
Cada segundo jueves de marzo se celebra el Día Mundial del Riñón para concientizar sobre la salud y la prevención de patologías. La enfermedad renal crónica afecta a millones de personas sin síntomas evidentes al inicio, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Especialistas recomiendan la prevención y el autocuidado para evitar complicaciones.
Cuidar los riñones requiere adoptar hábitos como mantener una dieta saludable, controlar la presión arterial y los niveles de azúcar, practicar ejercicio frecuentemente y evitar el consumo elevado de sal, alcohol y tabaco.
Es importante realizar chequeos médicos de manera regular, ya que la enfermedad renal crónica suele evolucionar en silencio y solo se manifiesta cuando el daño es significativo. De acuerdo con la National Kidney Foundation (NKF), las personas con diabetes, hipertensión, obesidad o antecedentes familiares deben mantener una vigilancia estricta sobre su función renal.
Los riñones, órganos con forma de frijol localizados a ambos lados de la columna vertebral, cumplen funciones esenciales como eliminar los desechos y el exceso de líquido en la sangre, regular la presión arterial y el balance de minerales, según MedlinePlus.

Además, participan en la producción de hormonas necesarias para formar glóbulos rojos y fortalecer los huesos, explica Mayo Clinic. Cuando esta función disminuye, se incrementa el riesgo de sufrir complicaciones cardiacas y otros problemas graves de salud.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que la enfermedad renal crónica es una prioridad global, ya que muchas veces evoluciona sin advertencia. En su última Asamblea Mundial, la OMS aprobó una resolución histórica para fortalecer la prevención y el control de la salud renal a nivel de políticas públicas, según destaca la Federación Internacional de Diabetes (FID).
Se estima que entre un 30% y un 40% de las personas con diabetes desarrollan enfermedad renal crónica, lo que aumenta de manera importante el riesgo de complicaciones cardíacas.
La diabetes y la hipertensión arterial son los principales factores de riesgo de enfermedad renal, según la OPS y la FID. Sin embargo, otros elementos como la obesidad, antecedentes familiares, enfermedades autoinmunes como el lupus, problemas cardiacos, el uso prolongado de medicamentos antiinflamatorios y el consumo de tabaco o alcohol también aumentan la probabilidad de desarrollar estos trastornos, de acuerdo con Harvard Health Publishing.

La aparición de la enfermedad renal suele ser gradual, con síntomas que no siempre son evidentes. MedlinePlus señala que las señales de alerta incluyen hinchazón en piernas y tobillos, cambios en la orina, como espuma o sangre–, fatiga persistente, presión arterial alta, falta de apetito, náuseas, picazón o sequedad en la piel, calambres musculares, dificultades para dormir y para concentrarse.
Muchas personas no notan problemas hasta que la enfermedad está avanzada, lo que resalta la importancia de controles médicos regulares y la realización de exámenes específicos.
Principales signos de alerta y síntomas de la enfermedad renal
La enfermedad renal crónica puede avanzar sin síntomas durante largo tiempo. Cuando aparecen, se manifiestan como hinchazón en pies y tobillos, cansancio extremo, alteraciones en la orina, como espuma continua o color inusual, pérdida de apetito, náuseas, picazón intensa y calambres musculares.

Estas molestias pueden confundirse con otros problemas de salud, por lo que ante cambios en la orina, edema, fatiga o debilidad, se recomienda acudir al médico. Exámenes de sangre y orina pueden detectar alteraciones antes de que la función renal esté gravemente comprometida, según el Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales (NIDDK).
Una reducción de la función renal por debajo del 15% puede requerir tratamientos como diálisis o trasplante, advierte el NIDDK. Por esa razón, controlar la presión arterial, registrar la frecuencia urinaria y autoevaluar los signos visibles de alerta es determinante para una detección precoz.
Prevención y autocuidado para la salud renal
La prevención de la enfermedad renal y el cuidado adecuado de los riñones requiere incorporar medidas diarias, de acuerdo con Mayo Clinic. El control de la presión arterial y los niveles de glucosa es fundamental, principalmente en quienes tienen diabetes o antecedentes hipertensivos.
Seguir una dieta equilibrada baja en sal y con un consumo moderado de proteínas reduce la exigencia renal, según Harvard. Mantenerse bien hidratado ayuda a los riñones a eliminar toxinas, siempre siguiendo indicaciones médicas. El ejercicio regular mejora la circulación y reduce riesgos, mientras que evitar el tabaco y limitar el consumo de alcohol protege tanto los vasos sanguíneos como la función renal.

Limitar el uso de analgésicos no esteroideos es clave, como recuerda la OPS, así como evitar la automedicación sin supervisión profesional. El descenso del peso corporal, mantener rutinas de descanso y controlar el estrés contribuyen a la salud de los riñones.
Acudir a consultas médicas y solicitar análisis, como la tasa de filtración glomerular estimada y la detección de proteína en orina, permite intervenir a tiempo cuando hay indicios de daño.
La detección precoz es fundamental para mejorar el pronóstico, según la NKF. Los análisis de sangre y orina permiten identificar problemas antes de que surjan síntomas, facilitando intervenciones tempranas. Mayo Clinic señala que quienes presentan factores de riesgo deben repetir estos controles como mínimo una vez al año.
La reciente resolución de la OMS representa un avance clave para reforzar la prevención y la inclusión de la salud renal en las políticas públicas internacionales, con respaldo de la FID y la Sociedad Internacional de Nefrología. El objetivo es desarrollar campañas de sensibilización y recopilar datos relevantes para mejorar la atención clínica, especialmente en regiones con una alta carga de diabetes y enfermedades cardiovasculares.

En América Latina y España, la OPS impulsa la integración del manejo de la enfermedad renal crónica en la atención primaria, priorizando la prevención y la identificación temprana de quienes están en riesgo. Los recientes avances farmacológicos, como los inhibidores de SGLT2, ofrecen nuevas opciones terapéuticas para frenar la progresión del daño renal, incluso en personas sin diagnóstico previo de diabetes.
El impacto de la enfermedad renal supera la necesidad de tratamientos como la diálisis o el trasplante: supone un deterioro progresivo de la calidad de vida que puede prevenirse mediante acciones de autocuidado y el fortalecimiento de la vigilancia médica.
La evolución silenciosa de la enfermedad renal crónica dificulta su detección en etapas iniciales, por lo que el seguimiento regular y la intervención temprana continúan siendo las mejores herramientas para salvaguardar la función renal y evitar complicaciones graves.
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