
Las últimas investigaciones alertan de un crecimiento sostenido y preocupante de la miopía en los niños, un trastorno que dificulta la visión a distancia. De acuerdo con estimaciones recientes difundidas por el Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), cerca del 40% de los niños será miope para 2050. Esta tendencia suele traducirse en dificultades para leer el pizarrón, bajo rendimiento escolar y fatiga visual.
La miopía es un desenfoque ocular que provoca que los objetos lejanos se vean borrosos y los cercanos, nítidos. Es el resultado de la interacción entre la genética y el ambiente. Entre los síntomas más frecuentes en niños se encuentran entrecerrar los ojos para ver de lejos, acercarse demasiado a libros o pantallas, dolores de cabeza, fatiga visual y bajo rendimiento escolar.
Cómo cuidar la vista desde la infancia

El doctor Esteban Travelletti (MN 104.355), integrante de la división Oftalmología del Hospital de Clínicas de la UBA, afirmó a Infobae: “La visión de los niños es un recurso invaluable y debe cuidarse desde los primeros años".
Recomendaciones del doctor Travelletti para el cuidado de la visión infantil:
- Realizar controles oftalmológicos periódicos desde los primeros años para detectar problemas visuales a tiempo. Travelletti recomendó que “un control oftalmológico anual durante la etapa escolar. El examen debe evaluar agudeza visual, graduación y estado del fondo de ojo para detectar miopía y otras alteraciones en forma temprana”.
- Aplicar la regla 20-20-20: cada 20 minutos de trabajo visual cercano, mirar un objeto situado a 6 metros durante 20 segundos.
- Pasar horas al aire libre bajo luz natural para reducir el riesgo y enlentecer el avance de la miopía.
- Recordar que las pantallas por sí solas no causan miopía, según la evidencia actual.
Sobre este último punto, uno de los mitos más frecuentes, el especialista remarcó que los filtros de luz azul o antirreflejo no son efectivos para prevenir la miopía, y usar anteojos no empeora el cuadro, sino que mejora la calidad visual y el rendimiento escolar.
Finalmente concluyó: “Cuidar la salud visual de los niños significa cuidar su desarrollo integral, su aprendizaje y sus oportunidades futuras”.
“La miopía está en aumento en todo el mundo, pero hoy contamos con herramientas eficaces para detectar y frenar su avance. Fomentar hábitos saludables junto con los controles oftalmológicos periódicos, son la mejor inversión para asegurar un futuro con buena visión y mejor calidad de vida”, explicó.

Un reciente estudio realizado en España por el Departamento de Oftalmología de la Clínica Universidad de Navarra permitió identificar una medida concreta y validada que podría reducir drásticamente el riesgo de aparición de la miopía infantil.
El informe, publicado en Frontiers in Medicine, analizó la relación entre la cantidad de horas semanales que los niños pasan al aire libre y la prevalencia de miopía. El resultado fue contundente: quienes destinan al menos siete horas a la semana a actividades exteriores presentan un 50% menos de riesgo de desarrollar la enfermedad visual que quienes permanecen más tiempo en espacios cerrados.
Según las investigaciones, realizar actividades cotidianas, como trabajar o estudiar, en ambientes con baja iluminación junto al uso intensivo de pantallas y la limitada exposición a la luz natural son causas principales de miopía.

Travelletti explicó a Infobae que “los factores de riesgo pueden dividirse en dos grandes grupos: los que no se pueden modificar y los que sí. El principal factor no modificable es la genética: los hijos de padres miopes tienen mayor probabilidad de desarrollar miopía y, además, de que aparezca a edades más tempranas”, enfatizó el especialista, al tiempo que subrayó que los factores modificables más importantes son “el exceso de actividades de visión cercana, como pantallas, lectura o tareas prolongadas sin pausas, y la escasa exposición a la luz natural”.
Los expertos recomiendan además tratar la miopía desde la infancia para evitar complicaciones a largo plazo como desprendimiento de retina, glaucoma o maculopatía miópica, cuya incidencia aumenta con el grado de miopía.
Más sol, menos miopía
El estudio del Departamento de Oftalmología de la Clínica Universidad de Navarra arrojó que entre los niños que pasan menos tiempo al aire libre, la tasa de miopía alcanza el 18%. En contraste, en los que superan el umbral de exposición solar semanal recomendado, la incidencia desciende al 9%.
Esta proporción, revelada por el doctor Sergio Recalde, investigador del Laboratorio de Oftalmología Experimental de la clínica, muestra una diferencia estadísticamente significativa en la aparición de la miopía, detalló en un comunicado de la Clínica Universidad de Navarra.

