
La evidencia científica confirma que las altas temperaturas influyen en el estado de ánimo, mientras que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) advierte que las olas de calor suponen un peligro cada vez mayor para la salud humana y animal, con impacto social y económico.
Especialistas señalan que factores como la falta de descanso, los cambios en neurotransmisores y hormonas, y distintos aspectos sociales y biológicos, contribuyen a los trastornos emocionales asociados al calor.
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Shabab Wahid, especialista en salud mental del Departamento de Salud Global de la Universidad de Georgetown, EEUU, realizó un estudio, publicado en The Lancet Planetary Health, donde demostró que un aumento de un grado en la temperatura ambiente por encima de la norma contribuye a un mayor riesgo de experimentar depresión y ansiedad.
“El cerebro es muy sensible al calor”, advirtió en Infobae el doctor Alejandro Andersson, neurólogo y director médico del Instituto de Neurología Buenos Aires (INBA).
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“Cuando el cuerpo supera los 38–39°C, aumenta el flujo de sangre hacia el cuero cabelludo para disipar calor, desciende el rendimiento cognitivo (memoria de trabajo, atención, velocidad de procesamiento) y, con exposiciones prolongadas, pueden elevarse los marcadores de neuroinflamación. Esto explica síntomas como cefalea, mareos o lentitud mental, y en casos severos, alteraciones del nivel de conciencia", comentó.
“El factor principal es el calor extremo, que disminuye la presión arterial, favorece la deshidratación y deteriora la transmisión sináptica, lo que provoca mareos, lentitud cognitiva y agrava patologías sensibles a la regulación térmica —como migraña, Parkinson o Alzheimer— e incluso puede desencadenar delirium en personas mayores", explicó el doctor Andersson.
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Cuál es la causa del fastidio y malhumor
La alteración del sueño, el metabolismo y el aumento del estrés se presentan como factores claves en la relación entre el calor y el estado de ánimo.
Uno de los factores más inmediatos es la dificultad para dormir que provoca el calor. El descanso es fundamental para el cuerpo y la mente, y dormir poco incrementa el cansancio y el mal humor.
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El doctor Andersson explicó: “El exceso de luz y el desajuste circadiano, producido por la mayor exposición nocturna a pantallas, suprime la melatonina y deteriora la calidad del sueño, generando irritabilidad, ansiedad y fatiga cerebral“, destacó el experto. Y completó: “Otro factor frecuente es el alcohol combinado con deshidratación, que empeora síntomas como cefalea, niebla mental y alteraciones del equilibrio”.
El neurólogo describió que las actividades placenteras del verano aumentan la dopamina saludable, pero también pueden llevar a una mayor desregulación de hábitos, incluyendo el consumo de alcohol o la pérdida de estructura diaria.
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“La combinación de calor, sueño irregular, actividad social intensa y cambios de rutina genera un estrés neurobiológico silencioso que puede pasar inadvertido, pero que impacta en la salud cerebral", advirtió el médico.

Por otro lado, la deshidratación también puede afectar el ánimo. La deshidratación ocurre cuando una persona consume o pierde más líquido del que ingiere, y su cuerpo no tiene suficiente agua y otros fluidos para llevar a cabo sus funciones normales. Si los fluidos perdidos no son repuestos, la persona sufrirá deshidratación.
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“Un nivel de deshidratación de apenas el 2% de pérdida de masa corporal, ya puede impactar en la capacidad cognitiva de una persona, es decir, en los procesos intelectuales que le permiten percibir, pensar y recordar. Además, fundamentalmente en las mujeres, también afectaría su estado de ánimo y emociones”, enfatizaron expertos de la Asociación Argentina de Nutricionistas (AADYND).
Recomendaciones para transitar el calor con mejor ánimo

1. Incorporar el humor en la rutina diaria. Elegir comedias, buscar actividades que generen risa o leer libros con contenido humorístico puede ayudar a contrarrestar la irritabilidad.
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2. Mantener una hidratación adecuada. Es recomendable beber unos dos litros de agua por día, sin esperar a tener sed.
3. Refrescar el ambiente. En ausencia de aire acondicionado, optar por ropa liviana, beber agua fría o emplear ventiladores puede contribuir a aliviar el calor.
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4. Organizar las actividades laborales. Planificar la jornada para evitar la exposición al calor durante las horas de mayor temperatura puede resultar beneficioso, especialmente cuando no se dispone de un ambiente climatizado.
5. Procurar un descanso nocturno de al menos siete horas. Dormir en ambientes frescos, evitar cenas pesadas y reducir el alcohol favorecen el descanso profundo.
6. Evitar la exposición a pantallas al menos dos horas antes de dormir y procurar acostarse antes de las 23.
7. Practicar actividad física en horas de menos calor. Caminar, nadar o realizar ejercicio mejoran la neuroplasticidad y modulan neurotransmisores asociados al bienestar. Pero es importante hacerlos cuando baja el sol o a la mañana temprano.
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