
Los ronquidos afectan a millones de personas en todo el mundo y, aunque suelen asociarse a una simple molestia nocturna, pueden ser la señal de advertencia de afecciones cardiovasculares y respiratorias de mayor gravedad.
Más allá del ruido, el fenómeno ocurre cuando el flujo de aire roza los tejidos relajados de las vías respiratorias durante el descanso. En la mayoría de los casos no representa un peligro inmediato, pero la ciencia y la medicina del sueño advierten que ignorarlo de forma sistemática puede tener consecuencias.
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Un estudio publicado en la revista científica Nature y datos del especialista Brian Chen, médico de Cleveland Clinic, arrojan nueva luz sobre un problema que, en muchos hogares, sigue sin recibir atención médica.
Qué son los ronquidos y cuándo deben preocupar
El sonido característico de los ronquidos se produce cuando el aire no circula con fluidez a través de la garganta y la nariz durante el descanso nocturno. Según Chen, eso puede ser un fenómeno completamente normal o, en otros casos, la manifestación de una obstrucción en las vías aéreas.
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“Muchas personas roncan, y eso es simplemente el sonido del aire moviéndose por las vías respiratorias cuando están relajadas. Pero otras veces puede ser una señal de algo más profundo, quizás una obstrucción que podría denominarse apnea del sueño”, explicó el especialista en declaraciones a Cleveland Clinic.

La apnea del sueño es la condición más seria vinculada a los ronquidos. Se produce cuando la persona deja de respirar por intervalos durante la noche, lo que puede derivar en problemas de salud a largo plazo e incluso, en casos extremos, la muerte. No obstante, el espectro de causas es amplio: desde una desviación del tabique nasal hasta alergias, enfermedades respiratorias o una postura corporal inadecuada al dormir.
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La posición del cuerpo y los factores de riesgo
Entre los factores modificables, Chen señaló que la posición al dormir tiene un efecto directo sobre las vías respiratorias. Hacerlo de costado reduce la compresión generada por la gravedad sobre la garganta, lo que facilita el paso del aire y disminuye la intensidad de los ronquidos. En contraste, dormir boca arriba favorece el colapso parcial de los tejidos blandos. El consumo de alcohol, el tabaquismo y el exceso de peso también elevan el riesgo.
Según el médico de Cleveland Clinic, en varios casos los ronquidos pueden controlarse con protectores bucales, tiras nasales, antihistamínicos o cambios en el estilo de vida, como la actividad física regular y la reducción del consumo de alcohol.
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El vínculo con la hipertensión arterial

Más allá de las molestias inmediatas, roncar con frecuencia podría estar asociado a un mayor riesgo de hipertensión arterial no controlada, según un estudio publicado en Nature.
La investigación monitoreó a 12.287 personas durante aproximadamente seis meses mediante sensores instalados bajo el colchón, con el objetivo de medir de forma objetiva el porcentaje de tiempo que cada participante pasaba roncando por noche.
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Los resultados revelaron que quienes roncaban durante el 12% del tiempo de sueño —frente al 0,04% del grupo de menor exposición— presentaban una probabilidad casi 1,9 veces mayor de tener presión arterial elevada sin diagnóstico ni tratamiento. La asociación se mantuvo incluso tras controlar variables como la edad, el índice de masa corporal, el sexo y la presencia de apnea del sueño, lo que sugiere que los ronquidos actúan como un factor de riesgo independiente.
Cuándo consultar a un médico
Frente a cualquier duda, el especialista de Cleveland Clinic recomendó no postergar la consulta médica. Un profesional puede evaluar si los ronquidos responden a causas tratables o si requieren un estudio más exhaustivo del sueño.
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El trabajo publicado en Nature también subrayó el valor de las tecnologías no invasivas de monitoreo domiciliario para detectar patrones de ronquido a lo largo del tiempo, algo que los estudios basados en autorreporte no siempre logran capturar con precisión. Los autores del estudio destacaron la utilidad clínica de estos métodos simples y objetivos para identificar personas con mayor riesgo cardiovascular.
En los casos donde los cambios de hábitos no resultan suficientes, existen opciones de intervención médica que van desde dispositivos de presión positiva continua en las vías respiratorias hasta procedimientos quirúrgicos, según detalló Cleveland Clinic.
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