Cuando el Monte Vesubio sepultó Pompeya bajo cenizas en el año 79, los residuos de rituales religiosos quedaron atrapados junto a frescos y vestimenta cotidiana. Ahora, por primera vez, un equipo internacional de cinco especialistas ha logrado analizar científicamente esos restos ocultos, arrojando luz sobre las prácticas rituales a través de pruebas materiales inéditas hasta la fecha.
Entre los hallazgos descritos, destaca que los investigadores, liderados por Johannes Eber de la Universidad de Zúrich, identificaron restos de incienso procedente de la savia de árboles Boswellia originarios del sur de la península arábiga, áfrica oriental e India. Este descubrimiento, publicado en la revista Antiquity, subraya la magnitud de las redes comerciales de Pompeya antes de la erupción.
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Estas pruebas constituyen el primer análisis físico de residuos rituales realizado en la ciudad antigua, según la investigación publicada esta semana. Hasta ahora, la arqueología de Pompeya solo había contado con menciones documentales recogidas en reportes de excavación de los siglos XVIII, XIX y XX, donde varios residuos recogidos de altares e incensarios no llegaron a analizarse exhaustivamente ni a preservarse a largo plazo.

Los autores tomaron muestras mínimamente invasivas en dos vasos hallados en campañas separadas. El primero, denominado Incensario 1, es una “copa de incienso” encontrada en 1954 en el edificio Officina di Sabbatino, antiguo hospedaje transformado desde vivienda en el siglo I, según detalla el equipo. El segundo, Incensario 2, corresponde a un “cuenco hemisférico” hallado en 1986 en el santuario doméstico de una villa de Boscoreale, a tres kilómetros de Pompeya. Este recipiente, decorado con representaciones femeninas, se asocia a ritos de conmemoración de difuntos.
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Para evitar contaminación, las muestras fueron tomadas tanto del borde como del interior de los vasos, utilizando herramientas que incluyeron tamices, centrífuga y disolventes. El objetivo fue aislar los fragmentos originales de materia orgánica superviviente a la catástrofe volcánica.
Las pruebas revelaron que los restos de Incensario 1 contenían fragmentos carbonizados de “plantas leñosas”, principalmente roble —empleado en ritos dedicados a Júpiter— y laurel, consagrado a Apolo, tal como señala Antiquity. En el caso de Incensario 2, los residuos, más finos y cenicientos, incluían vestigios similares junto con material procedente de uvas, posiblemente restos de vinagre o vino.
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El análisis sumó la identificación de pequeñas partículas de incienso, sugiriendo la celebración de la praefatio, ceremonia introductoria en la que los romanos vestían toga y ofrecían vino o vinagre junto a incienso mientras invocaban a sus deidades.
La confirmación de incienso importado en la muestra de Incensario 2, según Eber en declaraciones a Artnet News, constituye “una señal de las extensas conexiones comerciales de Pompeya”. Con ello, la investigación avanza en el mapeo de los “paisajes olfativos” de la ciudad y se integra en la emergente disciplina de la arqueología sensorial.
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Pompeya, por tanto, no solo preservó arte y objetos de uso diario bajo la erupción. Por primera vez, la ciencia accede a fragmentos tangibles de sus rituales religiosos, permitiendo reconstruir —a partir de residuos físicos— el complejo tejido espiritual y comercial que caracterizaba a esta urbe en las décadas previas a su destrucción.
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