
El valle del Guadiana, en la árida llanura del suroeste de España, guarda bajo su suelo un secreto que nunca se logró borrar. Templos sellados, joyas de oro y cenizas de rituales sin explicación: lo que hoy parece tierra fue, hace más de 2.500 años, el corazón de Tartessos, una civilización que comerció con medio Mediterráneo y dejó su huella en la costa atlántica y en la ciencia.
Los historiadores griegos y romanos la conocían, o creían conocerla. Heródoto, geógrafo, escribió sobre una ciudad portuaria más allá de las Columnas de Hércules, ese límite del mundo conocido que hoy se conoce como estrecho de Gibraltar. El Antiguo Testamento menciona un lugar llamado Tarsis, desde donde las naves del rey Salomón regresaban cargadas de oro, plata y marfil.
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Cada fuente describía a Tartessos de forma distinta: un río, un puerto, un reino, una isla, pero nadie coincidía.
Sin embargo, las excavaciones del último siglo fueron sumando piezas a un rompecabezas enorme y generando respuestas a historiadores. Pero recién en las últimas décadas la tecnología permitió empezar a ver la imagen completa de un mundo que fue protagonista del mercado miles de años atrás.

Quiénes fueron los tartesios, la civilización que protagonizó el comercio
Tartessos floreció entre los siglos IX y V a. C. en el sur de la península ibérica, y surgió de la fusión entre poblaciones indígenas y colonizadores fenicios y griegos. No fue una cultura aislada: su ubicación geográfica, próxima al estrecho de Gibraltar, la convirtió en un punto de conexión e intercambio entre el Atlántico y el Mediterráneo, dos mundos que hasta entonces habían operado con escaso contacto directo.
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Su base económica descansaba en los metales. El subsuelo del sur peninsular era extraordinariamente rico en oro, plata, cobre y estaño, y los tartesios lo explotaron con una organización que impresionó a los viajeros de la Antigüedad. Según recoge History National Geographic, Eforo, historiador del siglo IV a. C., los describió como “un mercado muy próspero, regado por un río que lleva gran cantidad de estaño, oro y cobre".

El rey Argantonio se convirtió en la figura por antonomasia de la civilización. De acuerdo con History National Geographic, las fuentes antiguas lo presentan como un gobernante longevo y opulento, símbolo de la abundancia que caracterizó a esta sociedad durante su apogeo. Su figura condensó, con el tiempo, todo el aura de prosperidad que rodeaba al mundo tartesio.
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Además del comercio y la metalurgia, registraron el primer sistema de escritura conocido de la península ibérica. La escritura tartésica, que data de alrededor del siglo VIII a. C., deriva del alfabeto fenicio y presenta una particularidad: es palindrómica, puede leerse de derecha a izquierda o de izquierda a derecha. Según informó la BBC, los sonidos exactos que representan sus símbolos aún están bajo estudio.
Una estela con inscripciones de este sistema se conserva en el Museo Arqueológico de Badajoz, dentro de la Alcazaba.

La relación con los fenicios es uno de los debates más activos en la arqueología actual. La postura tradicional sostuvo durante décadas que ambas culturas, pese a la cercanía geográfica, se mantuvieron sustancialmente separadas. Pero investigaciones más recientes plantean que entre ellas se produjo una fusión cultural tan profunda que en muchos yacimientos resulta difícil distinguir qué elementos son de cada uno.
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Lo que sí permanece fuera de discusión es la extensión geográfica de la civilización. Los primeros hallazgos apuntaban al valle del Guadalquivir, en Andalucía, como el núcleo tartesio. Pero descubrimientos posteriores en el valle del Guadiana, más al oeste, ampliaron ese mapa considerablemente.
Hasta la fecha, según relevó la BBC, se han identificado más de 20 yacimientos tartesios en toda España, que incluyen sitios en las provincias de Huelva, Sevilla, Córdoba, Badajoz e incluso en Portugal.
Cómo desapareció la civilización de los tartesios
La desaparición hacia el siglo V a. C. continúa siendo uno de los enigmas sin resolver de la arqueología ibérica. La civilización no se apagó de forma gradual: los registros materiales indican una ruptura abrupta, sin señales claras de una transición hacia otra cultura o una retirada ordenada.
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Una de las teorías con mayor respaldo reciente apunta a un desastre natural. Según informó el investigador científico del Instituto de Arqueología de Mérida, Sebastián Celestino Pérez, “parece que pudo haber habido un terremoto a mediados del siglo VI antes de Cristo, seguido de un tsunami que podría haber afectado a los principales puertos”, reveló en diálogo con la BBC.

Pero los factores económicos y políticos también pesan en el análisis. De acuerdo con History National Geographic, Eduardo Ferrer-Albelda, catedrático de arqueología de la Universidad de Sevilla, señaló que la riqueza metálica era tanto su mayor fortaleza como su punto más vulnerable.
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“También se documenta una crisis minera, pero la violencia debió desempeñar un papel importante”, afirmó. El investigador también planteó que “la connivencia entre las aristocracias fenicia e indígena podría haber terminado abruptamente, de modo que cabe suponer un movimiento entre las poblaciones de la zona tartésica”.
Lo que sí documentan con precisión los yacimientos es el ritual con el que los tartesios cerraron sus espacios sagrados antes de abandonarlos. Según relevó la BBC, en todos los sitios excavados se repitió el mismo patrón: los habitantes vaciaban los recipientes y ánforas, quemaban el edificio y lo sellaban con arcilla, dejando en su interior herramientas de hierro, joyas de oro y restos de animales sacrificados.
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Ana Belén Gallardo Delgado, historiadora y guía del yacimiento de La Mata, resumió esa conducta para la BBC: “Lo que más me sorprende es la peculiar costumbre de destruir sus viviendas; en todos los yacimientos encontrados se ha seguido el mismo comportamiento“.
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