La investigación, que abarcó a 2.262 escolares de la Comunidad de Madrid, se llevó adelante en colaboración con la Asociación de Miopía Magna con Retinopatías de España (AMIRES). Como parte del trabajo de campo, los niños fueron sometidos a un examen oftalmológico para medir el error refractivo, completaron cuestionarios sobre antecedentes familiares y hábitos de vida, y, en una submuestra de 1.129 participantes, se realizó la medición del CUVAF (huella solar ocular).
De acuerdo con Miriam de la Puente, especialista en oftalmología de la Clínica Universidad de Navarra, este marcador biológico es rápido, no invasivo y útil para estimar la exposición individual a la luz natural. Además, añade, “el CUVAF nos puede ayudar a identificar el riesgo de desarrollar este problema de la vista en programas de cribado y a monitorizar si se cumplen las recomendaciones preventivas”.
Según la doctora, el CUVAF “apareció con más frecuencia en los niños que pasaban más tiempo al sol. Hemos comprobado que se asocia inversamente a la miopía, es decir, cuanto mayor sea esta huella, menor es el riesgo de padecer la enfermedad”.

El CUVAF se presenta como un biomarcador que permite cuantificar de manera objetiva la exposición al sol, y su incidencia no solo se limita a la miopía. De acuerdo con Recalde, los resultados del estudio sugieren que un mayor valor de CUVAF puede estar vinculado con menores índices de grasa corporal y mejores parámetros de sueño y memoria en la infancia. Esto llevaría a considerar la promoción de actividades al aire libre como una medida preventiva frente a diversas patologías, y no únicamente la miopía, según detalló el especialista.
Las consecuencias de la falta de exposición solar
El estudio de la Clínica Universidad de Navarra coincide con tendencias documentadas por otras instituciones. Entre los universitarios españoles de diecisiete a veintisiete años, la prevalencia de miopía asciende al 62%, de acuerdo con el informe ‘Prevalencia de la miopía en los jóvenes en España’ de la organización Visión y Vida.
En este grupo, el aumento se explica por la reducción de las actividades al aire libre y el incremento en el uso de dispositivos electrónicos, lo que limita la exposición a la luz natural durante los años de formación académica.

La aparición de miopía en edades tempranas no solo es motivo de preocupación a corto plazo. Como advierte el estudio, cuanto menor es la edad de inicio, más rápido progresa la alteración visual y mayor es el riesgo de que evolucione hacia formas más severas que requieran intervenciones especializadas.
Por este motivo, la detección precoz, los chequeos oftalmológicos y la promoción de rutinas al aire libre adquieren una importancia fundamental a nivel escolar y familiar.
El biomarcador CUVAF
El empleo del CUVAF en este trabajo representa una aportación novedosa y relevante en la epidemiología oftalmológica. El biomarcador permite estimar la incidencia de la luz exterior sobre la superficie ocular y, por tanto, evaluar con criterio objetivo el grado de cumplimiento de las recomendaciones preventivas.
Esta investigación proporciona evidencia concreta de que, para disminuir la incidencia de la miopía infantil, resulta imprescindible establecer como pauta mínima la dedicación de al menos siete horas semanales a actividades al aire libre.
Además, la evaluación mediante CUVAF puede llegar a convertirse en una herramienta estándar en programas de prevención y en futuras aplicaciones clínicas orientadas a detectar otros riesgos para la salud asociados al déficit de exposición solar.
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