otra ventaja señalada es la reducción de interrupciones vinculadas con el movimiento o el tironeo de mantas. Según explicó Michael Gradisar, jefe de investigación del sueño en Sleep Cycle, en declaraciones a Forbes, contar con un edredón propio puede disminuir los despertares asociados a cambios de posición, ingresos y salidas de la cama o discusiones por la manta.

El impacto también puede trasladarse a la convivencia. Alicia Roth explicó en Cleveland Clinic que descansar mejor puede evitar que el mal humor y el agotamiento se transformen en resentimiento dentro de la pareja. A eso se suma otro punto destacado por varias publicaciones: se trata de una alternativa práctica y de bajo costo frente a otras opciones más drásticas, como dormir en camas o habitaciones separadas.

El método puede ayudar, pero no resuelve todos los problemas

Si bien el método sumó popularidad, su alcance tiene límites. Según ABC News, no existen investigaciones específicas que comparen de manera directa dormir con una sola manta frente a hacerlo con dos. Por eso, la práctica no aparece presentada como una técnica con eficacia científicamente demostrada, sino como un recurso compatible con algunos principios de higiene del sueño.

En ese marco, la estrategia podría resultar útil cuando el problema central pasa por necesidades de confort opuestas. Los expertos mencionan casos como personas que sienten mucho calor o mucho frío, parejas con cronogramas nocturnos distintos o situaciones en las que una persona se mueve más que la otra.

Sin embargo, subrayan que hay trastornos del sueño que esta modalidad no corrige. Wendy Troxel, científica del comportamiento, afirmó en declaraciones citadas por The Independent que si uno de los miembros de la pareja ronca de forma intensa, la solución dependerá de la naturaleza del problema y no de la cantidad de mantas sobre la cama. En la misma línea, Forbes menciona que cuadros como la apnea del sueño, los ronquidos excesivos o el síndrome de piernas inquietas no se resuelven con este cambio.

Una mujer duerme en la cama junto a un reloj digital mientras un hombre a su lado se tapa las orejas con una almohada.
El método escandinavo no resuelve trastornos como la apnea del sueño, los ronquidos excesivos o el síndrome de piernas inquietas, y no impone una regla general para todas las parejas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las fuentes también relativizan la idea de que dormir juntos sea siempre mejor para la relación. Tina Sundelin, profesora adjunta del Departamento de Psicología de la Universidad de Estocolmo, señaló en declaraciones a Women’s Health que dormir por separado no necesariamente indica un problema vincular. Troxel agregó que distintas investigaciones objetivas sobre el sueño muestran que al compartir cama las personas suelen dormir un poco peor, aun cuando experimenten beneficios psicológicos por la cercanía.

Aun así, el punto común no es promover una regla general, sino destacar la necesidad de encontrar una forma de descanso que funcione para cada pareja. Alicia Roth remarcó en Cleveland Clinic que no se trata de afirmar que todas las personas deban adoptar este método, sino de considerar opciones cuando algo no está funcionando. En esa línea, el llamado método escandinavo aparece menos como una tendencia definitiva que como una adaptación concreta del entorno de descanso para reducir fricciones nocturnas frecuentes.

Su atractivo, en definitiva, se apoya en la combinación de simpleza y flexibilidad. No exige grandes cambios estructurales, permite mantener la cama compartida y puede atender diferencias que, aunque parezcan menores, tienen efecto acumulativo sobre la calidad del sueño. Cuando las interrupciones nocturnas responden a cuestiones de temperatura, espacio o tironeo de mantas, esta alternativa puede ser una prueba razonable antes de avanzar hacia otras decisiones.

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